Interesantes Libros del Inta
"Insectos perjudiciales a los productos
almacenados"
"Avances en la investigación en plantas aromáticas en la
región pampeana y sur del litoral"
“Conservación de alimentos a nivel casero”
“Fabricación de quesos, yogurt y dulce de leche”
“Provisión de servicios ecológicos y gestión de los
ambientes rurales en Argentina”
“Agricultura orgánica El compost Adriana van Kanijnenburg”
“Manual Práctico sobre Serpientes”
“Agricultura Orgánica El Suelo. Sus componentes biológicos”
“El invernadero hortícola Estructura y manejo de cultivos”
“Sustentabilidad de PyMES Agropecuarias Fabricación casera para
la huerta “
“La granja familiar”
“La injertación en frutales”
“Palabras campesinas”
“La huerta orgánica”
-EN CONSTRUCCION-
Más importante
que creer en Dios
Por Camilo Guerra
El hombre sin conflicto
Decía Teilhard de Chardin, célebre pensador francés del
siglo XX: "¿Quién puede decir lo que Dios haría, si
nos atreviésemos, apoyados en su palabra, a seguir hasta el final sus
consejos, y nos pusiéramos totalmente en manos de la Providencia?"
¡Qué potencial magnífico el que tiene el hombre!
¿Cuál podría ser la vida del hombre sin conflictos?
Los psicólogos, estudiosos precisamente de la psique del hombre, nos
hablan siempre del hombre sometido a tal o cual conflicto.
Nos detallan las desdichas del traumado, nos pormenorizan los delirios del neurótico,
pero nunca nos hablan del hombre sin conflicto.
Las religiones no vacilan en señalar al pecador, no dudan en condenar
al incrédulo, pero al justo, lo dejan siempre en la puerta del paraíso.
Y esto es así, debido a que la ciencia y la religión ignoran lo
que es el hombre desconflictuado.
Este tipo de hombre es un misterio tan misterio como Dios mismo.
El hombre desconflictuado es un místico que disfruta de la amistad con
Dios.
Vive en lo cotidiano sin enraizarse y maneja lo espiritual sin dejarse absorber.
Su condición es el perfecto equilibrio.
Está bien solo y está bien acompañado.
Pasa por la vida disfrutando, todos y cada uno de los momentos que le toca vivir,
porque está en armonía con todas las expresiones de la creación.
Conoce las leyes universales y está sometido a ellas, igual que las plantas
y los animales.
Reúne en sí mismo las utopías de todos los tiempos, es
el león y el cordero pastando juntos en la pradera infinita, donde gozan
de la libertad de los elegidos.
Para realizar el acto de ver, no hay más que abrir los ojos.
Para transformarnos en hombres sin conflictos, sólo debemos zambullirnos
dentro nuestro y recobrar la memoria de que somos de condición real,
vale decir hijos de Dios.
Nº 1 Diciembre 2001
Adentro, adentro, casi afuera
Que los opuestos se tocan, no es novedad.
Que las oposiciones mayores, son simples diferencias de grado, tampoco es novedad.
Así, lo más difícil se hace fácil, en una sencilla
solución, y ante la crisis más angustiante, aparecen veinte respuestas
geniales que la transforman en apetecible oportunidad.
El criticado por tacaño, supo ser un virtuoso caballero ahorrativo, y
el loco y desordenado, fue más de una vez "el alma de la fiesta".
Sancho Panza y Don Quijote se van tomados de la mano, por esta vereda de pobreza
que desemboca en calle de abundancia.
El "no" sin el "sí" nada sería, y el negro
más oscuro, necesita del blanco más pálido para encontrar
su verdadera identidad.
Es el ateo más tenaz, el que se niega a aceptar una idea desprolija de
Dios, y el creyente más furibundo es el que termina "endiosando"
simples fachadas, espejismos de dioses pasados de moda y de milagros rutinarios.
Es Jesucristo preguntando quién ha visto a Dios, junto con el pez que
nadaba enloquecido buscando encontrar el agua.
Así como en estas comparaciones, muchas veces en la vida nos toca encontrarnos
entre dos opuestos, que aparentan total hostilidad.
Difíciles momentos en los que se nos exige ejercitar una opción,
derecha o izquierda, arriba o abajo.
A veces, desprevenidos, cansados, envueltos en una programación feroz,
que nos va embruteciendo, nos equivocamos, y optamos, sin darnos cuenta del
engaño, encerrado en la falsa encrucijada.
Hemos hecho contacto asimismo con la respuesta obligada, opción del ojo
por ojo y diente por diente que dejará como resultado una humanidad ciega
y desdentada.
Violencia y locura, en dos pretendidos opuestos, que no son más que una
misma cosa: Ambición, venta de armas, y mucho olor a petróleo.
Nº 1 Diciembre 2001
Existe un plan y se cumple
A veces tengo la impresión de que mucha gente, demasiada, diría
yo, vive como las mariposas, volando de flor en flor.
Se preparan para la realización de una tarea, hacen planes de mayor o
menor envergadura, según el caso, y después se van, como las coloridas
mariposas, en pos de otra flor más lejana.
Y así se les va la vida, sin definiciones, yendo y llegando, en aprontes
y partidas.
Esas pobres cabecitas afiebradas, creen de pronto que todo se solucionaría
mediante la realización de un acto eleccionario, como si se atribuyera
a éste, un contenido altamente esotérico, o por lo menos, ridículamente
mágico.
Hablan concienzudamente, como si estuvieran de vuelta de todo, que el gobierno
sería legitimado, y que por eso tendría poder.
¡Mundo de ilusión! ¡Cabecitas de alcornoque! ¡Corazón
de alhelí! ¡Moñitos rojos y blancos! ¡Bocaditos de
chocolate! ¡Manecitas de uñas comidas!
Es hora de dejar esa inocente credibilidad del cuento y las fiestitas de cumpleaños.
El tradicional cuento de la niña que fue al bosque, terminó cuando
el lobo se comió a Caperucita y a su abuelito. Y ahí terminó.
No hay más.
No hay cazador ni final feliz, a no ser que se describa la felicidad del lobo
comilón.
El poder es algo mucho más denso y mucho más difícil de
alcanzar, y nunca se logró a través de una elección.
Además, ¿por quién se votaría en una sociedad donde
nadie cree en nadie?
La Argentina es una empresa quebrada.
Es una familia de padres estafadores y de hijos idiotizados por el consumo irrestricto
de ilusiones banales, donde todos sueñan con "sacarse la grande
para no trabajar más".
Décadas de mirar televisión descontroladamente, nos consumieron
el seso, como a Don Quijote, y hoy mezclamos la realidad con fantasías
provenientes de nuestra programación, dando un espectáculo lamentable
y desagradable.
Ni siquiera somos mediocres, somos medio mediocres.
Estos individuos conforman una sociedad de cobardes, que se ocultan detrás
de un contestador telefónico, teniendo como héroes a los protagonistas
desprolijos, alcohólicos, de barba hirsuta y pelos parados, que pueblan
las malas películas de clase "B", que se consumen sin restricciones
en los televisores, que como altares se yerguen en todos los hogares.
Juventudes desaparecidas en guerras de internas políticas, y muertas
en aventuras de reconquista, que sólo buscaban el rédito de un
pequeño grupo de fracasados.
Los delincuentes entran y salen con pagos de fianzas ridículas.
La justicia se levanta la venda y le hace un guiño al juez de turno,
la anarquía cunde.
Todo esto logra un efecto buscado, que es la falta de fe en el otro.
Se pierde la confianza en los gobernantes, en los políticos, en los militares,
en los jueces, en la policía, en los bancos, en los empresarios, en los
delegados gremiales, en la iglesia, en todos los demás, y, por extensión
y analogía, se pierde la fe en uno mismo.
Se equivocan los que creen que no hay un plan. Siempre hubo un plan y nunca
se cumplió tan puntualmente como ahora.
Políticos de cuarta, economistas cuya máxima aspiración
es ser funcionarios del F.M.I.
¡El zorro a cuidar las gallinas!
Incapaces matriculados, eternos traidores, cobardes que se esconden en las sombras
de una sociedad anónima, o en la muchedumbre de un partido político.
Nº 6 Mayo 2002
Todos son iguales.
Con las elecciones se cumplirá un cuadro más de ese sainete criollo,
más ignorancia, más hedor, más incompetencia.
¿Alguna elección dio poder a alguien?
Siempre los poderes son definidos de antemano, y los poderosos siempre corren
con todos los caballos.
Las sociedades tienen el gobierno que se merecen, y nosotros tenemos una clase
gobernante que procede de nosotros mismos, no vienen a gobernarnos hombres de
Marte ni de Venus.
Cada hombre es, desgraciadamente, tan corrupto como puede.
Son pocos, muy pocos los que escapan a esa regla, y desgraciadamente no son
ellos los que transitan el escenario de la política, ni nacional ni extranjera.
Estamos inmersos obligatoriamente en un fenómeno de globalización,
donde hay "globalizantes" y "globalizados", y este fenómeno
mundial es el baile llamado "Fuera las caretas".
Bin Laden y Bush, bailando un Booggie-booggie donde la vida no vale absolutamente
nada, sobre todo la vida de los otros.
Ministros de economía, instruidos en el exterior, para mejor vender el
interior.
Política rastrera, mesiánicos y alquimistas, buscando la solución
mágica, no el esfuerzo, no la continuidad, no la decencia.
Muchos imaginan, en su ignorancia, que siempre existieron las naciones; obviamente,
esto no fue así, tiempos hubo, no hace tanto, en que los poderosos dividían
el mundo de otra manera, en feudos, regiones, zonas, condados, marcas...
Estas conformaciones varían según las épocas, y carecen
de importancia, lo que no cambia, es la mentalidad explotadora de unos pocos
sobre las masas.
La aparición del cristianismo, supuso una inyección de optimismo,
que fue neutralizada con la absorción de la Iglesia por el Imperio Romano,
que sigue con variantes de forma hasta nuestros días.
Sin embargo, hay una esperanza (y no es Alfonsín) sino la evolución.
A pesar de todo, el hombre se sabe vulnerable, pero se descubre intrínsecamente
invencible, y superará esta instancia que nos parece eterna, pero que
en realidad es efímera, y por lo tanto, pasajera.
El conocimiento de las leyes inmutables de la naturaleza, leyes de orden y amor,
harán que paulatinamente primero, y drásticamente después,
desaparezca esa rapiña de la humanidad, dando lugar a la compasión.
Descubrir al otro nos llevará al camino de la triple identidad. Pensar-decir-hacer
lo mismo, conceptos predicados por "todos los sabios que en el mundo han
sido" y cuya coronación fue la encarnación, crucifixión
y resurrección de un hombre llamado Jesús, que alcanzó
la "conciencia crística".
La concientización, y puesta en práctica de esta triple identidad,
citada anteriormente proveerá al hombre de la fuerza necesaria para reestablecer
la salud propia y la del medio ambiente.
Estamos navegando hacia el hombre madura, hacia el puerto de una humanidad que
luche por trascender y no solamente por sobrevivir.
Nº 6 Mayo 2002
El General San Martín está de moda
Está de moda hablar de San Martín.
Hace unas décadas atrás, "la niña bonita", era
la corriente que se conocía como "Revisionismo Histórico".
Había entonces una historia oficial, y un movimiento revisionista que
veía los acontecimientos desde una óptica menos dibujada, tal
vez más realista.
Ahora parece que estamos descubriendo que los pro-hombres de nuestra historia,
además de patriotas eran hombre, y como tales padecían de las
mismas limitaciones y necesidades que aquejaban al resto de los mortales, los
que nunca soñaron a acceder a cargos importantes, menos aún a
figurar en libros, pero sí que pusieron el lomo para desalojar al español
del territorio americano.
En una suerte de cholulaje histórico, que emulando a Susana Giménez,
o a Mirtha Legrand, o a cualquiera de los pseudoperiodistas comunicadores que
pululan por toda la televisión argentina, aborda la figura del General
San Martín desde sus aristas privadas, exponiéndolas como si el
Libertador de tres países, fuera un galancito de moda, o un advenedizo
que accedió al bronce no por sus condiciones personales, sino porque
no descubrimos en tiempo que era un hombre más del montón.
Así nos enteramos que "Don José" tuvo tres novias antes
de casarse con Remeditos.
También nos enteramos que, como era morocho, le endilgaron la condición
de adoptado - mestizo - hijo de indios, como si estas suposiciones pudieran
menoscabar toda la gloria emergente de las campañas libertadoras del
General San Martín.
Faltaría que le criticaran, al mejor estilo Mirtha Legrand, no haberse
hecho una cirugía estética, o al menos haberse teñido el
pelo de rubio, para no tener que soportar los "dimes y diretes" de
la sociedad porteña.
Lo cierto es que nuestra sociedad actual no puede entender la profundidad del
pensamiento de una persona con ideales; por eso ataca y critica a un San Martín,
al que no le interesara perpetuarse en el poder, por ejemplo, o a un San Martín
que estuviera dispuesto a dar un paso al costado para facilitar el logro de
ideales de mayor envergadura.
A la sociedad actual le molesta el hombre con ideales y utopías.
Le molesta porque no lo entiende.
Los que sueñan y realizan son peligrosos, y San Martín lo era,
más allá de que fuera un hombre común y que tuviera su
vida privada como cualquier hombre.
Si seguimos en esta decadencia de ideas e interpretaciones, pronto vamos a descubrir
azorados que este hombre, al que creíamos Padre de la Patria, tenía
necesidad de dormir todos los días, y encima lo hacía generalmente
de noche, descubrimiento que nos revelaría su genio militar y la verdadera
y oculta naturaleza del General san Martín: la de ser un humano de carne
y hueso igual a todos nosotros.
Es exacto decir, en puritanismo de verdad, que las sociedades humanas se ven
reflejadas en sus intereses.
Así, cuando teníamos una sociedad victoriana, también teníamos
un "Santo de la Espada", después vino una sociedad con hambre
de utopías y revisamos toda la historia buscando en la realidad del pasado,
un punto de apoyo para entender el presente y mejorar el futuro.
Nº 9 Agosto 2002
Nuestra sociedad frívola y superficial carente
de utopías, descubre y pone en evidencia (escribiendo libros enteros)
las imperfecciones del hombre José de San Martín, como si fuese
importante o determinante el hecho de que fuera adoptado o medio hermano de
Alvear, o como si fuera posible juzgarlo como bueno o malo, por el hecho de
haber tenido varias relaciones sentimentales.
Lo importante en la vida de un hombre es su obra.
San Martín cruzó la cordillera, no sólo una vez, sino varias,
demostrándonos que para hombre de valor están hechas las empresas.
San Martín fue un militar de carrera, un hombre de gran carácter
y temple, de otra manera no hubiera podido hacer lo que hizo.
Es interesante leer las máximas que le deja a su hija para poder saber
quién era San Martín.
Lo demás es picardía y cholulaje.
Nº 9 Agosto 2002
Usted, yo y la evolución
El hombre no es un concepto acabado.
Queremos decir con esto que hay una especie que se está transformando
en hombres, que se está hominizando en este tiempo que llamamos, tiempo
histórico.
Este hombre en su devenir evolutivo, marcha inexorablemente hacia un futuro
que no se puede predecir.
Esta evolución, a la cual nos referimos, y de la cual destacamos su inexorabilidad,
está adentro de cada hombre. Es como si estuviéramos embarazados
de evolución.
A modo de aproximaciones de lo que sería el proceso evolutivo, podemos
distinguir tres caminos, claramente diferenciados: a) Camino del sufrimiento;
b) Camino del servicio; c) Camino del cambio de conciencia.
Estos tres caminos, pueden darse por etapas, o simultáneamente, en el
interior de cada uno de nosotros.
En el primer caso, hablaríamos de los beneficios que se producen, a través
de la experiencia, al soportar el sufrimiento no buscado. Todos hemos salido
enriquecidos, después de una experiencia de sufrimiento personal.
Este sufrimiento nos ha hecho, sin lugar a dudas mucho más objetivos,
mucho más realistas, y en suma mucho más humanos.
Este camino del sufrimiento lo realizamos con nuestro consentimiento o sin nuestro
consentimiento.
La vida nos va llevando a cachetazos, hacia la maduración. Es un camino
lentísimo, y doloroso.
En el segundo caso nos encontramos con el camino del servicio desinteresado.
Consiste en la concientización de los talentos propios, y la posterior
colocación de esos talentos, al servicio de los demás. Todo esto
sin interés de ninguna clase.
Este camino supone un autoconocimiento del individuo, y por supuesto el consentimiento,
es en esta vía, total.
Este camino es más rápido, y menos doloroso, que el anterior.
Esta vía supone una semiparticipación del individuo con la providencia,
una gran dosis de paciencia, y sobre todo continuidad.
La tercera opción, que puede coincidir con la tercera etapa, aunque no
necesariamente, es el camino del cambio de conciencia o transformación.
El alma descubre algo más detrás de los hechos.
El valor del alma se mide por sus intenciones y por sus apegos, debiendo reconocernos
cada uno de nosotros, como una unidad completa, y al mismo tiempo como partes
de un todo definitivo: el ser.
Evolucionamos en conciencia, la ampliamos, la estudiamos, buceamos adentro nuestro,
hacemos nuestro propio inventario de riquezas y miserias, y en suma eliminamos
inconsciente.
En ese punto de la evolución desarrollamos un sentido de obligación
y responsabilidad hacia los demás, tomando conciencia de que todos somos
uno.
Este camino es mucho más rápido y prácticamente indoloro,
pero supone un consentimiento total y definitivo, como asimismo una total e
incondicional sumisión a la providencia.
Abandonemos definitivamente la idea de encontrar un Dios de barba blanca, fuera
de nosotros. Dios se escondió dentro de nuestro corazón, y hasta
que no lo ubiquemos definitivamente no tendremos paz.
Creer en uno mismo, creer en los demás, y tomar conciencia de que la
humanidad es una sola, serán los frutos inmediatos que podrá saborear
el hombre que se conozca a sí mismo.
Nº 10 Setiembre 2002
Dios exterior y omnipotente
Asombraría al lector la enumeración de situaciones injustas, que
se han dado en el transcurso de la historia, y que se concretan aún hoy,
poniendo como justificativo "que es la voluntad de Dios".
Dios como concepto vaciado, ya dio lo que tenía que dar, ya fue.
El hombre debe purificar esa idea en la que fue programado desde hace miles
de años, bajo pena de continuar en la barbarie.
Después de leer los textos sagrados de cualquier religión, en
especial la Biblia y el Evangelio de nuestro cristianismo, tenemos la impresión
de que hay un desajuste importante entre la teoría y la práctica.
Así por ejemplo nos encontramos con un Dios que es amor y que exige el
sacrificio de su hijo.
Un hijo que alcanza la conciencia crística, y que se siente abandonado
por su padre en la última hora, momento en el que más lo necesita.
Ante la presencia de un niño que muere de hambre en este mundo, no podemos
involucrar la voluntad de Dios, sin embargo: A) Si Dios puede evitarlo y no
lo hace ¿qué clase de Dios es?
B) Si Dios no puede evitarlo aunque quiera ¿dónde está
su condición de Todopoderoso?
C) Si Dios deja actuar las causas segundas y no interviene ¿es sangre
fría, indiferencia o respeto por la libertad del hombre?
Dicen los estudiosos que hay tres niveles de situación ante Dios.
1. Situaciones que Dios quiere.
2. Situaciones que Dios acepta.
3. Situaciones que Dios soporta.
La categoría del Misterio se impone.
Lo inaccesible señorea.
Dios debe saber lo que hace, porque según los salmos, cuando Él
hacía el firmamento y los planetas, nosotros no estábamos.
La naturaleza produce lo necesario para que todos nos alimentemos abundantemente,
sin embargo, los hombres encargados de la distribución, ejercen mal sus
funciones, y nos encontramos con países gordos, donde sus habitantes
mueren por exceso de grasa, y por otro lado países flacos, donde los
niños mueren de inanición.
Llega la hora del hombre.
Dios ya hizo lo suyo, nos dio todo, al encarnarse en Jesús; no se reservó
nada para sí.
Dios ama a cada hombre en particular, como si fuera el único en el mundo.
Ese es su misterio.
Cristo está dentro de cada uno de nosotros, esperando que lo descubramos.
Jesús no luchó contra el mal, sino que lo asumió.
El cristianismo que se viene es una transformación interna.
"Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia".
Debemos purificar el concepto que tenemos de lo que es Dios.
Generalmente nos formaron en la idea de un Dios exterior y Todopoderoso, dotado
de una propensión ciclotímica indefinible entre el amor y la ira.
En los tiempos que se avecinan, debemos profundizar la idea de un Dios interior,
que tiene fe en el hombre, y que ha hecho suyos, su evolución y su destino.
Justos y Pecadores Setiembre 2002
La soledad de los que creen y la soledad de los que no creen
Pocas cosas en la vida son más dañinas que el auto-engaño.
Pocas cosas en la vida son más tristes que el querer y no poder.
Y no son pocas también, las cosas en la vida por las cuales se distingue
un hombre maduro de uno inmaduro.
La soledad en el ser humano no es un estado transitorio o un problema que haya
que resolver. La soledad en el hombre es su última y más profunda
realidad. Y está solo el que cree. Y está solo también
el que no cree.
Asumir esta soledad, es tal vez uno de los actos más maduros del hombre.
Y la soledad no es mala.
Thomas Merton, en la cumbre de su misticismo decía que cuando entraba
en su soledad dejaba por fin de ser un solitario.
Creer o no creer no cambia la situación final y decisiva del ser humano,
en lo que se refiere a su soledad.
Simone Weil, nos dice para esclarecernos aún más que en lo que
respecta a las cosas de Dios, la fe no es adecuada, solamente lo es la certidumbre.
Cualquier cosa inferior a la certeza, no tiene el mínimo valor en las
cosas de Dios.
Creer o no creer no influye en nada para paliar el estado de soledad del hombre.
La soledad no aceptada, transforma al hombre en sombra histérica de lo
que debería ser.
El camino para llegar a la soledad total y absoluta es el de todos los que dicen
creer, como los que dicen no creer, tanto unos como otros, unos por exceso y
otros por defecto, ignoran que la soledad es plenitud. Nada, absolutamente nada,
puede cambiar la realidad.
En esa soledad impuesta y deseada, descubrimos que somos imagen y semejanza
de un Dios, que es tres y uno. Un Dios que es uno con su hijo, y es uno con
todos los hombres, sin perder la característica de definitiva soledad.
Jesús experimentó la soledad a lo largo de toda su vida y la padeció
en forma absoluta en la cruz cuando su Padre no vino a salvarlo, nosotros la
vivimos en el dolor y en la alegría por igual, todos los días
de nuestra existencia.
Creer o no creer no significa nada, son caras antagónicas de una misma
moneda falsa. Lo importante es la certeza que experimentamos cuando tomamos
conciencia de nosotros mismos. Allí es donde terminan las palabras y
los discursos, y simplemente somos.
Somos solos rodeados de la más absoluta soledad, y es en esa soledad
donde descubrimos la plenitud definitiva que es nuestra participación
en la soledad de Dios.
Nº 11 Octubre 2002
El descubrimiento
En el año mil cuatrocientos noventa y dos, hace más de quinientos
años, el hombre europeo descubrió de la mano de Cristóbal
Colón, un nuevo continente.
Este descubrimiento, como todo hecho histórico, tiene varias lecturas.
En primer lugar una historia lineal y dibujada, una versión oficial de
los hechos adecuada a los intereses sociales y económicos de las épocas.
Esta aproximación, es por todos conocida, y no merece ningún tipo
de explicación.
Podemos limitarnos a decir que Cristóbal Colón, un marino, mezcla
de aventurero e iluminado, después de mucho caminar, por los reinos de
Europa, consigue interesar a los reyes Fernando e Isabel, y después de
algunas peripecias descubre un nuevo mundo.
Colón buscaba una ruta comercial, que uniera Europa con las Indias, y
es muy factible que haya fallecido, sin conocer realmente el alcance de su descubrimiento.
Una segunda lectura del acontecimiento, sería darnos cuenta que grupos
europeos conocían desde siempre la existencia del continente americano,
y que con Colón, simplemente blanquearon el descubrimiento.
A poco de introducirnos en la lectura de algunos textos antiguos, encontramos
referencias reiteradas de Reinos del Oeste, Islas misteriosas o territorios
vírgenes, que hacían las veces de paraísos terrenales.
En esta lectura del acontecimiento, vemos la mano de logias, grupos de adelantados,
privilegiados, detentadores de poderes y conocimientos especiales, que determinó,
en un momento dado de la historia la integración de ambos mundos.
De ese mare-magnum de reinos endeudados, de judíos perseguidos, de judíos
convertidos, de banqueros acreedores, de territorios reconquistados y de segundones
postergados, surge el descubrimiento de América.
Existe una tercera lectura, de carácter esotérico, que tendría
como representante a don Pedro Sarmiento de Gamboa, quien vino a las Américas,
a la búsqueda de una puerta interdimensional.
Aparentemente esta supuesta puerta se habría cerrado unos cuantos años
antes, después del paso de los mayas que habían alcanzado un grado
de evolución suficiente para abandonar esta dimensión achatada
y desgastada.
Quédese el lector con la aproximación que más le cuadre.
Y aproveche la evocación del descubrimiento de América, para descubrirse
a sí mismo, para descubrir al que tiene al lado y para descubrir, en
suma a Dios, que es lo mismo.
Justos y Pecadores Octubre 2002
El Dios desconocido
Los griegos, uno de los pueblos que han constituido el basamento de nuestra
actual cultura occidental y cristiana, tenían reservados entre sus monumentos
sagrados, un altar dedicado al Dios desconocido.
De ese hecho se valió San Pablo, para predicar en Atenas a Jesucristo
resucitado. La pregunta que surge aquí y ahora, es la misma que se plantearon
los hombres de todos los tiempos, que no por reiterada es menos válida:
¿Puede el hombre conocer a Dios?
Debido a la feroz programación religiosa, a la que somos sometidos, los
hombres en su inmensa mayoría, no podemos pasar del conocimiento de una
idea de Dios, sin poder nunca acceder al conocimiento real de Dios.
Las veces, pocas, en que algún pensador supera la programación
y pretende abrir la religión de sus conceptos anquilosados, sufre más
tarde o más temprano el fuego de la hoguera, la cicuta o la crucifixión.
Tanto el judío como el cristiano son agentes pasivos de una religión
de espera, basados en primeras o segundas venidas de un Salvador Mesiánico,
que imponga el orden de las cosas, por su sola presencia.
Siempre el hombre y su tendencia al menor esfuerzo, a lo mágico. Y siempre
la validez inconmensurable del Dios desconocido. Nada puede contra este gigante,
ni el choque cultural de Oriente y Occidente, ni la alianza interesada de la
Iglesia humana con el Imperio Romano en decadencia.
Los intentos se estrellan contra una frase de hielo, que pone todo en su lugar:
Mi reino no es de este mundo.
Y ese Dios, que sigue siendo el eterno desconocido, ese Jesús que sigue
preguntándonos, hoy como ayer, ¿Quién es Él para
nosotros? Jesús nos revela algo de ese Dios ignoto y el condicionamiento
propio de cada hombre va graduando esa revelación como sigue el contenido
al continente.
El hombre en su ascensión, a veces cansado por el esfuerzo que supone
subir esa montaña, que se llama evolución, quiere detenerse. Por
este motivo tiene una tendencia natural, a cerrar la religión, como si
ya hubiera alcanzado lo máximo de la Revelación y lo máximo
del conocimiento.
"Hagamos una carpa aquí y descansemos", es según parece
a veces la voz de la humanidad que se plantea interrogantes religiosos.
No arriesgar.
Es como el hombre que enterró su moneda por temor a perderla, y luego
recibió el castigo de su patrón, por no hacer fructificar lo otorgado.
Quiera la Providencia, en su definitivo manejo cósmico, que nunca decline
el interés del hombre por estudiar la Revelación de Dios en todos
sus aspectos; que se manifieste y quiera también esta misma Providencia,
que dirige mundos enteros, que pueda el hombre alcanzar la continuidad necesaria,
para estar a la altura de las circunstancias.
Nº 12 Noviembre 2002
La Torre de Babel
"Construyamos una torre que llegue hasta el cielo, así nos haremos
famosos", y Dios dijo "Veo que todos forman un solo pueblo y tienen
una misma lengua. Si esto sigue así, nada les impedirá conseguir
todo lo que se propongan, confundamos su lenguaje de modo que no se entiendan
unos con otros".
Este pasaje bíblico, al igual que la mayoría de los pasajes literarios
de todos los libros sagrados, tiene múltiples lecturas.
Y Babel pasó a ser símbolo de la incomprensión, y de la
confusión.
Se podía vislumbrar una humanidad muy antigua, de tiempos muy anteriores,
a la historia que nosotros creemos conocer, humanidad que habría errado
el camino, logrando una unidad, solamente a los fines materiales, tal vez mucha
ciencia y poca humanidad.
Curiosa coincidencia con la actualidad que nos toca vivir, podemos interceptar
un avión con un misil, programar una lluvia ácida, emitir un programa
de televisión que se vea en el mundo entero al mismo tiempo, pero podemos
también permanecer impasibles ante el espectáculo dantesco, de
millones de personas, hermanas nuestras, que se mueren de hambre, sed y de frío.
Gastamos sumas incalculables a la hora de comprar armas, y gastamos sumas más
incalculables todavía a la hora de neutralizar las armas que compran
los otros, viviendo en un mundo de agresión y de miedo permanentes.
Sin embargo, en el momento de pensar en la salud, la educación y la vivienda
de los más necesitados, manejamos un presupuesto siempre deficitario.
El lenguaje común de esos hombres, humanidad anterior a la nuestra, bien
pudo ser el lenguaje del materialismo salvaje, que no sólo inhibió,
sino que trató de destruir todo lo espiritual que habita en el hombre.
Tal vez, lo que Dios evitó con la confusión de lenguas, fuera
la autodestrucción de una humanidad carente de principios espirituales.
Como se aprecia, las lecturas de este pasaje bíblico son múltiples.
Estamos presenciando, desde hace demasiado tiempo, el ejercicio de una política
sin principios, de una educación sin formación del carácter,
de una ciencia sin humanidad, y, lo que es peor aún, una distribución
planetaria, que obedece a una política económica rastrera y no
a la necesidad real de los pueblos.
Y Babel vuelve a tener su realización en la historia, esta Babel recurrente,
que temen los poderosos y que anhelan los pueblos de todo el mundo.
Una confusión de lenguas que nos obligue a empezar de nuevo, tal vez
de más abajo, en cuanto técnica, ciencia y confort, pero muchísimo
más arriba en lo que se refiere a dignidad, ideales y nobleza. Basta
con leer los diarios de los últimos días para darnos cuenta, que
estamos viviendo tiempos apocalípticos, no en cuanto al fin del mundo
se refiere, sino respecto a cambios radicales de estructura de conciencia del
ser humano.
Este ser humano nuevo no acepta más guerras ni violencias de tipo alguno.
Apunta a una distribución igualitaria, equilibrada y tendiente a la eliminación
de hambrunas y muertes masivas por hambre o frío.
El tiempo es inminente.
Babel no es la intervención de un Dios preocupado por una humanidad desquiciada,
sino que es el punto final de un largo proceso de evolución, mediante
el cual una humanidad embarazada de Dios, logra parir, una vez más, en
la pobreza de un pesebre, a un nuevo Cristo.
Quiera la Providencia, gran postergada del mundo moderno, disponer las vías
necesarias para que ese parto se realice lo más rápido posible,
con el costo menor de vidas, y que podamos decir, junto con Pablo, "Es
Cristo quien vive en mí y también es Cristo quien vive en mi hermano".
Justos y Pecadores Noviembre 2002
Espirituales
Lo más importante de nuestro ser es lo que todavía no somos. El
hombre, cuando se adentra en sí mismo, llega hasta la orilla de su propio
misterio, ahí le sobreviene el vértigo de existir, de ser hombre.
El saberse "llamado" a algo muy grande, saberse "llamado"
intuitivamente a algo que lo trasciende por completo.
Nos referimos al hombre que ha superado un primer nivel meramente psicológico,
una primera valla ha quedado atrás, y ese hombre avanza en base a su
propia experiencia, a veces a tientas, a veces enceguecido por la luz, atravesando
ora desiertos, ora llanuras fértiles guiado por Dios o por el demonio,
sin confiar demasiado en ninguno de ellos, porque en realidad no son "ellos"
sino lo que se dice de "ellos". Y así, utilizando la propia
experiencia y la experiencia ajena como mapa no como itinerario, se llega a
esa orilla donde uno realmente "es". El precio a veces es muy alto,
atrás quedó la sociedad humana, la religión tradicional,
la familia, los amigos, hijos, profesión, ilusiones, esperanzas, amor
propio, etc., a cada hombre diferente; y el hombre descubre que "es",
que fue "creado", pero que tiene posibilidades de llegar muy alto,
tiene los elementos, falta descubrir la fórmula; en su marcha hasta esa
orilla ha ido recogiendo experiencias de otros antecesores y ha ido cavilando
acerca de su destino.
Cada antecesor tuvo su método y su prioridad, puso el acento en cosas
diferentes.
El vértigo de la altura lo atrae, lo desconocido lo invita, pero es consciente
que hay otras leyes de juego, otros parámetros.
Se siente vivo, pleno, al hecho de haber superado el nivel psicológico
le da una paz y una serenidad que le permiten un amplio manejo de lo meramente
"humano", corre con ventaja.
Descubre que ser y orar son prácticamente sinónimos, cuando el
ser es consciente que es.
Maneja lo mundano sin enraizarse y esta enraizado en lo espiritual sin manejarlo.
Es un mundo nuevo. Teme. Hay pocos blancos y negros y muchos grises.
Muchos caminos empiezan blancos y se ensombrecen al poco trecho.
Hay conceptos que han variado con él: Amor - Prójimo - Servicio
- Providencia - Renuncia - Yo - Voluntad - Oración.
Se repite la historia del éxodo de Israel, en cada hombre. Cada uno abandonará
"sus valores" y saldrá de Egipto, cada uno cruzará su
Mar Rojo montado en su "milagro particular", milagro que olvidará
para crearse un ídolo de oro para adorar, y cada uno caminará
hasta desfallecer en busca de esa tierra de leche y miel ¿verdad histórica
o signo?, lo cierto es que se repite en el hombre que llega a descubrir que
es hombre.
Por lo pronto, creo que cuanto antes nos asumamos como viajeros, estudiosos
e investigadores, más rápido descubriremos nuestro rol en el mundo.
A poco de introducirnos en este rol nos aparece un concepto, seguido de otro
de muy cerca: Amor y Prójimo.
Pareciera ser que hay que amar para avanzar en este nuevo mundo y el objeto
de este amor es fundamentalmente mi prójimo.
Ni pensar en amar a Dios sin amar al "prójimo".
Amar es una carrera de postgrado y es aquí donde se descubre.
Justos y Pecadores Diciembre 2002
Mis queridos zombis
Los hombres son amos y dueños de todo cuanto poseen y de todo cuanto
les es necesario para crecer en el descubrimiento y desarrollo de la verdad.
No obstante esto, todo lo superfluo los domina y paulatinamente se van convirtiendo
en esclavos, fueron dando su libertad y su vida para obtener cosas totalmente
innecesarias.
Esta enfermedad, exclusivamente humana se caracteriza por el hecho de intentar
tener más de lo necesario para el desarrollo personal.
Se atesoran en una carrera histérica, propiedades, dinero y todo tipo
de cosas de orden material; así como también acumulan conocimientos;
relaciones, títulos de grado y postgrado que a la hora de las definiciones
no sirven absolutamente para nada.
Si leemos el Evangelio, veremos que el gran referente de occidente Jesús
no estaba en contra de las riquezas, sino que estaba en contra del materialismo
que las posesiones o riquezas engendra.
No existen enseñanzas más optimistas que las de Jesús.
La ley de la sencillez, la verdad nos hará libres, liberación
de la humanidad, abriendo las puertas del reino de los cielos.
Parafraseando a algún estudioso comentarista de los Evangelios, la eterna
vitalidad del sermón de la montaña radica en este mensaje de amor
activo y creativo manifestado en forma real y verdadera.
Hambre y sed, son los requisitos indispensables para la evolución individual.
La fuente es inagotable pero el aspirante sólo podrá acumular
lo que pueda desear que es en definitiva la cantidad que va a usar.
Podrá absorber tanto como su hambre y su sed se lo permitan.
Este hambre y esta sed son símbolos de esa capacidad de recepción
que tiene el hombre.
En arameo antiguo la palabra que significa verdad, también podría
ser traducida como justicia.
Asimismo la palabra paz, podría ser interpretada como armonía.
Y en tren de aproximaciones podríamos definir a la paz como la armonía
con todos los poderes y con todas las fuerzas internas y externas del hombre.
Cuando estamos en paz somos co-creadores con Dios.
Intenciones y apegos son elementos y parámetros del mundo espiritual,
como decía el código ético de Zoroastro: "Buenos pensamientos,
buenas palabras y buenas acciones".
Lamentablemente los hombres pasamos gran parte de nuestra vida dormidos, hipnotizados
y lo que es peor, a veces muertos.
"Que los muertos entierren a sus muertos", decía el gran referente
de Occidente, haciendo alusión al estado de muerte espiritual que mucha
gente padece.
Los dormidos tienen que despertarse, los hipnotizados tienen que reaccionar,
y los muertos tienen que resucitar.
La resurrección de estos muertos no tiene que ser el volver a vivir de
los zombis, sino la realización del paso trascendental de Jesucristo.
Descubrir en definitiva en Jesús nuestra vida externa y en el Cristo
nuestra verdadera fuente interna de resurrección.
Justos y Pecadores Enero 2003
Incapaces matriculados, eternos traidores, cobardes que se esconden en las sombras
de una sociedad anónima, o en la muchedumbre de un partido político.
Todos son iguales.
Con las elecciones se cumplirá un cuadro más de ese sainete criollo,
más ignorancia, más hedor, más incompetencia.
¿Alguna elección dio poder a alguien?
Siempre los poderes son definidos de antemano, y los poderosos siempre corren
con todos los caballos.
Las sociedades tienen el gobierno que se merecen, y nosotros tenemos una clase
gobernante que procede de nosotros mismos, no vienen a gobernarnos hombres de
Marte ni de Venus.
Cada hombre es, desgraciadamente, tan corrupto como puede.
Son pocos, muy pocos los que escapan a esa regla, y desgraciadamente no son
ellos los que transitan el escenario de la política, ni nacional ni extranjera.
Estamos inmersos obligatoriamente en un fenómeno de globalización,
donde hay "globalizantes" y "globalizados", y este fenómeno
mundial es el baile llamado "Fuera las caretas".
Bin Laden y Bush, bailando un Booggie-booggie donde la vida no vale absolutamente
nada, sobre todo la vida de los otros.
Ministros de economía, instruidos en el exterior, para mejor vender el
interior.
Política rastrera, mesiánicos y alquimistas, buscando la solución
mágica, no el esfuerzo, no la continuidad, no la decencia.
Muchos imaginan, en su ignorancia, que siempre existieron las naciones; obviamente,
esto no fue así, tiempos hubo, no hace tanto, en que los poderosos dividían
el mundo de otra manera, en feudos, regiones, zonas, condados, marcas...
Estas conformaciones varían según las épocas, y carecen
de importancia, lo que no cambia, es la mentalidad explotadora de unos pocos
sobre las masas.
La aparición del cristianismo, supuso una inyección de optimismo,
que fue neutralizada con la absorción de la Iglesia por el Imperio Romano,
que sigue con variantes de forma hasta nuestros días.
Sin embargo, hay una esperanza (y no es Alfonsín) sino la evolución.
A pesar de todo, el hombre se sabe vulnerable, pero se descubre intrínsecamente
invencible, y superará esta instancia que nos parece eterna, pero que
en realidad es efímera, y por lo tanto, pasajera.
El conocimiento de las leyes inmutables de la naturaleza, leyes de orden y amor,
harán que paulatinamente primero, y drásticamente después,
desaparezca esa rapiña de la humanidad, dando lugar a la compasión.
Descubrir al otro nos llevará al camino de la triple identidad. Pensar-decir-hacer
lo mismo, conceptos predicados por "todos los sabios que en el mundo han
sido" y cuya coronación fue la encarnación, crucifixión
y resurrección de un hombre llamado Jesús, que alcanzó
la "conciencia crística".
La concientización, y puesta en práctica de esta triple identidad,
citada anteriormente proveerá al hombre de la fuerza necesaria para reestablecer
la salud propia y la del medio ambiente.
Estamos navegando hacia el hombre madura, hacia el puerto de una humanidad que
luche por trascender y no solamente por sobrevivir.
Nº 6 Mayo 2002
Siempre estoy
Tenemos la sensación de vivir en una sociedad de fugitivos
Aquí estoy.
Aquí estoy para escucharte.
Aquí estoy para ayudarte.
Estoy disponible para vos, para oírte, para que lloremos juntos o para
que juntos nos matemos de risa.
Podés contar conmigo en las buenas y en las malas.
Mis talentos están a tu disposición.
Mi teléfono siempre funciona y yo siempre estoy.
Estas frases son algunas de las que nos gustaría escuchar a cualquiera
de nosotros con asiduidad.
Son frases que generan confianza, son frases que generan apoyo, son frases que
en definitiva lubrican todas las relaciones humanas habidas y por haber.
A veces tenemos la sensación de vivir en una sociedad de fugitivos, donde
los hombres vivimos huyendo, haciéndonos negar, escondiéndonos
detrás de un teléfono, generalmente celular.
Y cuando un hombre quiere hablar con otro, lo hiere de muerte la voz monótona
de un contestador automático. Las secretarias desconcertadas que ejecutan
órdenes más desconectadas todavía, en atención al
principio de obediencia debida, compiten en la huida con sus propios mandantes:
todos huyendo, en definitiva, de la vida.
Y estos hombres fugitivos, navegando sin brújula y sin timón,
desconociendo su origen y su fin, creen estar en el siglo de la comunicación,
solamente porque les cuelga como si fuera un apéndice antinatural un
teléfono celular, desde donde puede ejercer su único poder, el
de negarse a atender.
Me recuerdan a Caín, cuando interrogado por Dios, respondía: _¿Soy
yo acaso, el guardián de mi hermano?
Y la respuesta que la humanidad y la naturaleza toda, sabían, esperaban
era: ¡Sí, por supuesto!, somos responsables recíprocamente
los unos de los otros, y en esto involucramos a toda la creación.
La responsabilidad de un hombre nace con su libertad y esa responsabilidad supone
estar disponible para su hermano.
El hombre en todas sus actividades tiene que estar, estar para los demás.
El padre estar para sus hijos, no es cuestión de darle solamente el alimento
material. El médico tiene que estar para sus enfermos, no es cuestión
solamente de recetarles medicamentos. El abogado tiene que estar para sus clientes,
no solamente para representarlos en un juicio.
Y así, el hombre en todos sus roles, debe estar disponible para el hombre.
El hombre tiene que estar, no puede pasar toda su vida huyendo. La consecuencia
de su libertad es la responsabilidad que esta engendra.
Si no aceptamos nuestra responsabilidad, es que no queremos nuestra libertad.
Debemos esforzarnos para superar la programación a la que fuimos sometidos,
haciéndonos creer que era posible vivir en libertad, sin amar la responsabilidad
que esa misma libertad supone.
Nº 8 julio 2002
(escribiendo libros enteros) las imperfecciones del hombre José de San
Martín, como si fuese importante o determinante el hecho de que fuera
adoptado o medio hermano de Alvear, o como si fuera posible juzgarlo como bueno
o malo, por el hecho de haber tenido varias relaciones sentimentales.
Lo importante en la vida de un hombre es su obra.
San Martín cruzó la cordillera, no sólo una vez, sino muchas,
demostrándonos que para hombre de valor están hechas las empresas.
San Martín fue un militar de carrera, un hombre de gran carácter
y temple, de otra manera no hubiera podido hacer lo que hizo.
Es interesante leer las máximas que le deja a su hija para poder saber
quién era San Martín.
Lo demás es picardía y cholulaje.
Nº 9 Agosto 2002
Más importante que creer en Dios
La actitud del hombre debe ser la de escucha atenta. Todo habla al hombre si
el hombre escucha. Todo es una metáfora, sólo tenemos que estar
lo suficientemente silenciosos como para poder escuchar lo que no se puede decir
en palabras.
Siéntate en silencio y sabe que soy Dios.
Nuestros límites no coinciden con los marcados por nuestros cuerpos.
El ser no se mide, no tiene límites, está fuera de toda geografía
imaginable. Antes de nacer ya éramos, y seguiremos siendo después
de morir.
En nuestros hermanos nos prolongamos y salimos de la estrechez de nuestro atosigado
cuerpo. Buscamos emociones fuertes, siendo natural que así sea, porque
esas experiencias nos hacen vibrar en una sintonía desconocida y atrapante.
El ser humano está destinado desde sus orígenes a vivir grandes
aventuras, el ser es increíblemente impredecible.
Si no vivimos estas realizaciones, por cobardía, ignorancia, desidia,
o el motivo que fuera, quedamos insatisfechos, porque conocemos de antemano
nuestra verdadera vocación.
Droga, alcohol, sexo desenfrenado, búsqueda de dinero, poder, influencias,
y en definitiva el interés que cada uno quiera anhelar, se transformará
en el Dios sustitutivo que más le apetezca. Pero es interesante saber
que erró el camino.
Que busque adentro suyo, que frecuente y se haga adicto del silencio, la soledad
y el trabajo, y podrá en menos tiempo de lo que piensa, realizar experiencias
que lo harán sentir tan vivo como le dé el cuero para aguantar.
Experimentará por ejemplo el vértigo de existir, la unidad con
Dios y con el hermano, se contactará con su creador. Sabrá en
carne propia, lo que es abandonar la noción del tiempo, que es nuestra
prisión sin barrotes.
Saboreará, primero con mucho miedo y luego con mucho agrado la pérdida
de la identidad personal.
Dios ya hizo su parte, al participarnos sin reservas, su vida.
Ahora es nuestro turno, y hay algo más importante que creer en Dios,
y es, que Dios crea en nosotros.
Nº 15 febrero 2003
Ganas de vivir
Normalmente cuando despertamos, generalmente por la mañana, después
de una noche de sueño reparador, nos volvemos a enganchar con la vida.
Este enganche, que realizamos todos los días, y a veces dos veces por
jornada, cuando dormimos siesta, significa ni más ni menos que una convalidación
de todo lo actuado, o dicho en términos menos jurídicos una convalidación
de todo lo vivido.
Todos los días se produce en nosotros un verdadero milagro, el milagro
de la vida.
A pesar de vivirlo diariamente, este milagro no nos sorprende, sino que lo damos
por supuesto, por inevitable, y en última instancia ni siquiera lo consideramos
como algo extraordinario. Sin embargo, podríamos no despertar.
En la mayoría de los casos, volvemos a ingresar en esa vida cotidiana,
que precisamente por ese carácter de cotidianeidad, no nos sorprende.
Y entramos en la rueda de dolor, indiferencia y persecución indefinida
y rutinaria de placeres, sin disfrutar realmente de la calidad de estar vivos,
y menos aún de utilizar nuestra capacidad creadora.
Nos faltan ganas de vivir.
La juventud, por ejemplo, vive a la expectativa, está preparada y a la
espera de algo. Esta juventud actual está dispuesta para lo mejor, pero
también está dispuesta para lo peor.
En una palabra, los jóvenes están dispuestos a todo, y no van
a retroceder ante ningún tipo de manipulación. La enfermedad que
los aqueja, y que en definitiva padece la mayor parte de la sociedad, es ni
más ni menos que el hastío.
El síntoma de una sociedad hastiada es precisamente, la falta de ganas
de vivir.
Esta ausencia, es el drama de nuestra civilización.
No existe ningún valor universalmente aceptado, en el cual creer, al
cual entregarse, y por el cual en definitiva morir.
La pregunta válida actualmente no es si hay vida después de la
muerte, sino que la cuestión es, si hay vida después del nacimiento.
El bloqueo permanente que padecemos desde pequeños, la carencia de ideales
y de ejemplos, nos quitan como si fueran vampiros de energía las ganas
de vivir.
No hay vida después de la muerte para el que no encontró en esta
vida un valor por el cual morir.
Es una cuestión personalísima.
Estas cuestiones no se resuelven a través de apoderados, no se heredan
ni se comunican por computadoras.
El error de la iglesia, es el error de la mayoría de las religiones,
consistente en vendernos una vida futura, cuando en realidad la vida es eterna.
Si la vida es eterna, simplemente debo tomar conciencia de que estoy en la eternidad,
aquí y ahora. La promesa de la vida futura es el opio de los pueblos,
como dijo algún pensador que no distinguía la categoría
de eternidad.
Debemos desbloquear nuestro interior, y así poder contactar con la fuente
de la vida.
Vivimos mendigando, que la droga, el alcohol, y la persecución de los
placeres, nos den un vaso de agua contaminada para apagar nuestra sed, y dentro
nuestro tenemos una fuente inagotable de agua pura y cristalina, fuente de la
cual somos poseedores legítimos por nuestra categoría de hijos
de Dios.
Jesús descubrió todo esto y nos lo transmitió a través
del evangelio. Esa era la buena nueva. El venía para que tuviéramos
vida, y la tuviéramos en abundancia.
De esa fuente salen las ganas de vivir, y de esa misma fuente también
surge la plenitud, la serenidad, la armonía y en suma, todas las caras
de la misma realidad que es la verdad.
Suplemento Febrero 2003
Bombas de desaliento
Las últimas bombas que se dejaron caer sobre Afganistán, fueron
las llamadas "Margarita".
La particularidad de estos elementos explosivos era la de destruir todo lo existente
en un radio de seiscientos metros.
Vale decir que, si uno se para en una esquina, debe pensar que si la bomba caía
justo ahí, quedaría todo destruido en un radio de seis cuadras
a la redonda.
Esto nos horroriza.
Nos hace sentir vergüenza de pertenecer a la misma raza del que dispone
la ejecución de estos diabólicos bombardeos.
Sin embargo, aunque menos destacables, existen otros artefactos destructivos,
no menos catastróficos para el género humano; me refiero a las
bombas de desaliento.
Hace ya tiempo que la verdadera guerra se libra en otros carriles, totalmente
diferentes de los marcados por las armas de fuego.
La implantación de ideas, la publicidad idiotizante, el nivelar hacia
abajo, la predicción de conductas, determinan nuevos criterios y nuevos
elementos, con los cuales manejar las guerras del presente.
Lo notable de este momento histórico, es que los pueblos han tomado conocimiento
(como efecto colateral no buscado) de que son manejados por bandas, cuyos integrantes
tienen un nivel bajísimo de conciencia.
Manejan técnicas y habilidades, y poseen un capital ilimitado, pero carecen
del pasaporte necesario para poder pasar a otra dimensión.
"En altas velocidades, no funcionan".
Estamos, como puede darse cuenta el lector que no esté bloqueado, al
borde de un cambio preparado y esperado desde hace aproximadamente 2.000 años.
La problemática que nos ocupa, no es de orden nacional ni económico,
sino que incursionamos en una metafísica cósmica.
Las bombas de desaliento, las ideas implantadas, ambas conducentes a procurar
la desmoralización de la humanidad, son manotazos de ahogado, provenientes
de una élite colaboracionista que antes de autodestruirse, pretende justificar
con el error de muchos, su propia falta de capacidad.
Nº 16 Marzo 2003
Deslinde de dimensiones
La primera víctima de la guerra es la verdad.
El 11 de setiembre del 2001 marcó no sólo un hito en la historia
mundial, sino también un antes y un después, en la conciencia
de cada individuo.
Caímos en cuenta de que nadie es intocable, así como también
cayó una programación que todos llevábamos muy dentro,
con respecto a que las cosas no cambian, y menos en cinco minutos.
Se manifestó también una carencia total, como nunca antes vista,
de líderes en toda el área del hacer humano, tanto en lo social,
como en lo profesional y sobre todo en lo político.
Los discursos emitidos por los presuntos líderes son lamentables. Evidencian
a simple vista una ausencia total de dimensión espiritual, tanto de un
lado como del otro.
Todo tipo de terrorismo, es de por sí, esquizofrénico.
La guerra moderna no persigue la destrucción o aniquilamiento físico
del enemigo, sino que su objetivo es lograr con el menor número de muertos
posible, que el enemigo se convenza psíquicamente que está derrotado.
Es una guerra de inteligencias, con toda una estrategia de danzas y contra-danzas,
de intereses, ganancias y pérdidas.
Todo lo que no cuadre con este criterio, no es una guerra, sino que es una matanza.
Y el hombre, en la actualidad, no soporta más, ni guerras ni matanzas.
Hay esquizofrenia en volar dos torres, buscando dañar un enemigo inalcanzable,
matando para ello miles de inocentes, y después hablar de Dios y de Justicia.
Hay esquizofrenia en volar una población sin la mínima piedad,
y luego enviarle cajas de comida, invocando razones humanitarias.
Hay esquizofrenia en defender los Derechos Humanos, y al mismo tiempo alegrarse
por atentados y matanzas.
Todo lo expuesto impacta en la conciencia del hombre normal, empujándolo
hacia la desesperación o hacia el plano espiritual.
Es la Providencia escribiendo derecho en líneas torcidas.
Tenemos que reconocer nuestro contacto con la dimensión espiritual y
después aceptar nuestra pertenencia a esta dimensión. Nuestro
Reino no es de este mundo.
Esta aseveración no significa que nos desinteresemos de lo material,
pero sí significa que reconozcamos en forma tajante y definitiva, nuestra
pertenencia a un mundo con otras reglas, mucho más etéreas, pero
también mucho más justas que las que conocemos en esta dimensión
de vida primitiva.
Aparentemente las civilizaciones tienen sus ciclos y estaríamos en vísperas
de un período de oro para la humanidad.
Esto se deduce de que el hombre no soporte más las guerras, la corrupción,
y la falta de solidaridad.
Nuestra conciencia va a avanzando en la búsqueda de la verdad que nos
hará libres, dejando atrás miles de años de sojuzgamiento
y vergüenza.
Avanzar en esta línea es caminar con la evolución.
Estar enredado entre los criterios del ojo por ojo y diente por diente, mirando
la guerra por televisión, es no salir de la cueva y quedarse definitivamente
del lado viejo compartiendo el destino de los dinosaurios.
Suplemento Justos y pecadores Marzo 2003
La gran aventura del hombre
Pérdida de la identidad personal
El temor a la muerte se origina fundamentalmente en el miedo a la pérdida
de la identidad personal.
Es un punto de difícil manejo, en realidad no perdemos nuestra identidad,
sino que por el contrario la recuperamos.
La vida tal como la vivimos es un sueño.
La identidad que tememos perder es la identidad que poseemos en un sueño.
Cuando experimentamos nuestra identidad espiritual, realmente somos.
Es conveniente no esperar hasta el momento de la muerte, para recuperar nuestra
verdadera identidad.
Es como recuperar la memoria, es como despertar después de un largo e
impactante sueño.
Es una identidad más globalizadora, es identificarse en el uno.
El ser es uno.
Podemos ir muriendo gradualmente, primero a las cosas, después a las
demás personas y por último a uno mismo y a Dios.
Esta muerte gradual, produce la desaparición del yo y el surgimiento
del ser.
La madurez, es en definitiva, la aceptación de la realidad.
La vida crece indefinidamente, con nuestro consenso o sin él.
La evolución continúa hacia adentro del hombre.
Los límites del ser humano no son las fronteras del cuerpo.
Hay que correr todo lo que se pueda los límites de lo inconsciente, todo
debe ser consciente.
El cuerpo es el vehículo de la encarnación, así como cuando
viajamos en un avión, no nos identificamos con él, sino que sabemos
que es un vehículo, así nuestro cuerpo también es un vehículo
para transitar la etapa humana terrestre.
Debemos recuperar la objetividad, desterrar lo subjetivo y lo personal.
La vida es eterna y la vida humana evi-eterna.
Debemos diferenciar el mundo material del mundo mental y ambos del mundo espiritual.
Estas condiciones y algunas otras más son necesarias para evolucionar
espiritualmente, y esta búsqueda de trascendencia y de realización
constituye la verdadera y única gran aventura del hombre.
Nº 17 Abril 2003
Vivir más o vivir mejor
Todo lo que nace debe morir.
Ese período entre nacimiento y muerte es lo que equivocadamente llamamos
vida.
En realidad este lapso, forma parte de una vida mucho más amplia que
no empieza con mi nacimiento ni termina con mi muerte.
El hombre que llegó a la vejez ya pasó este período, o
en rigor de verdad está terminando de pasarlo.
Aventaja al joven, precisamente en eso, en que ya vivió.
Si vivió bien, está conforme, vivió bien de joven y vive
bien de viejo.
Es importante vivir mucho y vivir bien.
Vivir mucho, es una categoría que no se mide en años si no en
intensidad, del mismo modo que vivir bien no se mide en términos de confort,
sino con parámetros de orden espiritual.
Recoger el consejo de los años no es algo sencillo.
Renunciar mansamente a lo que hasta ayer se podía, no es fácil
de asimilar.
Por último los integrantes de la tercera edad saben bien,, que deben
ser pacientes.
Pacientes con sus familias, pacientes con sus vecinos, pacientes con ellos mismos,
con sus enfermedades y con todo su entorno.
A veces los ancianos se impacientan, se enojan y todos corren a socorrerlos.
Sin embargo aquí en nuestro país nuestros viejos no tienen ese
problema.
Aquí ejercitan la paciencia obligatoriamente.
Desde hacer una cola interminable en el banco para cobrar una magra jubilación,
hasta soportar una obra social deficiente, pasando por un vía crucis
desgastador al momento de hacer el trámite jubilatorio.
Con todo esto, igual se las ingenia este viejo, apaleado, empujado y amontonado,
para ayudar a sus hijos, ya mayores de edad en su estado de desocupados.
El estado mezclado con el gobierno de turno no hace absolutamente nada para
paliar esta situación, generando una situación más de gran
injusticia.
Toda injusticia genera violencia y la suma de muchas injusticias desatan una
violencia muy difícil de manejar.
Todo lo que nace debe morir, pero debe morir en su momento, después de
haber experimentado la vida en todo el período que le correspondía,
por eso es que se castiga el asesinato, es también por eso que se condena
el suicidio.
La sociedad que abandona a sus viejos es igual que el hijo que abandona a sus
padres.
Justos y Pecadores abril 2003
El mito más grande: La muerte
Es un error muy bien programado, el hecho de colocar como par de opuestos, a
la vida y a la muerte.
Aceptando esta programación, el hombre queda encajonado entre dos colosos
infranqueables, cuando en realidad la verdadera oposición sería
nacimiento y muerte.
La vida engloba todo, y cuando digo todo, digo absolutamente todo.
No hay nada fuera de la vida.
Este y no otro, en el mensaje de Jesús, con su resurrección, confirmada
con la frase de San Pablo "La muerte está derrotada, vencida, se
le quitó su aguijón".
Somos antes de nacer y seguimos siendo después de morir.
Lo que es, no tiene posibilidad de dejar de ser.
Estamos encarnados, pero pertenecemos fundamentalmente al mundo espiritual,
tenemos por así decirlo doble nacionalidad.
Cuando esta realidad se nos hace evidente, experimentamos algo así, como
si hubiéramos recobrado nuestra verdadera identidad, después de
una larga y tediosa amnesia.
Vértigo de ser, vértigo de existir, temor a las alturas y también
temor a las profundidades.
Nuestra mayor limitación y una gran programación a desenmascarar,
es creer que somos nuestro cuerpo, creer que somos nuestra mente, o creer que
somos nuestros sentimientos.
Triunfar sobre la muerte significa, sencillamente, que adquirimos la certeza,
de que no hay muerte, de que la muerte no existe.
La realidad de la muerte es la misma realidad de la línea del horizonte,
sólo parece que existe, es una ilusión óptica.
Es como luchar con la sombra.
El que lucha contra la muerte, perderá, porque terminará loco.
El que sabe que la muerte no existe, ése la vencerá.
Justos y pecadores mayo 2003
Que los muertos entierren a sus muertos
Cuando uno llega a los cuarenta años, tiene el rostro que se merece.
Somos artífices de nuestras facciones.
Siempre lo que recibimos es el reflejo de lo que emitimos.
Caras apretadas, tensionadas, labios compungidos, mirada extraviada, son signos
inequívocos de graves deterioros psicológicos.
Desgraciadamente, estamos viviendo tiempos en los que la competitividad y el
stress se consideran normales y hasta deseables.
Programados para producir y consumir, no queremos tener tiempo libre, porque
nos llevaría a darnos cuenta de que vivimos una vida de superficie, carente
del más mínimo sentido.
Hombres y mujeres existen toda su vida sin vivir.
Nacen, estudian, se casan, tienen hijos, envejecen, y mueren, sin vivir.
Son los muertos, al que se refiere Jesucristo cuando dice: "Deja que los
muertos entierren a sus muertos".
Reina la abulia, el tedio, el aburrimiento.
Sin embargo, siempre hay algo en el hombre que hace brotar la esperanza y ese
algo es su condición real.
Somos hijos de Dios, hechos a imagen y semejanza. Esto es muy importante.
Basta con que nos asomemos a la orilla de nuestra alma, para ver el trigo y
la cizaña, plantados juntos, superpuestos, capaces de grandes e increíbles
sacrificios y abnegaciones, y muy capaces también de inimaginables bajezas.
ESE ES NUESTRO HOMBRE, en esta etapa de su evolución.
Quiera la Providencia, gran postergada de nuestras épocas, acelerar este
período oscurantista de nuestra espiralada ascensión, haciéndonos
descubrir nuestro buen trigo y ayudándonos a cortar y quemar la cizaña
asfixiante que nos rodea, permitiéndonos entrar en posesión definitiva
de nuestra Conciencia Crística.
Nº 19 Junio 2003
Reflexiones
Muchas veces, la actitud de los hombres, recuerda aquella conducta del pez,
que estando dentro del mar, preguntaba a todos dónde estaba el agua.
Así el hombre pasa sus años sobre esta tierra, preguntando quién
es y cuál es su destino final, persiguiendo una idea de Dios y no al
Dios mismo.
Dentro de la gran programación a la que el hombre es sometido, a duras
penas puede concebir ideas sobre el absoluto, vive condicionado, "hasta
las manos", en una sociedad, cuyos ideales máximos, son producir
y consumir, enmarcado todo esto dentro de lo material.
Incapaz de pensar en lo grande, queda enredado en lo pequeño.
Invitado a una cena de lujo, donde se van a saborear manjares exquisitos de
gustos inimaginables, disputa en la entrada de la mansión la comida del
perro, y por devorar esa ración destinada al animal, miente, malversa,
pisotea y por último mata a sus propios hermanos.
Pretende junto con Prometeo robar un fuego, que ya le fue obsequiado desde el
principio de los tiempos, por un Dios cada vez más lejano.
No es casual que le cueste tanto esfuerzo a la humanidad avanzar en su evolución.
Fuerzas ocultas dentro de la misma creación propician un ser humano de
rodillas.
El hombre de pie, es imbatible, porque somos semejanza del creador.
Ante esta percepción de la realidad, tiende a invadirnos un desaliento,
un desánimo, tal como si hubiéramos descubierto en un momento,
que estamos solos y que no tenemos elementos para soportar un aluvión
de problemas, que nos superan o exceden ampliamente.
Antes o después, pero con seguridad, el hombre se enfrenta a este dilema.
Estos aspectos de la realidad no son exclusivos de esta época, en todos
los tiempos la problemática del hombre fue similar, lo que ha variado
es el condiciona-miento de cada contexto.
Las soluciones, las guías y los caminos en todos los casos, pasan por
la introspección vale decir seguir el sendero hacia dentro de cada uno,
sincerándose con los demás, con Dios y con uno, que en definitiva
son tres aspectos de una misma y única realidad.
Junio 2003
Acerca del hombre
Cuando leemos las historias de la Biblia, o el relato de los evangelios, o de
cualquier otro libro de los considerados sagrados por alguna religión,
debemos darnos cuenta de que estamos ante la historia de un solo ser, que es
el ser humano.
Todos y cada uno de nosotros somos Adán y Eva, así como también
Caín y Abel.
Los relatos parecen describir acciones de diferentes personas, pero al analizarlos,
se evidencia que no son más que descripciones de nuestras propias grandezas
y miserias.
En occidente respetamos el concepto de la historia lineal, y tendemos a ubicar
a Adán en un principio, como si fuera histórico.
Debemos preguntarnos: ¿Quiénes somos?
Seguramente recordaremos haber matado a Abel, por lo menos alguna vez, aunque
sólo haya sido con la indiferencia.
Todos hemos deseado junto con David, algo que se nos presentaba como prohibido.
Cada uno de nosotros tomó, está tomando, o tomará la decisión
de iniciar junto con Moisés su propio Exodo.
Extrañaremos en el desierto la seguridad servil que nos brindaba Egipto,
descubriremos nuestros propios ídolos de oro, y los adoraremos hasta
descubrir al Dios vivo.
Y junto con el pueblo caminaremos cuarenta años, lo que significa en
lenguaje bíblico mucho tiempo. En algún momento de nuestra vida
seremos obligados, junto con Simón de Cirene a llevar una cruz que nos
corresponde y que nunca terminaremos de entender, pero que igual tenemos que
llevar.
Si no queremos un lugar en esa cruz, tampoco tendremos la posibilidad de disfrutar
de un pedazo de resurrección.
Fuimos paridos en un mundo que no entendemos, y ayudamos a parir a otros que
estarán en las mismas condiciones, es la cadena del Karma, que relatan
los orientales, que se corta recién y únicamente con el descubrimiento
deslumbrador y desconcertante del Dios vivo.
Platón, Agustín de Hipona, católicos, judíos, paganos,
y miembros de cualquier otra religión, al toparse con el Dios vivo se
humanizan.
La naturaleza humana se realiza y perfecciona en la naturaleza divina.
Quiera la providencia, gran postergada de nuestros tiempos, disponer las vías
necesarias para que se popularice la espiritualidad, de una vez y para siempre
para poder alcanzar a vivir en forma definitiva la utopía de todos los
tiempos finales, el niño jugando con la serpiente.
Nº 20 Julio 2003
La espada de Alejandro
El mito nos relata que Dios había construido un templo en una de las
tantas montañas de la región de Frigia, prometiendo un reino a
la persona que lograra subir un carro a la mencionada cumbre. . El campesino
Gordios lo logró, y en el apuro dejó el carro atado con un nudo
sin puntas.
Esta ausencia de puntas, de extremos a la vista, de apéndices asibles,
hacía de cumplimiento imposible la tarea de desatar dicho nudo.
El relato también nos dice que era sabido que el mortal que lograra deshacer
el antes citado nudo, ya identificado como nudo gordiano, sería el dueño
del mundo oriental.
Todo esto, por supuesto, no es verificable históricamente hablando, pero,
como mito, nos transmite una verdad que cala profundo en nuestro ser.
Analicemos qué nos indica esta narración en la actualidad.
Tenemos una situación problemática dada, que bien podría
ser la realidad de la violencia mundial, que desemboca en esta guerra no convencional,
de la cual actualmente se habla.
Tenemos también una imposibilidad, real, total y absoluta, de deshacer
este nudo pues carece de extremos visibles, que puedan asirse.
También el tema de la violencia carece de solución en el campo
de lo fáctico conocido.
Ante este panorama desesperante y desesperanzador, surge LA IDEA NUEVA, el otro
enfoque, la utilización del elemento diferente.
No podemos solucionar un problema del siglo XXI con remedios del siglo XX.
Y se produce el corte.
Alejandro con su espada, de un solo golpe, causó un tajo, merced al cual
se deshizo el nudo, siendo aclamado como el elegido de los dioses para gobernar
la región.
Para solucionar el tema de la violencia, no podemos emplear más violencia,
es infantil creer o sostener lo contrario.
Debemos tomar la espada de Alejandro y crear nuestro propio tajo novedoso.
Destruyendo el nudo gordiano de la violencia a través del golpe del amor,
con un tajo de amor eficiente, alejado del sentimentalismo, repleto de paciencia
y tolerancia, este amor eficaz y previsor nos hará dueños de nuestros
destinos y nos permitirá, por segunda vez en nuestra carrera evolutiva
descubrir el secreto del fuego.
Julio 2003
La creatividad
Es un error muy difundido creer que los únicos
"creativos" son los artistas, compositores de música, pintores
de cuadros, y otros rotulados como tales.
Todo hombre por el hecho de haber llegado al nivel de la humanidad, es un creativo,
un inventor y un combinador de elementos, no importa el área en la cual
actúe.
Cada uno de los arribados a este mundo viene con un billete ganador, ha derrotado
a doscientos millones de aspirantes, y ha llegado triunfador a la humanidad;
viene ganador, seguro de sí mismo, y la sociedad lo va frenando, lo va
disminuyendo, en suma lo va "educando".
En la medida en que vamos aceptando conceptos que no son nuestros, criterios
impuestos por tradiciones completamente obsoletas, vamos perdiendo al mismo
tiempo nuestra creatividad. Ponemos al niño frente al televisor y le
decimos: "ahora sos buenito y te quedás ahí mirando".
Justo lo contrario de lo que el chico quiere.
Al mismo tiempo se lo inicia en la corrupción ofreciéndole un
chocolate a cambio de quedarse quieto.
Y así de a poco somos educados por gente que ya fue educada antes en
el arte de mirar televisión, comer mirando televisión, entre gritos
de personas ficticias que mueren en campos de batallas inexistentes, hombres
y mueres que copulan indiscriminadamente, juegos idiotas que aburrirían
a cualquier idiota del siglo pasado y que ahora se prestan como entretenimiento
para la familia.
Pero debajo de todo eso, está el "hombre", agazapado, esperando
liberarse.
Si quiere lograrlo, deberá des-aprender lo que le enseñaron de
pequeño, en ese momento no podía defenderse, ahora puede, deberá
desprogramarse, sacudirse, no caer en partidos de fútbol, novelas, entretenimientos
y sorteos, darse cuenta, que la vida pasa por otro lado. Somos creadores no
bosta, venimos de una raza que dominó a animales terribles, la tierra
toda está esperando que el hombre retome su actitud de creador.
Somos imagen y semejanza de Dios, nos dice el Antiguo Testamento, y el Nuevo
Testamento va más lejos aún llamándonos "amigos de
Dios".
Dios no se guarda nada para sí, si somos sus amigos, somos sus iguales,
de otro modo no hay amistad.
Podemos crear permanentemente en nuestra actividad, es el talento de la parábola,
puesto al servicio de la comunidad. Si no cumplimos con nuestro destino de creadores,
si no forjamos un futuro mundo mejor utilizando nuestros talentos, si no descubrimos
a Dios en nuestro prójimo, ¿para qué vivimos?
N 21 Agosto 2003
¿Quién es Jesús?
Esta es la pregunta que atraviesa toda la historia humana, como si fuera una
lanza, la misma lanza que le traspasó el costado cuando estaba entregando
su vida en la cruz.
¿Quién es este hombre?
¿Una duda, una certeza, el reflejo de uno mismo?
¿Un arquetipo, algo que fue, o alguien que va a ser?
Nuestro Ser, se acerca con curiosidad, temor y expectativa, tres estados que
no inhiben un profundo respeto.
¿Quién es este hombre?
¿Un mito, resabio de antiguas escuelas mistéricas egipcias o griegas,
o un gran malentendido, el mayor de la historia?
¿Es mi naturaleza humana tomando conciencia de sí misma?
El hombre Jesús, como personaje histórico, es inalcanzable; no
hay forma alguna, dicen los historiadores, de establecer un orden cronológico
de la vida de Jesús, como así también es imposible comprobar
fehaciente-mente su existencia.
Sí sabemos, en cambio, por estudios históricos, que su actuación
debió de haberse dado tanto en el campo de lo religioso como en el campo
de lo político, dado que estos dos tópicos formaban en esa época,
una sola e indivisible realidad.
Nuestra programación, aquella a la que fuimos sometidos mediante nuestro
primer catecismo, cuando apenas teníamos ocho años, nos impide
pensar en un tiempo cíclico, y nos quedamos con una estructura lineal
del mismo, con un antes, un ahora y un después, ubicando a Jesús
en el pasado, y no logramos identificarlo hoy y menos aún pensarlo para
mañana.
Sin embargo hay un Jesús simple, que es el que no suprime el mal, sino
que lo asume.
Es el que sostiene con su vida lo que piensa y lo que dice, y sobre todo el
que ama a ultranza.
Es una historia sin venganzas.
Jesús no es un filósofo, es un hombre común, de trabajo,
que descubre en sí mismo algo más.
Gradualmente, dice el evangelio, "crecía en sabiduría y gracia
de Dios", y también en forma gradual aumentaba su desconcierto.
Veía cosas que otros no veían.
Busca su misión, y se va transformando poco a poco, en un transgresor.
Cura en sábado, tiene contacto con leprosos, no combate las presuntas
herejías, perdona a las adúlteras, se abre, integra, acepta a
los demás como son, y no pretende que los demás cambien para amarlos.
"Vengan a mí los afligidos, los perseguidos, los agobiados..."
Perdona pecados, devuelve la vista a los ciegos, tanto la de los ojos como la
del corazón, cala muy hondo en la naturaleza humana, y descubre que el
problema no es el Imperio Romano, sino, la opresión del hombre realizada
por otro hombre "lo que mancha al hombre, no es lo que entra a su cuerpo,
sino lo que sale de su corazón..."
Y así encuentra su Misión: Lograr que cada hombre supere su condición
de opresor, ya sea en acto, o ya sea en potencia, que trascienda su naturaleza
pre-humana (que es la nuestra
Nº 22 Setiembre 2003
actual), y que crucifique junto con él todo deseo
de dominar a su hermano, todo egoísmo, y que ingrese también junto
a él a la dimensión del amor.
Jesús no quería un resurgimiento religioso, quería terminar
con las religiones, en tanto y en cuanto oprimían al hombre, aliándose
a lo político y a lo económico.
Jesús quería una revolución total en la religión,
en la política, y en suma, en todos los órdenes.
Predicaba un orden nuevo: el reino de Dios.
El verdadero problema era y es la opresión, y la verdadera liberación
significaba asumir la causa del hombre en cuanto tal.
Amar a los enemigos, no por ser enemigos, sino por ser hombres.
Sin compasión, toda la política será opresora, incluida
la política revolucionaria de todos los tiempos.
Jesús supo todo esto, lo manifestó, y por eso lo mataron.
"Hemos visto como fue Jesús. Si deseamos ahora tratarle como nuestro
Dios, habremos de concluir que nuestro Dios no desea ser servido por nosotros,
sino servirnos él a nosotros; no desea que se le otorgue en nuestra sociedad
el más alto rango ni la más elevada posición, sino que
desea asumir el último lugar, y carecer de rango y de posición;
no desea ser temido ni obedecido, sino ser reconocido en el sufrimiento de los
pobres y de los débiles; su actitud no es la de la suma indiferencia
y distanciamiento, sino la de un compromiso irrevocable con la liberación
de la humanidad, porque el mismo eligió identificarse con todos los hombres
en un espíritu de solidaridad y de compasión.
Si esta no es una imagen veraz de Dios, entonces Jesús no es divino,
pero si lo es, Dios es verdaderamente más humano, que cualquier hombre.
Nº 22 Setiembre 2003
La Televisión y los chicos
La televisión en sí misma no es ni mala ni buena.
Como la mayoría de las cosas las hacemos malas o buenas de acuerdo al
uso que les damos.
Si la sociedad está alterada y se desenvuelve con violencia, la televisión
será violenta y alterada.
El último reducto donde formamos a nuestros hijos es la familia, todo
conduce allí al ámbito familiar, y es allí donde se desarrolla
la batalla final, que tendrá por resultado la buena o mala formación
de los menores.
Nuestros hijos valoran fundamentalmente nuestro ejemplo.
De nada sirve manifestar por una televisión menos violenta si nosotros,
sus padres, somos violentos.
El nivel de los programas se puede elevar con muy poco esfuerzo, porque ese
nivel actualmente es muy bajo, intentar un programa con buen teatro que se represente
una obra, se haga una crítica realizada por gente que sepa, especialistas
que tengan un mérito mayor que el de mostrar las piernas; se recuerde
así mismo la biografía del autor y se haga un debate posterior
donde la gente participe y que no gaste llamadas telefónicas para pronunciarse
por sí o por no, sobre temas mal tratados y peor elegidos.
Hacer un programa donde se realice la vida de diferentes hombres y mujeres sacando
conclusiones de sus errores y aciertos, serían ejemplos de lo que queremos
decir.
Por supuesto que el rating será mucho menor que el alcanzado por programas
estúpidos donde se idiotiza a la gente pero estamos hablando de la función
educadora que tendría que tener la televisión.
Las posibilidades de enseñar a través de la televisión
sin ilimitadas por eso cuando se ven esos programas de entretenimientos donde
se subestima la capacidad de los espectadores, exhibiendo situaciones degradantes,
el hombre medianamente formado se siente indignado..
Cuando uno ve por televisión temas interesantes tratados superficialmente
por periodistas improvisados cuyo único mérito es ser familiar
del productor o tener un buen par de pechos, también se siente indignado.
Los chicos carecen de poder de decisión en la mayoría de las cosas
importantes (o así tendría que ser), por eso es que: estén
lógicamente condicionados por las conductas y pareceres de sus padres
(los adultos). Por lo cual es conveniente guiarlos haciéndoles saber
el criterio que se tiene acerca de aquello que por televisión se ve.
En resumen: la televisión es un reflejo más de los miles de reflejos
que configuran una sociedad, ni buena ni mala, mejorable y utilizable para elevar
el nivel de conciencia de la población, pero tengamos bien claro que
lo que los chicos piden a gritos no es una televisión menos violenta
sino padres más maduros, menos estresados y fundamentalmente que luchen
no por sobrevivir sino por trascender.
Suple Setiembre 2003
A los maestros, con cariño
Pocos pensadores han tenido profundidad y han vivido tan oportunamente, como
Romano Guardini y Thomas Merton.
Ambos compartieron la angustia que embargó al hombre de posguerra del
45; y supieron orientar e iluminar ese camino que parecía tan oscuro
disipando todo el horror de una Guerra Mundial pasada y, toda la impotencia
de una Guerra Fría mucho más hipócrita y desgastante.
Siguiendo la línea de Jacques Leclercq, Romano Guardini le dio nuevos
ideales a toda la juventud universitaria de esos años, tratando sus temas
con una agudeza y una sobriedad, hasta hoy no igualadas.
Por su parte Thomas Merton nos maravilló con su "Montaña
de los Siete Círculos" y nos llenó de ganas de profundizar
nuestro cristianismo a través de experiencias de vida.
Para ambos mi más alegre recordatorio, los dos sin conocer a sus lectores
han formado toda una generación de "buscadores de Dios".
En consideración y recuerdo hacia ellos, quiero esbozar un par de reflexiones
sobre la vida espiritual.
Cada hombre nace dentro de un contexto cultural, en el que se destaca la religión.
En Occidente hemos nacido dentro del "cristianismo", que no es poco,
debemos profundizar a lo largo de nuestra vida esa religión, y considerarla
la plataforma de lanzamiento hacia nuestra vida espiritual.
La esencia del cristianismo, su meollo, se puede sintetizar en la siguiente
frase, proveniente de la primera Epístola de Juan: ... "Todo espíritu
que acepte que Cristo se encarnó, es de Dios"...
Vale decir que mientras no se niegue que Jesús es el Cristo encarnado
estamos dentro del cristianismo.
Buda decía: "Dios se encarnó en todos los hombres, pero muy
pocos lo saben".
La Iglesia nos recomienda que "seamos otros Cristos".
La Biblia nos informa: "Dioses sois".
Jesús nos dice: "Cosas más grandes que yo haréis".
Por último el Evangelio nos advierte: "Somos templos del Dios viviente"
y además Jesús dice a Felipe "quien me ve a Mí, ve
al Padre".
La oración última de Jesucristo fue: "Que todos sean uno
y que estén en Mí como Yo en vos", dirigiéndose al
Padre.
"Estoy afuera, si me abren haremos morada dentro de ustedes".
Todo conduce a la misma conclusión: ..."Dios tomó la naturaleza
humana".
No busquemos por lo tanto a Dios fuera de nosotros. Dios es nuestra conciencia
personal, que se va haciendo Cristo, tal como le ocurrió a Jesús,
y a través de esa conciencia que se va profundizando o elevando, según
se mire, nos descubriremos hijos de Dios y copartícipes de su divinidad.
"Ya no los llamo siervos, sino amigos", y para ser amigos debe necesariamente
existir un pie de igualdad.
Todos los hombres somos uno, sin perder nuestra individualidad, esto es el cuerpo
místico de Cristo que la Iglesia predica.
"El Reino de Dios está dentro de cada uno de nosotros".
Por lo expuesto, que cada hombre profundice su religión de origen, que
seguramente llegará a la misma conclusión y digamos con Jesús:
"Ha llegado la hora de adorar a Dios en espíritu y verdad".
Nº 23 Octubre 2003
El noble y el político
Hace tiempo que la nobleza dejó de existir.
Los títulos nobiliarios de antaño, se ganaban por acciones meritorias
realizadas por los futuros nobles, en el campo de la guerra, la política,
la religión, la economía y muchas otras áreas.
Así por ejemplo, el guerrero que lograba en España recuperar tierras
ocupadas por los moros, extendiendo la marca fronteriza, alcanzaba el título
de marqués.
El que "salvaba" a un monarca, manejando hábilmente sus economías,
logrando mantener llenas las arcas del reino, era compensado con el título
de duque.
Y así sucesivamente en otras situaciones descollantes.
Cuando estos títulos se hacen hereditarios, ya se hiere de muerte todo
el sentido de la nobleza, dado que no es seguro, ni siquiera a veces probable,
que un vástago herede las condiciones de su padre.
Esta situación desemboca en la Revolución Francesa de 1789, donde
el pueblo hace rodar junto con la cabeza de María Antonieta, la cabeza
también de toda la nobleza europea, extendiéndose luego al resto
del mundo.
Las épocas previas a esa revolución se caracterizaron por la abismal
diferencia entre unos pocos privilegiados, que poseían todo, y una masa
inmensamente mayoritaria que no disponía, ni siquiera de lo mínimo.
Existía también una total impunidad para los nobles.
Se había perdido la esencia de la nobleza.
El noble debía principalmente, defender y proteger a los vasallos.
Había entre noble y vasallo una relación de servicios recíproca.
Esta situación de abuso total y desmedido, trajo aparejada toda una época
de barbarie, donde fueron ajusticiados sin ningún tipo de miramiento,
justos y pecadores, por el sólo delito de pertenecer a la nobleza.
Herederos de esos nobles de ayer son los políticos de hoy.
Estos políticos, accedieron a la nobleza que les dio el manejo de la
cosa pública, se enriquecieron transformando los partidos políticos
en clubes de negocios, salvo honrosas excepciones, en función de sus
cargos y a expensas del hambre de los pueblos y por último agobiaron
a los trabajadores, con un sinfín de impuestos, que haría palidecer
de envidia, por su intrincada diabolicidad, a los nobles de antaño.
El problema es, que envilecidos en su lucha por acceder al poder, y luego más
envilecidos por mantenerse en ese poder, no se dieron cuenta que la historia
se repite y que estamos ya en vísperas de una nueva Revolución
Francesa, la cual hará parecer un cuento de hadas a la anterior y antes
citada de 1789.
Parece ser el destino del hombre evolucionar amontonando cadáveres, también
parece ser que se necesita varias experiencas similares, para aprender una misma
lección.
Sin embargo, la vida es rica en soluciones y precisamente nada apasiona más
a la Providencia que las causas perdidas.
Derecho Viejo Express Nº 24 Noviembre 2003
¿Jesús llamado Barrabás o Jesús
apodado el Mesías?
Dicen que Poncio Pilatos planteó al pueblo en un determinado momento
de su mandato en Judea, la opción en una pregunta que siguió resonando
a través de los siglos:
¿A quién eligen? ¿A Jesús llamado Barrabás
o a Jesús apodado el Mesías?
La cuestión era la vida o la muerte de un hombre, y era también
la encrucijada de toda existencia, que debe elegir entre el miedo y el amor.
Porque la violencia es como sabemos el efecto directo y primario del miedo.
Posiblemente el pueblo no eligió nada, porque casi con seguridad, no
fue consultado.
Los poderosos de turno optaron por seguir con el miedo y su hija predilecta:
la violencia.
La cuestión seguía planteada: ¿Rebeldía o Revolución?
Es fácil la rebeldía que se opone a lo que está, sin proponer
nada, y es difícil la revolución que encara algo nuevo.
Unas décadas después, Israel desaparecía, era arrasada
por una ola de violencia representada por las tropas romanas.
¿Qué hubiera pasado si ante la opción planteada se hubiera
favorecido al revolucionario galileo conocido más adelante como "el
Cristo".
Los futuros libres son imposibles de determinar en nuestro estadio de evolución.
¿Qué pasaría ahora si se destruyeran todas las armas y
se compartieran provisiones con todo el mundo, derrumbándose fronteras
y barreras ideológicas? ¿Qué predicamento tendrían
los Bush y los Bin Laden?
Esto que parece de tan imposible realización, está mucho más
cercano de lo que podemos imaginar.
El sistema de la humanidad actual está totalmente agotado, el ser humano
no soporta más guerras ni matanzas, su corazón no tolera más
miedos ni envidias.
Lo que actualmente vivimos, con asombro y repugnancia, con vergüenza ajena,
corresponde a los últimos embates de una fiera herida de muerte hace
dos mil años, y que nos vino ocultando su herida mortal, que ahora se
hace evidente.
Es la hora del hombre, no tengamos miedo a saltar este precipicio que se nos
aparece.
Del otro lado nos está esperando una dimensión mucho más
humana y mucho más divina, al decir de alguna teología, refiriéndose
a "Jesús , el Cristo", SOLO DIOS PODIA SER TAN HUMANO.
Nº 26 Enero 2004
¡Ay de los vencidos!
Existieron en la antigüedad, civilizaciones donde la esclavitud estaba
considerada como algo normal.
Era visto como natural que si una ciudad derrotada en una de las tantas guerras
que se realizaban permanentemente no pagaba los tributos impuestos por los vencedores,
fuera saqueada primero, y luego sus habitantes masacrados o vendidos como esclavos.
Igual destino corrían los prisioneros de guerra, sin ir más lejos
el mismo autor de "Don Quijote", estuvo cautivo de los moros al ser
tomado prisionero después de una batalla.
Hoy los tiempos han cambiado.
Ya no se habla de esclavos, y los únicos cautivos son algunos "mercados".
No hay saqueos ni matanzas por incumplimiento del pago de tributos, sin embargo
se evidencia, como en todas las épocas, la presencia de un pequeño
de opresores y de una gran masa de oprimidos.
En otros pretéritos tiempos, los vencedores cobraban sus acreencias,
en kilos de oro, pero sus balanzas funcionaban a favor de ellos.
Curiosa coincidencia con la actualidad, los intereses de intereses, la determinación
del riesgo país, las idas y vueltas de las Bolsas, los bonos y archi-bonos,
son todos elementos viciados de una fabulosa balanza totalmente ilegal, que
se regocija en cobros indebidos, generados por una deuda muy mal parida.
Honrar la deuda externa, es una frase que reemplaza en la sociedad de hoy a
aquella otra que nos enseñaron de pibes: "HONRAR PADRE Y MADRE".
Los derechos humanos politizados y al servicio de los poderosos, se enredan
en recordar hechos que dividen a la sociedad en vez de plantarse ante la ilegitimidad
de una exigencia indebida.
De cualquier modo, la evolución continúa, no se puede detener,
y eso lo saben los soba-fondos monetaristas del momento.
Saben estos "hombrecitos", que les queda poco hilo en el carretel,
saben que el Hombre Nuevo, está siendo dado a luz a nivel mundial y que
este orden viejo y caduco está condenado a su desaparición. Nunca
es tan feroz una bestia como cuando está herida de muerte.
Justos y Pecadores Nº 26 enero 2004
Los pobres, los ricos y el dinero
Todos, por el solo hecho de nacer sabemos que hay una sola cosa segura, y esa
cosa es la muerte. También sabemos que los bienes acumulados en esta
tierra no se pueden trasladar a otra dimensión después de la muerte.
Asimismo tenemos la convicción interna de que el dinero no hace la felicidad.
Sin embargo, a pesar de saber todo esto, le damos al dinero un valor tan excesivo
que hace palidecer otros valores primordiales.
El dinero es como la ropa: debemos llevarla holgada, ni ajustada porque se rompería
al agacharnos, ni muy grande porque pareceríamos payasos y además
sería sumamente incómoda.
Los pobres sueñan con el dinero, creyendo que su posesión los
haría felices, sin darse cuenta que la felicidad está al alcance
de sus manos, si valorasen lo que son, en vez de priorizar lo que no tienen.
Los ricos, que tienen la posesión del dinero, padecen soñando
que lo pierden por diferentes circunstancias, las más de las veces sino
descabelladas por lo menos injustificadas.
Así pasan la vida, unos y otros, soñando despiertos, y los atropella
la muerte sin encontrar la solución del pretendido enigma.
Pocos son los que tienen el manejo real de dinero, que no sueñan con
perderlo ni con tenerlo, pocos son los que conocen la energía del dinero.
Menos aún, son los hombres que saben que el dinero es un fruto, el fruto
del trabajo.
El dinero no obtenido del trabajo tiene energía negativa y de alguna
manera, tarde o temprano, perjudica a su poseedor. Una vez más los extremos
son malos, y la virtud está en el término medio.
Ni tanto ni tan poco.
Hay personas que pasan su vida detrás del dinero y, al lograrlo, descubren
que éxito y felicidad no es lo mismo. Otros, en cambio, temen toda su
vida perder sus posesiones y al ocurrirle esto, se dan cuenta que no era tan
importante.
Son los misterios de la vida.
Tampoco es cierto que el dinero calma los nervios, las clínicas psiquiátricas
están llenas de personas acaudaladas que todas las noches sueñan
quedarse en bancarrota.
No hay mejor dinero que el ganado con el sudor de la frente, es un fruto dulce
que nos satisfará muchísimo aunque fuera escaso.
En definitiva, es hora de que los que tienen más, repartan a los que
tienen menos; no por medio de una limosna carente de sentido común, que
engendra resentimiento en unos y sentimientos de desagradable piedad en otros,
sino mediante una racional redistribución, materializada en obras de
promoción humana tendientes a nivelar las posibilidades de los hombres.
Nadie puede ponerse dos camisas juntas en el mismo momento ni comer más
de una cena por noche. Tal vez al dar esa camisa y compartir esa cena, el rico
pierda el temor de quedarse pobre, porque de alguna manera empezó a manejar
ÉL su dinero y con eso perdió la energía negativa de la
acumulación infructífera.
Tal vez ambos, pobres y ricos, descubran un destino común en un nuevo
orden, donde las necesidades básicas estén garantizadas, no por
el estado, sino por la humanidad, que es muy diferente.
Y tal vez descubramos que en el término medio, una vez más está
la salud.
Nº 28 Marzo 2004
¿Quién es este hombre?
Esta es la pregunta que atraviesa toda la historia humana comos i fuera una
lanza, la misma lanza que traspasó el costado, cuando estaba entregando
su vida en la cruz.
¿Quién es este hombre?
¿Una duda, una certeza, el reflejo de uno mismo?
¿Un arquetipo, algo que fue, o alguien que va a ser?
Nuestro Ser se acerca con curiosidad, temor y expectativa, tres estados que
no inhiben un profundo respeto.
¿Quién es este hombre?
¿Un mito, resabio de antiguas escuelas mistéricas egipcia o griegas,
o un gran malentendido, el mayor de la historia?
¿Es mi naturaleza humana tomando conciencia de sí misma?
El hombre Jesús, como personaje histórico, es inalcanzable; no
hay forma alguna, dicen los historiadores, de establecer un orden cronológico
de la vida de Jesús, como así también es imposible comprobar
fehacien-temente su existencia.
Sí sabemos, en cambio, por estudios históricos, que su actuación
debió de haberse dado tanto en el campo de lo religioso como en el campo
de lo político, dado que estos dos tópicos formaban en esa época,
una sola e indivisible realidad.
Nuestra programación, aquella a la que fuimos sometidos mediante nuestro
primer catecismo, cuando apenas teníamos ocho años, nos impide
pensar en un tiempo cíclico, y nos quedamos con una estructura lineal
del mismo, con un antes, un ahora y un después, ubicando a Jesús
en el pasado, y no logramos identificarlo hoy y menos aún pensarlo para
mañana.
Sin embargo, hay un Jesús simple, que es el que no suprime el mal, sino
que lo asume.
Es el que sostiene con su vida lo que piensa y lo que dice, y sobre todo el
que ama a ultranza.
Es una historia sin venganzas.
Jesús no es un filósofo, es un hombre común, de trabajo,
que descubre en sí mismo algo más.
Gradualmente, dice el evangelio, "crecía en sabiduría y gracia
de Dios", y también en forma gradual aumentaba su desconcierto.
Veía cosas que otros no veían.
Busca su misión, y se va transformando poco a poco, es un transgresor.
Cura en sábado, tiene contacto con leprosos, no combate las presuntas
herejías, perdona a las adúlteras, se abre, integra, acepta a
los demás como son, y no pretende que los demás cambien para amarlos.
"Vengan a mí los afligidos, los perseguidos, los agobiados…"
Perdona pecados, devuelve la vista a los ciegos, tanto la de los ojos como la
del corazón, cala muy hondo en la naturaleza humana, y descubre que el
problema no es el Imperio Romano, sino, la opresión del hombre realizada
por otro hombre "lo que mancha al hombre, no es lo que entra a su cuerpo,
sino lo que sale de su corazón…"
Y así encuentra su Misión: Lograr que cada hombre supere su condición
de opresor, ya sea en acto, o ya sea en potencia, que trascienda su naturaleza
pre-humana (que es la nuestra actual), y que crucifique junto con él
todo deseo de dominar a su hermano, todo egoísmo, y que ingrese también
junto a él a la dimensión del amor.
Nº 29 abril 2004
Jesús no quería un resurgimiento religioso,
quería terminar con las religiones, en tanto y en cuanto oprimían
al hombre, aliándose a lo político y a lo económico.
Jesús quería una revolución total en la religión,
en la política, y en suma, en todos los órdenes.
Predicaba un orden nuevo: el Reino de Dios.
El verdadero problema era y es la opresión, y la verdadera liberación
significa asumir la causa del hombre en cuanto tal.
Amar a los enemigos, no por ser enemigos, sino por ser hombres.
Sin compasión, toda la política será opresora, incluida
la política revolucionaria de todos los tiempos.
Jesús supo todo esto, lo manifestó, y por eso lo mataron.
"Hemos visto como fue Jesús. Si deseamos ahora tratarle como nuestro
Dios, habremos de concluir que nuestro Dios no desea ser servido por nosotros,
sino servirnos él a nosotros; no desea que se le otorgue en nuestra sociedad
el más alto rango ni la más elevada posición, sino que
desea asumir el último lugar, y carecer de rango y de posición:
no desea ser temido ni obedecido, sino ser reconocido en el sufrimiento de los
pobres y de los débiles; su actitud no es la de la suma indiferencia
y distanciamiento, sino la de un compromiso irrevocable con la liberación
de la humanidad, porque él mismo eligió identificarse con todos
los hombres en un espíritu de solidaridad y de compasión.
Si esta no es una imagen veraz de Dios, entonces Jesús no es divino,
pero si lo es, Dios es verdaderamente más humano, que cualquier hombre.
Nº 29 abril 2004
Los memoriosos
Cuentan los memoriosos, o mejor dicho algún memorioso de los pocos que
quedan, que en un lejano país, hace mucho tiempo atrás, vivía
un anciano, conocido con el nombre de Bakumatsu, quien era considerado el hombre
más extraño de ese lugar.
Este anciano vestía a la usanza de los más pobres de la comunidad,
no se le conocía domicilio, vivía aquí o allá, y
por esto y otros motivos era considerado "el loco del pueblo".
En cierta ocasión (una de las pocas en las que habló), relató
historias de otros mundos o dimensiones, "pero todas de acá",
decía Bakumatsu.
Contaba que él estaba a cargo del pueblo, y que si se dormía o
parecía dormir, en realidad estaba armonizando en más o en menos,
todas las energías de los habitantes; contaba también que si se
despertaba sediento, todo andaba bien, pero si al levantarse por la mañana
no tenía ganas de beber agua, algo malo rondaba y debía apurarse
a nivelar, no sé qué fuerzas.
En fin, estaba loco de remate, y por ese motivo una comisión de notables,
(todos miembros de todas las comisiones, habidas y por haber del pueblo), decidieron
que no podían convivir, ellos que tan bien pensaban, con ese loco, que
aunque aparentaba inofensivo, uno nunca sabe...
Bakumatsu fue detenido, por algún policía que "recibía"
órdenes, y llevado como si fuera un criminal común, ante el juez
de turno.
"Su trabajo consistía en cambiar mal por bien, y lo explicaba diciendo
que él veía y recibía lo negativo y que lo permutaba o
trocaba en positivo; decía que era fácil, que todos podían
hacerlo, pero que no sabía por qué solamente él lo hacía..."
Sus ojos se iluminaban y hacía ademanes que indicaban trueque o cambio,
y después decía "si me despierto con sed va todo bien..."
_¿Y si no tiene sed? _le preguntó el juez.
_"Si no hay sed, algo anda mal, pero no es difícil corregirlo".
_¿Cómo? _balbuceó el juez.
_"Fácil se corrige, buscando la armonía..."
El pueblo estaba convulsionado, los notables, iban y venían buscando
qué pena aplicar a este "pobre y loco anciano".
Por fin el abogado (que siempre los hay, y siempre están presentes),
haciendo gala de sus conocimientos y prudencia, sugirió discretamente
al juez, que si el viejo estaba loco era inimputable (no era responsable de
sus actos), de forma tal que la solución era el manicomio del pueblo
vecino, y luego de un breve pero nutrido debate, luego del pago de los sellados
correspondientes (que por supuesto pagó la comuna), se dictó la
sentencia.
Y allí fue llevado.
La única visita que recibía el anciano en su habitación
era la de un delegado, de un reciente grupo de lugareños convertidos
al catolicismo, que curiosamente era quien lo había denunciado en su
oportunidad, diciendo que la actividad del viejo era cosa del demonio; y lo
visitaba regularmente para cumplir con el mandamiento de Jesús de visitar
presos y enfermos.
_"Es urgente, tengo que armonizar",
_"Es urgente, tengo que armonizar".
_"Es urgente, tengo que armonizar".
_Es lo único que repite desde ayer, le comentó un médico
al joven delegado católico, y además agregó el facultativo,
rechaza el agua.
Nº 30 Mayo 2004
_¿Qué quiere armonizar, Bakumatsu?, _le
inquirió el médico.
_"Es urgente, el tiempo es muy bueno, hay que armonizar, llévenme
a mi pueblo"¨.
_¿No puede armonizar desde acá?, _dijo socarronamente el joven
delegado.
Y haciendo gala de una cordura y de una coherencia total, el viejo le contestó:
_ "Eso vengo intentando desde ayer, pero sigo sometido a los problemas
del espacio, y no puedo superar esa categoría. Llévenme al pueblo,
es urgente. El tiempo es muy bueno y eso no está bien".
Por supuesto el viejo fue drogado y puesto a dormir para relajarse, según
estrictos principios médicos.
Y el joven, al salir sonriendo, pudo ver a la distancia lo que fue más
tarde definido como "hongo atómico", junto con un ruido ensordecedor,
que provenía precisamente de su pueblito, Hiroshima.
Post data:
El informe de la Fuerza Aérea Norteamericana manifestó que se
eligió la población de Hiroshima, por las excelencias condiciones
climáticas que reinaban ese día.
Otros no menos memoriosos, que los que recuerdan estos hechos, dicen que en
realidad, el lugar ya estaba elegido y que era el corazón del cristianismo
en Japón (quizás alguna factura que se le pasó a la Iglesia
por los descuidos de Pío XII, quizás...)
Nº 30 Mayo 2004
Estar Siempre
Aquí estoy.
Aquí estoy para escucharte.
Aquí estoy para ayudarte.
Estoy disponible para vos, para oírte, para que lloremos juntos o para
que juntos nos matemos de risa.
Podés contar conmigo en las buenas y en las malas.
Mis talentos están a tu disposición.
Mi teléfono siempre funciona, y yo siempre estoy.
Son frases que generan confianza, son frases que generan apoyo, son frases que
en definitiva lubrican todas las relaciones humanas habidas y por haber.
A veces tenemos la sensación de vivir en una sociedad de fugitivos, donde
los hombres vivimos huyendo, haciéndonos negar, escondiéndonos
detrás de un teléfono generalmente celular.
Y cuando un hombre quiere hablar con otro, lo hiere de muerte la voz monótona
de un contestador automático.
Las secretarias desconectadas que ejecutan órdenes más desconectadas
todavía, en atención al principio de obediencia debida, compiten
en la huida con sus propios mandantes; todos huyendo en definitiva, de la vida.
Y estos hombres fugitivos, navegando sin brújula y sin timón,
desconociendo su origen y su fin, creen estar en el siglo de la comunicación,
solamente porque les cuelga como si fuera un apéndice antinatural un
teléfono celular, desde donde puede ejercer su único poder, el
de negarse a atender.
Me recuerdan a Caín, cuando interrogado por Dios, respondía: _¿Soy
yo acaso, el guardián de mi hermano?
Y la respuesta que la humanidad y la naturaleza toda, sabían, esperaban,
y deseaban era: ¡Sí por supuesto!, somos responsables recíprocamente
los unos de los otros, y en esto involucramos a toda la creación.
La responsabilidad del hombre nace con su libertad y esa responsabilidad supone
estar disponible para su hermano.
El hombre en todas sus actividades tiene que estar, estar para los demás.
El padre estar para sus hijos, no es cuestión solamente de darles el
alimento material.
El médico tiene que estar para sus enfermos, no es cuestión solamente
de recetarle medicamentos.
El abogado tiene que estar para sus clientes, no solamente para representarlos
en un juicio.
Y así el hombre en todos sus roles debe estar disponible para el hombre.
El hombre tiene que estar, no puede pasar su vida huyendo.
La consecuencia de su libertad es la responsabilidad que esta engendra.
Si no aceptamos nuestra responsabilidad, es que no queremos nuestra libertad.
Debemos esforzarnos por superar la programación a la que fuimos sometidos,
haciéndonos creer que era posible vivir en libertad, sin amar la responsabilidad
que esa misma libertad supone.
Nº 32 Julio 2004
Otra vez el Fuego
Hemos pasado el año 2000 y con ello hemos comenzado un nuevo milenio.
Siempre ha ocurrido, de acuerdo a lo enseñado por la historia, que en
vísperas de un nuevo siglo, la humanidad se preocupa, máxime si
lo que cambia además del siglo es el milenio.
De este modo, todas las "Profecías" que anduvieron pululando,
son en su mayoría coincidentes en lo que al año 2000 se refiere.
Describen una época de grandes padecimientos para los hombres y hablan
del fin del mundo.
Estamos de acuerdo en que la humanidad está sufriendo mucho, pero esto
no es privativo de estos años, recordemos sin ir más lejos las
dos guerras mundiales que ocurrieron ya hace tiempo.
Estimamos que las profecías son metafóricas, vale decir que no
hay que tomarlas literalmente, así entendemos que anuncian el fin de
algo, y ese algo es: el fin de la actual forma de pensar.
El hombre debe comprender gradualmente, pero en forma acelerada que es uno con
todos sus semejantes, que es uno con Dios que es uno con la naturaleza, y buscar
a Dios dentro de sí mismo.
El fin del mundo, tan anunciado, es nada más y nada menos que el fin
de la óptica mezquina del hombre moderno, que centró todo en lo
económico, en la acumulación de bienes materiales, y en la obtención
de poder bajo cualquier forma y circunstancia.
El mundo no se acaba, nos acabamos nosotros si no adoptamos un nuevo enfoque
de nuestra vida y de su proyecto.
Conocernos a nosotros mismos, que el "reino de Dios" (dimensión
espiritual) está dentro nuestro.
Darnos cuenta que somos parte unos de otros. Abrirnos definitivamente al nosotros,
olvidándonos del yo, que tanto daño nos hizo y sobre todo ver
a Dios en el otro.
Occidente debe darse cuenta que Dios se encarnó, que Jesús es
Dios pero que también es hombre.
Y Jesús fue el primero y nosotros todos atrás también como
templo viviente de Dios.
Estamos en una curva de la historia, en las curvas hay que concentrarse, pilotear
bien y acelerar.
Si superamos este período crítico, si tomamos conciencia que el
modelo que nos enseñaron está obsoleto y caduco, si descubrimos
nuestro rol de co-creadores, buscando a Dios dentro nuestro y no afuera, entonces
la humanidad habrá descubierto por segunda vez el fuego, pero esta vez
el fuego sagrado.
Nº 33 Agosto 2004
Tiempo de inseguridades, turno de la Iglesia
Daría la impresión que desde el comienzo del siglo XXI se resquebrajaran,
paulatina y progresivamente, todos los órdenes constituidos.
Esto me recuerda la escena más célebre de la cinta sonora y parlante,
conocida en estas latitudes como "Lo que el viento se llevó",
que rememora la evacuación de una ciudad del sur de los Estados Unidos
de Norteamérica, cañoneada sin piedad por la artillería
norteña: _Vea los soldados que se retiran de la ciudad, con ellos se
va el orden y la seguridad..._
Y con el siglo XX vuelve a darnos la impresión, reitero, que se fue lo
que quedaba de orden, de respeto, de racionalidad.
Se acabaron los estadistas, se acabaron las ideas claras, los ideales, y la
pregunta que atraviesa la sociedad es: ¿qué nos pasó? ¡Nos
pasó la vida!
Por supuesto vendrán comentarios más o menos agudos, más
o menos profundos, inteligentes, comentarios que evidenciarán un gran
conocimiento político, económico, sociológico, etc., etc.,
etc., y otro etcétera más..., pero a la hora de las definiciones,
simplemente: "nos pasó la vida"; tomamos consciencia, maduramos,
evolucionamos, "nos pusimos los largos", "nos empezamos a afeitar",
o para lograr una comparación más de acuerdo con los tiempos feministas
que corren, simplemente "nos pusimos los de tacos altos".
El mundo como era ya no nos sirve.
Y no nos resignamos a seguir para adelante, queremos volver al pasado y lo añoramos;
y nos lamentamos tratando de consolarnos recíprocamente: que antes era
mejor, que había más ideales, más seguridad....
En realidad el mundo no cambia, siempre es igual, fundamentalmente: imprevisible.
El mundo no cambia, es un caos, pero es bueno que sea así; esto nos transmiten
todos los mitos sobre la creación y nuestra propia intuición también
lo confirma.
Un mundo imprevisible, no es precisamente un mundo seguro, o por lo menos no
es lo que responde a las condiciones que nosotros pretendemos de la seguridad;
los que cambiamos somos nosotros, y ahora nos damos cuenta de que este sistema
que oportunamente escogimos, y fuimos delineando, casi diría artesanalmente
de "creación desacralizada", junto con una programación
feroz para el éxito material y no para la felicidad, no sirve más.
Es mentira que los desocupados (ya de segunda generación en algunos países)
vayan a recuperar el entusiasmo por el trabajo. No vamos a ser más como
nuestros abuelos inmigrantes, que trabajaban de sol a sol, por la sencilla razón
de que evolucionamos, hacia otras metas y hacia otros ideales, todavía
neblinosos, muchas veces indefinidos, pero siempre en suma poco claros...
Sistemáticamente vamos demoliendo todos los referentes que teníamos,
es como si fuera una nube o una corriente que todo lo devora: ideales, modelos,
fuerzas de seguridad, políticos, profesionales, religiones, instituciones
de todo tipo y color, son literalmente consumidos desde sus bases mismas por
este magnífico inquisidor, mezcla de profeta y piquetero que somos, en
suma, todos. Es el canto del rinoceronte, que nos va hechizando, tal como decía
Ionesco; todos nosotros representados en una opinión pública moldeable
y prefabricada, imposible de aceptar unas décadas atrás.
Nº 34 Setiembre 2004
¿Y qué hay detrás de todo esto?
Siempre lo mismo, desde que el mundo es mundo: opresores y oprimidos; pocos
opresores, muchos oprimidos.
¿Evolución, escisión, metanoia, supervivencia de los más
aptos?
Tiempo de inseguridades, de mudanzas y de re-cambio...
Epocas en las que todo parece desvanecerse, evaporarse, diluirse...
No encontramos de dónde asirnos, perdimos la manija...
Aplicamos sin conocer, las leyes de los opuestos, nos manejamos destruyendo
en forma pendular lo que hasta ayer estaba edificado y consolidado. Así
pasamos, por ejemplo, de fuerzas armadas soberbias a fuerzas armadas humilladas,
de iglesias gloriosas a iglesias prostituidas... Lo importante para el opresor
es que el oprimido pierda la fe.
Sistemáticamente fuimos destrozando todo, porque el objetivo final es
la humillación del hombre (y por favor dejemos de pensar que este escrito
está relacionado solamente con nuestro país, este fenómeno
es universal), basta con leer diarios de cualquier latitud para, entre líneas,
descubrir que el objetivo es exhibir la degradación humana.
Y ahora el turno es de la Iglesia.
Ya con la caída del Imperio Romano, el cristianismo se constituyó
en refugio y sostén de valores, tanto morales como humanos de todos los
órdenes; y esa Edad Media oscura se transformó en un Renacimiento
floreciente, donde la locomotora del tren de la humanidad era precisamente la
Iglesia. Hoy esta Institución es agredida (en realidad siempre fue agredida),
pero hoy lo es en forma evidente, y los peores agresores son, muchas veces,
los mismos oprimidos, quienes descubren en la Iglesia su faceta de opresora.
Los hombres evolucionan, es una ley inmutable, de esas leyes que la Providencia
echa a rodar y que no se pueden detener...
El hombre evoluciona consciente o inconscientemente. Evolucionan los opresores
y evolucionan los oprimidos; la lluvia, dice el Evangelio, cae sobre justos
y pecadores, y la lluvia hace crecer las plantas y en este caso hace crecer
a los hombres.
Los que atacan a la Iglesia ignoran que ésta, siempre salió fortalecida
de las persecuciones.
Se resquebraja la Iglesia exterior, la institución, con minúscula,
manejada por hombres comunes, muchas veces adictos al poder, y acostumbrados
al sojuzgamiento (tanto propio como de sus semejantes); se hace fuerte, en cambio,
la Iglesia-Humanidad, el Cuerpo Místico de Cristo, el conjunto de todos
los hombres, opresores y oprimidos.
En la medida en que cada uno de nosotros nos identifiquemos con el Cristo resucitado,
y no sólo seamos imitadores del Jesús histórico, y descubramos
al Siervo sufriente, que habita en cualquier lugar de la creación y que
nos espera para padecer con Él, el número de opresores y de oprimidos
disminuirá, y tal vez nos descubramos ingresando en la dimensión
espiritual, a la que fuimos invitados simplemente, al indicarnos que buscáramos
el Reino de Dios, dentro de cada uno de nosotros.
Descubramos el opresor que llevamos dentro, ésa es nuestra verdadera
batalla, no importa si somos de izquierda o de derecha, pobres o ricos, sanos
o enfermos. Yo sólo puedo luchar contra mi propia fantasía de
separatividad y de opresión. Oprimo al otro en la medida en que lo quiero
hacer mi objeto, controlarlo, inhibirlo, asustarlo, en suma, tenerlo de rodillas.
Esta es la verdadera batalla interior, madre de todas las batallas, única
digna de ser luchada por cada uno de nosotros en su interior. Si el hombre no
entiende esto, la evolución va ser más larga y dolorosa; en la
medida en que proyecte su problemática de opresión en el otro,
la solución se va a dilatar.
Quiera la Providencia, gran postergada de nuestros tiempos, acelerar el proceso
de evolución individual de todos y cada uno de nosotros, en el descubrimiento
del yo individual, que adquiere su ser en Dios.
Nº 34 Setiembre 2004
Dios suele llamarse Hombre
Dios es negro, indio y judío
discapacitado, homosexual y asalariado,
piquetero, profesional, sacerdote,
rico, pobre,
gobernante y gobernado.
Es hombre, mujer y niño.
Por si no lo entendemos: SE ENCARNÓ.
También es chino, iraquí y protestante
cubano, japonés, boliviano.
Es una vieja marroquí,
y una piba de veinte,
un jubilado estafado,
un juez corrupto
y hasta un juez honrado.
Por si no lo entendemos: SE ENCARNÓ.
No lo busquemos arriba,
no lo busquemos afuera.
Se encarnó en vos y en mí,
en Bush, en Saddam,
y en el tipo de al lado,
por eso es que a veces,
sólo a veces,
se lo ve muy cansado.
En Israel, Dios es palestino,
en la Alemania de Hitler
era judío,
es negro en Sudáfrica
y en la Argentina
es indio.
Nº 35 Octubre 2004
El Ser, desbloqueado, se despereza, y comienza a vivir...
Cuando frenamos nuestro trajín diario, dejamos
el frenesí de lado, y nos sentamos, siendo conscientes de nuestra respiración,
inevitablemente entramos en el silencio.
Un silencio concurrido de recuerdos, de temores y expectativas.
Cuando uno empieza a practicar equitación, lo primero que debe demostrarle
al animal es quién tiene las riendas, y al entrar en el silencio, ocurre
lo mismo; hay que demostrarle a la mente (que es nuestro caballo) quien es el
que maneja las riendas, esto se realiza fijando la atención en la repetición
conceptual del pensamiento "Quien soy realmente yo".
Se va produciendo así, gradualmente, un asentamiento, como si pusiéramos
agua y arena en un recipiente, después de agitarlo, al dejarlo en reposo,
baja la arena.
La mente descansa, el cuerpo descansa, lo emocional reposa, y el ser, desbloqueado,
se despereza y comienza la verdadera vida.
A través del túnel del silencio, llegamos a nuestro ser, que se
nos presenta como el genio de Aladino, magnífico, nos saluda como si
nos conociera de otras vidas y dimensiones, y comienza la aventura de vivir.
Rápidamente, como en una pizarra electrónica, cambian las ubicaciones
en la tabla de valores.
Lo que hasta ayer era importante hoy cotiza muy bajo, y viceversa, lo que en
la víspera era estiércol en la actualidad es oro en polvo.
Diferenciamos ser de tener y dar de recibir, y avanzamos hacia la triple identidad,
modelo de salud: Pensar, decir y hacer lo mismo, sin dobles intenciones.
Todo adquiere un color diferente, como dice la canción y hasta la misma
gente no parece igual.
Y ahí vamos en el camino de la evolución, caminando, arrastrándonos,
o de rodillas a veces, y otras deslizándonos como en un tobogán.
Pero siempre hacia adelante.
Esta es la verdadera aventura humana, conocerse a sí mismo, que es igual
que conocer al otro y en suma conocer a Dios.
Ante la certeza total y definitiva de tener que enfrentar más tarde o
más temprano, el paso inevitable de la muerte, nuestro mayor temor, es
el de perder nuestra identidad personal.
No es fácil manejar esta certeza, pero en realidad con el acontecimiento
de la muerte, no sólo no perdemos nuestra identidad, sino que recobramos
nuestra verdadera esencia.
Lo que se pierde con la muerte, es todo lo relativo a nuestra encarnación,
que de hecho, es como si fuera un sueño.
Cuando experiemtamos nuestra identidad espiritual, realmente somos.
Lo interesante del caso, y lo aconsejable, es tratar de recuperar esa identidad
lo antes posible, y no esperar el momento desencadenante de la muerte.
Esta identidad buscada es más globalizadora, y es en suma la identificación
con el uno.
El ser es uno.
La madurez es en definitiva la aceptación de esta realidad, morir gradualmente,
logrando la desaparición del yo psicológico, y accediendo al verdadero
ser.
La vida no tiene límites, crecerá indefinidamente, con nuestro
consentimiento, o sin él.
Es destacable observar que las fronteras del ser humano no son los límites
de su cuerpo.
La evolución continúa hacia adentro del hombre.
Debemos recuperar la objetividad, desterrar lo subjetivo y lo meramente personal.
La vida es eterna, y la vida humana evi-eterna, vale decir que el hombre tuvo
un principio pero no tiene final.
En plan de abundamiento, debemos diferenciar el mundo material, del mundo mental,
y ambos del mundo espiritual.
Estas condiciones y algunas otras más, son necesarias para evolucionar
espiritualmente. Y esta búsqueda de trascendencia y de realización,
constituye la verdadera y única gran aventura del hombre.
Nº 36 Noviembre 2004
El Protagonismo es la Evolución
Adiós a la historia, adiós al símbolo, sí a la vida,
sí al protagonismo.
Fatigados y desencantados como estamos, es difícil hacer una aproximación
profunda acerca de las próximas fiestas de Navidad.
Acostumbrados a no creer, dominados por una cultura de mentiras, donde los hombres
políticos (supuestos líderes de las sociedades) confiesan públicamente
que mienten para alcanzar sus objetivos, (objetivos por otra parte, que favorecen
solamente a determinados grupos minúsculos de poder) sin importarles
para nada el valor moral o si se quiere esencial de la verdad. Alejados de lo
ritual, por haber comprobado su opacidad y su falta de contenido, nos encontramos
exhaustos ante una nueva Navidad.
Sin embargo está ahí el Evangelio, nuestro viejo y querido compendio
de sabiduría, que nos sigue mostrando hasta el hartazgo la verdad a descubrir;
y dentro del Evangelio como nunca, como siempre, la figura de María,
(la nueva Eva de esta historia sin fin) virgen y madre, símbolo evidente
de la unión de los opuestos, representante indiscutida de un género
humano por venir, manifestándose siempre y a través de los tiempos
en el silencio.
Donde está María, está el silencio, la soledad y el servicio;
está el misticismo, única realización del hombre. Solamente
quien llega virgen de conceptos sobre Dios, puede albergar en sus entrañas
al propio Dios; un solo concepto, una sola imagen, un solo "tal vez",
le hubiera impedido quedar embarazada.
Y después de la Virgen, nosotros, siguiendo exactamente el mismo camino.
Quizás nos llegó, igual que a ella, el momento de parir, de parirnos,
de "renacer de lo alto". Quizás el Nicodemo, que todos tenemos
adentro, y que se llama intelecto, ponga algunas objeciones, pero a la corta
o a la larga, se impone la entrega: el "hágase tu voluntad".
El mundo no cambió demasiado desde el nacimiento de un hijo, allá
en Palestina; tampoco Él logró mucho con su muerte en el ámbito
del mundo exterior, el hombre sigue oprimiendo al hombre, pero aún así
siempre hay alguien, siempre hay algunos que sienten y sentimos que la plenitud
de los tiempos va llegando, que nos va llegando; y esta plenitud no se va a
manifestar en los hechos externos, sino en la interioridad de cada hombre porque
"nuestro reino no es de este mundo".
Ya carece de importancia demostrar una existencia histórica, ya carece
de importancia interpretar una simbología más que evidente; lo
que vale ahora es la certeza que genere la sabiduría. Pasó el
tiempo de la fe, pasó el tiempo de la creencia. Al hombre ya no le sirve
creer, le sirve saber.
O supera el miedo y nace, o queda enredado en su propio cordón y muere.
Así de simple, como la vida. El nacimiento y la muerte, juntos, dentro
de la gran vida, como pasos sucesivos de la misma danza, y de la misma contradanza.
Volver al Evangelio de la vida, recuperar la esencia, entrar en la habitación,
cerrar la puerta, y dirigirse al Padre que está en la oscuridad; y en
el secreto alcanzar la plenitud. Descubrir en Dios, otros Cristos, siendo todos
el mismo.
Por eso en Navidad no festejemos el nacimiento de un hombre que murió
hace dos mil años, ni tampoco busquemos un simbolismo que represente
la realidad de un hombre nuevo, vivamos esta Navidad, simplemente, como la viven
los pibes, yendo a encontrarnos con lo desconocido, yendo a encontrarnos con
nosotros mismos, sin conceptos, sin imágenes; dándonos cuenta
que solamente podemos alcanzar nuestro Ser en la convivencia con el Ser de lo
trascendente. Quedémosnos asombrados y maravillados, al descubrir que
somos otro Cristo, y que dentro nuestro, muy adentro, nuestro Padre que está
en lo escondido, nos hará escuchar a cada uno y en forma muy especial,
que somos "su hijo muy amado, en quien tiene puestas todas sus complacencias".
"No los dejaré huérfanos, sino que volveré a ustedes.
Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes me verán,
porque yo vivo y ustedes también vivirán. Aquel día comprenderán
que yo estoy en mi Padre y ustedes están en mí, y yo en ustedes...
Me voy, pero volveré a ustedes". (Juan XIV, 18-30)
Nº 37 Diciembre 2004
Muchísimas ganas de Vivir
Dicen los místicos que una de las consecuencias o efectos de la meditación,
es recuperar las ganas de vivir; vale decir, al ir conociendo, por evidencia
las leyes espirituales, se produce una limpieza (aunque sea precaria) de la
mente. Este ordenamiento lleva al que medita a dudar, primero gradualmente,
pero luego en forma definitiva, de la validez de la persecusión de placeres.
De esta forma dejamos esta carrera, que invariablemente nos deja más
vacíos y decepcionados para dar paso a la experiencia, totalmente novedosa
de las ganas de vivir.
"... vine a traer vida, y vida en abundancia..."
"... si conocieras mi poder yo te daría un agua, que al beberla
nunca más tendrías sed..."
"... de sus entrañas, saldrán ríos de agua viva..."
Nº 38 Enero 2005
Lo Importante es la Certeza
Pocas cosas en la vida son más dañinas que el auto-engaño.
Pocas cosas en la vida son más tristes que el querer y no poder.
Y no son pocas también, las cosas en la vida por las cuales se distingue
un hombre maduro de uno inmaduro.
La soledad en el ser humano no es un estado transitorio o un problema que haya
que resolver. La soledad en el hombre es su última y más profunda
realidad. Y está solo el que cree. Y está solo también
el que no cree.
Asumir esa soledad, es tal vez uno de los actos más maduros del hombre.
Y la soledad no es mala.
Thomas Merton, en la cumbre de su misticismo decía que cuando entraba
en su soledad, dejaba por fin de ser un solitario.
Creer o no creer no cambia la situación final y decisiva del ser humano,
en lo que se refiere a su soledad.
Simone Weil, nos dice para esclarecernos aún más que en lo que
respecta a las cosas de Dios, la fe no es adecuada, solamente lo es la certidumbre.
Cualquier cosa inferior a la certeza, no tiene el mínimo valor en las
cosas de Dios.
Creer o no creer no influye en nada para paliar el estado de soledad del hombre.
La soledad no aceptada, transforma al hombre en sombra histérica de lo
que debería ser.
El camino para llegar a la soledad total y absoluta es el de todos los que dicen
creer, como los que dicen no creer, tanto unos como otros, unos por exceso y
otros por defecto, ignoran que la soledad es plenitud. Nada, absolutamente nada,
puede cambiar la realidad.
En esa soledad impuesta y deseada, descubrimos que somos imagen y semejanza
de un Dios, que es tres y uno. Un Dios que es con su hijo, y es uno con todos
los hombres, sin perder la característica de definitiva soledad.
Jesús experimentó la soledad a lo largo de toda su vida y la padeció
en forma absluta en la cruz cuando su Padre no vino a salvarlo, nosotros la
vivimos en el dolor y en la alegría por igual, todos los días
de nuestra existencia.
Creer o no creer no significa nada, son caras antagónicas de una misma
moneda falsa. Lo importante es la certeza que experimentamos cuando tomamos
conciencia de nosotros mismos. Allí es donde terminan las palabras y
las discusiones y simplemente somos.
Somos solos, rodeados de la más absoluta soledad, y es en esa soledad
donde descubrimos la plenitud definitiva que es nuestra participación
en la soledad de Dios.
Nº 39 Febrero 2005
Cargando con los pecados del mundo
Cuesta al hombre entender ideas, tal como la que se expresa en el título.
Estamos hartos de nuestra condición de pecadores; tan hartos estamos
que a veces acariciamos la idea de que el pecado fuera solamente simbólico.
Algo anda mal dentro del hombre (lo que mancha al hombre es lo que sale de su
corazón...) Podemos llamarlo si nos sentimos más liberados, en
vez de pecado, etapa negativa de la evolución.
En alguna parte del evangelio, leemos que Jesús cargó con los
pecados del mundo y además, y en virtud de eso, nos redimió.
Y nuestra programación nos remite a la cruz y a la resurrección.
Y consideramos que la redención ocurre con la muerte de Cristo, y su
posterior resurrección; muchos hombres a lo largo de los tiempos, han
sufrido más que Jesús: más tiempo de prisión (a
v eces toda la vida), campos de concentración, torturas sistemáticas
y organizadas, tanto físicas como psicológicas; nuestro primitivismo
identificó la redención con la muerte-resurrección de Jesús,
sin embargo sería minimizar su vivencia atribuirla a los sufrimientos
físicos emergentes de estos hechos.
¿Qué significa cargó con los pecados de la humanidad?
¿Qué significa que Dios es un Dios vivo y de los vivos?
El inicio de la vida, el verdadero nacimiento es el renacer de lo alto, y tal
vez estemos confundiendo la vida con el nacimiento físico, tal vez...
Y Dios se sigue preguntando ¿cómo hacer para hablar con el hombre,
sin que a éste se le inflen los cachetes y se crea un ser superior?
Dios está ansioso de hablar con el hombre, pero el hombre no lo escucha
(está muy ocupado corriendo detrás del confort)
¿Qué es la redención?
Dios nos redime de NO-SER, tal vez...
Cargamos ese pecado con él, cuando nos enteramos de las atrocidades realizadas
por el hombre, muchas veces incluso, en nombre de Dios y de la humanidad...
Cuando Dios nos cuenta ciertas cosas, nos despierta sensaciones indecibles,
tal vez de tristeza, de impotencia, tal vez nos haga pasear al borde de la locura...
tal vez.
La vida de superficie es un callejón sin salida, termina en el absurdo,
la decrepitud y la muerte. Tal vez no se pueda repetir, o tal vez sí.
¿Cuántos muertos vemos a diario?, empezando muchas veces con el
que vemos en el espejo al levantarnos (dejen que los muertos entierren a sus
muertos).
Cuando el hombre se descubre a sí mismo, renace de lo alto. La vida aparece,
estuvo siempre, pero aparece ahora, colmada, amplia, generosa.
No podemos demostrar que Jesús existió históricamente,
pero después de dos mil años de mensaje o de simbolismo (interpretado
según las épocas), aunque parezca increíble, ya no nos
importa.
Sé que existo, sé que soy, me tengo las veinticuatro horas del
día, los trescientos sesenta y cinco días del año. Me tengo
y soy, al despertarme en la mitad de la noche, preguntándome ¿quién
soy?
¿Qué es hacer la voluntad del Padre?
El evangelio debe ser nuevamente leído, ya no con la programación
anterior, sino con nuevos ojos, con una mentalidad que deberá ser modificada
día tras día, hora tras hora, es la evolución no sólo
del hombre sino de Dios mismo, tal vez...
"¡Yo soy el Dios vivo!"¨
¿Y qué significa vivir, sino evolucionar? - "Esta es la vida
eterna, que te conozcan a tí Padre".
Dios está deseoso de contarnos sus cosas, de dialogar con el hombre,
con cada hombre, no con la humanidad.
"Estoy a la espera detrás de la puerta, si abres entro y cenamos
juntos".
Tal vez sea conveniente desarrollar esa sensación de SER, experimentarla
en el silencio y en la soledad.
Nº 39 Marzo 2005
La comida del perro
Cuenta una vieja leyenda europea que cierto señor muy poderoso, cercano
a políticos y economistas de gran renombre, decidió realizar en
su mansión, una cena, que tendría según él, la categoría
de inolvidable.
A tales efectos ordenó a su mayordomo que tomara los recaudos necesarios
para que realmente no faltara en su mesa ningún manjar, por raro, costoso
o extravagante que fuera.
Llegado el día del anunciado evento, todo el castillo se llenó
de luces y música, la mejor comida y la bebida más exquisita estaba
a disposición de los invitados, condes, duques, barones y baronesas,
ataviados con sus trajes más lujosos, competían en colores y gracia,
texturas y formas; todo era una fiesta para los oídos, los ojos y en
fin para todos los sentidos.
En la entrada de la noble mansión, se encontraban, como era costumbre
y tradición dos enormes mastines, descendientes de otros no menos enormes
ni menos dignos canes que había conseguido el abuelo del noble anfitrión
en una de sus tantas guerras de conquista, arrebatándoselos al vencido
de turno.
Estos perros, a modo de moderno personal de seguridad observaban e indiscretamente
olfateaban e inspeccionaban a los invitados que iban llegando, con la ilusión
de una velada inigualable.
Y aquí es donde el relato toma ribetes de tragicomedia toda vez que al
traer los sirvientes la comida para los perros, consistente en restos de anteriores
manducadas, mezcladas con ciertos desperdicios que no merecen detalle, los invitados
se abalanzaron sobre estos disputando la comida con los perros.
Por más que el mayordomo les indicaba que los manjares se encontraban
en la sala siguiente, no hubo caso.
Ya fuera de sí, los comensales se tironeaban la comida entre ellos la
mayoría ya en cuatro patas.
Y los perros dejando de lado el respeto y la indiferencia antes evidenciados,
al ver peligrar su comida, comenzaron a gruñir y por último a
morder a los invitados en las partes menos nobles de sus nobles humanidades.
De nada sirvieron los gritos del mayordomo, ni las corridas de los sirvientes,
a los pocos minutos la sala era un verdadero lupanar, donde se mezclaban restos
de comidas, desperdicios y vómitos, con los gritos entrecortados de los
antes impecables comensales.
Reflejo de esta narración es a veces nuestra propia existencia, invitados
de lujo a compartir toda una vida plena y abundante, que empieza aquí
y ahora y que continúa eternamente, preferimos disputar con los animales
migajas de placer que caen de la mesa de algún anterior festín.
Nº 41 Abril 2005
El Espíritu está ahí
"No me pregunten cómo me peino, qué como o a qué hora
me levanto,
si me quieren conocer, pregúntenme para qué vivo".
Esta frase de Thomas Merton define una postura frente a la vida.
Tenemos un nuevo Papa, que toma el timón de la Iglesia, en condiciones
complicadas (en realidad nunca fue fácil conducir la nave de Pedro);
viene precedido de una fama de "duro", como si en el ámbito
de lo espiritual se pudiera hablar de derechas o izquierdas, de conservadores
o de renovadores. Nuestro concepto de Iglesia es pobre, no pasa de los círculos
exteriores que rodea lo esencial del hombre.
Algunos esperaban (otros anhelaban), secretamente la muerte de Juan Pablo II,
"para ver qué pasaba con el nuevo", como si fuese a cambiar
nuestra vida por lo que pudiera modificarse con respecto a dognas o modificaciones
de la Iglesia. Nos olvidamos de Jesús, el Cristo de Dios, que nos liberó
de todo, incluso de la religión. Estamos tan dormidos, hipnotizados y
muertos, que precisamos que las jerarquías, de cualquier orden que sean,
definan nuestra vida personal, que tomen decisiones por nosotros, que justifiquen
nuestra flojera y falta de carácter.
En el evangelio Jesús nos dice de todas las formas posibles, que no tengamos
miedo, llega incluso a decirnos, (en un afán de despertar nuestras partes
dormidas, hipnotizadas o muertas) que haremos cosas más grandes que Él,
nos dice que la Providencia nos guía, que Dios ama a cada uno de nosotros,
como si fuéramos el único que existe (parábola de la oveja
perdida), y sin embargo nuestra mediocridad nos lleva a deslindar responsabilidades:
"si la Iglesia lo dice..., si el dogma lo acepta..., si el obispo lo impulsa..."
y nos olvidamos que Cristo resucitó dentro de cada uno de nosotros y
que nos dio, también, la potestad de atar y desatar ¿o acaso la
revelación y los mensajes de Dios van dirigidos solamente a la estructura
jerárquica?
Debemos dejar de lamentarnos por el hecho de que el Papa de turno, haya descabezado
la teología de la liberación, y también debemos de darnos
cuenta de que Jesús nos liberó de la teología. Los místicos
de todas las épocas, con santo Tomás a la cabeza, nos alertan:
"No debemos ir a la meditación con conceptos sobre Dios; Dios está
vivo, no es un Dios de muertos". No especulamos sobre Dios, lo tenemos
adentro, dirijámosnos a Él, a través de nosotros, único
camino para conocerlo. Dios, vida y hombre, son los aspectos de una misma realidad.
Todo es Dios, no hay nada que escape a esa realidad absoluta y definitiva que
sólo se puede conocer a través de cada uno de nosotros.
Tenemos que despertar, darnos cuenta de que ya somos; Dios nos regaló
la vida, nos participó gratuitamente (sin ningún tipo de merecimiento
de nuestra parte), se encarnó en cada uno de nosotros.
¿Qué importancia tiene la elección de un Papa?
¿En qué puede influir en mi vida si yo soy libre? ¿Por
qué tiene que definir él, temas que yo no tengo definidos? Además,
¿tengo que definirlos o asumirlos?
Por más que la Iglesia llegase a autorizar o a legalizar de alguna manera
la práctica del aborto, cada uno de nosotros, al tener que tomar una
decisión en alguna encrucijada de su vida, sabrá qué opción
seguir. O se hace cargo de un hijo, o se hace cargo de un aborto. Todo lo demás
son palabras.
Nº 42 Mayo 2005
Las jerarquías (no sólo las religiosas)
tienen miedo, porque también están dormidas, hipnotizadas o muertas,
según los casos. San Juan de la Cruz decía "...es muy alto
el número de muertos entre los que se dicen espirituales...", él
mismo tuvo que padecer incomprensiones, persecuciones y cárcel, por parte
de alguno de estos "muertos".
Los misterios de la Iglesia manejados extemporáneamente, la han transformado
muchas veces en un club.
En resumen, tomemos consciencia de que el hombre "está para más".
Tenemos a Dios dentro de cada uno de nosotros, apretujado, amordazado, bloqueado;
el Papa (sea conservador o renovador) no lo puede liberar por mí, por
más que viaje por todo el mundo, por más que prohíba o
excomulgue; esta liberación es una tarea intransferible que debe realizar
cada uno de nosotros: "la verdad nos hará libres".
"El Papa ha muerto; larga vida al nuevo Papa"
"...si no se proponen algo más perfecto que lo de los fariseos,
o de los maestros de la ley, ustedes no pueden entrar en el Reino de los Cielos".
Mateo, 5-20
Nº 42 Mayo 2005
Fetos espirituales
En la naturaleza hay siempre tiempos para respetar.
Así una rosa, para llegar a ser flor, y derramar su belleza hecha de
presencia y aroma, debe respetar todo un proceso que va desde ser semilla hasta
ser, por fin, exultante flor, que nos maravilla y deleita.
La naturaleza también maneja los nacimientos de los animales y el de
todos los bichos que podamos descubrir, incluso el del hombre.
Precisamente por estar dentro de la naturaleza el hombre debe acatar sus leyes,
y el embarazo de la mujer, durará nueve meses y no tres meses ni tampoco
veinte.
Pasado el tiempo previsto, nace un robusto bebé, niño o niña,
según otros criterios también manejados sabiamente por la Madre
Naturaleza.
La vida espiritual también tiene sus leyes, y se cumplen inexorablemente
.
En el transcurso de su vida material y cotidiana, el hombre comienza a vislumbrar
su proximidad con su etapa espiritual, por lo general en forma gradual.
SOMOS FETOS ESPIRITUALES.
Nos cuesta aceptarnos y reconocernos como meros fetos espirituales.
Nosotros que nos creemos tan adelantados y tan cerca de la perfección,
somos seres espirituales embrionarios.
Esto no constituye una excepción.
Se aplican las mismas leyes ineluctables de la naturaleza, en este caso, de
la naturaleza espiritual.
Somos semillas y tenemos un largo camino por delante para maravillar a los demás
llegando a ser flor.
Cada uno interpretará todo esto como mejor le convenga, como el contenido
toma la forma del continente así lo que uno expresa es aprehendido por
los demás, según su interés, capacidad y disposición,
pero recordemos que hasta los cabellos de nuestras cabezas están contabilizados
por la Madre Providencia, esa gran postergada, la cual autorizará nuestra
calvicie, en el momento más apropiado para nuestro avance evolutivo.
Nº 43 Junio 2005
¿Progresar o Evolucionar?
La programación más fuerte que todos recibimos, antes de nuestro
nacimiento, ya en el seno materno es la que se ha dado en llamar "modelo
piramidal". Tomando como símbolo una pirámide, vemos en su
cúspide al "faraón" (nuestro desideratum) y hacia abajo
al resto de los hombres, ocupando un lugar de acuerdo a su posición en
la sociedad: cortesanos, sacerdotes, escribas, guerreros, comerciantes, alfareros,
agricultores, vasallos, pueblo, esclavos.
Todo individuo que nace parte de una ubicación en esa pirámide
y su programación lo lleva a querer progresar, dentro de ese ámbito,
de cualquier modo, pagando cualquier precio, aun aceptando la auto-inmolación
y el auto-engaño.
Este esquema o modelo se repite en todas las situaciones o escenarios donde
haya hombres, incluso dentro de la mente de cada individuo; de esta forma en
su familia, en su trabajo, en sus amistades, y aun todavía, siendo mucho
más gravoso, en su propia vida espiritual.
Toda relación conlleva, en este modelo piramidal un interés de
progresar, un objetivo de sacar "provecho", una búsqueda de
"utilidad", todo esto para poder ascender dentro de esa pirámide.
Se asciende pisando cabezas. Todas las relaciones están regidas por un
interés: el de acumular, el de obtener una renta, o una diferencia a
favor en lo que sea, tanto en el orden económico, social o personal como
en el ámbito del placer, y aún incluso en el ámbito de
lo pretendidamente espiritual.
La aplicación de este sistema piramidal, impide que el hombre se profundice,
porque su relación con lo trascendente obedecerá a los mismos
criterios de conveniencia, de interés y de menosprecio por el otro (Dios).
En este modelo piramidal, llegamos a lo espiritual (práctica de la meditación),
con objetivos determinados, no a escuchar, sino a hablar, no poniéndonos
a disposición, sino a disponer. Es el modelo de la superficie que, como
sabemos conduce inevitablemente al absurdo, la vejez, la decrepitud, la enfermedad
y la muerte; en vez de meditar, (escuchar a Dios), nos sumergimos en un diálogo
neurótico con nosotros mismos.
Debemos diferenciar lo que es progresar de lo que es evolucionar.
El "modelo corporal" está simbolizado precisamente, por el
cuerpo. La evolución consiste en encontrar el propio lugar, (el de cada
uno), en ese cuerpo; y una vez encontrado: SER.
De este modo, nuestro "ser-mano", por ejemplo, se realiza y perfecciona
al tomar consciencia de ser mano, perteneciente a un cuerpo. La mano sola, ni
siquiera es mano, dado que su función le confirma su ser específico.
Es mano porque ES, en el cuerpo.
Ahora bien, esa mano, encontrando su lugar (su ser en el cuerpo), sin perder
su individualidad es mano y es cuerpo. Si pasamos esta comparación a
la esfera espiritual del hombre, éste encuentra su lugar en Dios; somos
manifestación de Dios, sin perder nuestra individualidad, somos hombre
y Dios, siendo nuestro prototipo, Jesucristo; éste modelo es el del Cuerpo
Místico de Jesús.
Ninguna mano quiere ser codo, y ningún pie junta dinero para poder llegar
a oreja. Encontraron su lugar.
Este "sistema corporal" es de profundidad, nos lleva al Ser, a descubrirnos
en Dios, a unir los opuestos identificados como: HOMBRE y DIOS.
En el modelo piramidal se progresa; en el modelo corporal se evoluciona.
La actitud del hombre debe ser la de escucha atenta.
Nº 44 Julio 2005
Todo habla al hombre, si el hombre está en actitud
de oír. Todo es una metáfora. Solamente tenemos que estar lo suficientemente
silenciosos (pacificados), para poder escuchar lo que no se puede decir con
palabras. "Siéntate en silencio y sabrás que soy Dios".
Nuestros límites no coinciden con los marcados por nuestros cuerpos.
El ser no se mide, no tiene límites. Antes de nacer ya éramos
y seguiremos siendo después de morir. En nuestros hermanos nos prolongamos
y salimos de la estrechez de nuestro atosigado cuerpo.
Buscamos emociones fuertes, y es natural que así sea, porque esas experiencias
nos hacen vibrar en una sintonía desconocida y atrapante. El ser humano
está destinado desde sus orígenes a vivir grandes aventuras; el
ser es increíblemente impredecible.
Si no vivimos esas realizaciones, (de nivel espiritual), por cobardía,
ignorancia, desidia, o el motivo que fuera, quedamos insatisfechos porque conocemos
de antemano nuestra verdadera vocación.
Droga, alcohol, sexo desenfrenado, búsqueda de dinero, de poder, de influencias,
en definitiva aquello a lo que cada uno identifique como el dios sustituto,
nos demostrará fehaciente y prolijamente que hemos errado el camino.
Debemos buscar dentro nuestro, frecuentar y hacernos adictos del silencio, de
la soledad y del trabajo, y así podremos en menos tiempo de lo que se
piensa, realizar experiencias que nos harán sentir tan vivos como nos
dé el cuero para aguantarlo.
Experimentaremos, por ejemplo, vértigo de existir, unidad con Dios y
con el hermano, contacto permanente con el Creador. Sabremos en carne propia
lo que es abandonar la noción del tiempo, al que consideramos nuestra
prisión sin barrotes. Saborearemos la pérdida de nuestra identidad
personal, y el descubrimiento de nuestro verdadero ser en Dios.
Dios ya hizo su parte, participándonos sin reservas, la vida plena y
total; ahora es nuestro turno, debemos permitir a Dios que se conozca en nosotros.
Nº 44 Julio 2005
Demasiado hábiles para la burocracia, demasiado ineptos para la coherencia
El doctor Pérez engaña a su mujer con la
mucama del 4º piso.
La enfermera Alicia va por su tercer aborto. Los dos enfermeros de la noche
tienen relaciones sexuales con la misma interna, que está irremediablemente
loca.
Todos los médicos hablan mal unos de otros, y compiten entre sí,
tratando de sobresalir cada uno, en base al descrédito del otro.
El portero vive generalmente borracho. El chofer de la ambulancia, sueña
con ser Fangio, y no le alcanza su sueldo porque al segundo día de haberlo
cobrado, ya se lo jugó todo.
El director del hospital, odia al subdirector, y éste cree que el director
es un incapaz, pero no lo dice por temor a perder su puesto. Ambos a su vez
odian y temen a cualquier médico joven y capaz, en forma irrestricta
e impersonal.
Todos sin excepción tratan de sacar un provecho, uno del otro; no conciben
una relación sin un interés de rentabilidad, sea cual fuere.
Todos usan la fotocopiadora del hospital para asuntos estrictamente personales
y llaman por teléfono a otros países utilizando las líneas
que son del hospital.
Irene, la psiquiatra del turno tarde, transita su tercer matrimonio, y a los
hijos de su primer intento, hace años que no los ve, aunque viven muy
cerca; ella es la encargada de tratar a las madres solteras. Tiene dos intentos
de suicidio.
La enfermera Graciela, de la mañana, está quebrada emocionalmente,
trata de adelgazar y el doctor García López, le da a escondidas
pastillas euforizantes, que obviamente "le sacan el hambre"; ya adelgazó
y volvió a engordar varias veces. Es un manojo de nervios.
El padre Juan, viene los domingos por la mañana, siempre apurado, trata
de ayudar, pero no se conoce a sí mismo. Divide al mundo en buenos y
malos y quedó enredado en ese círculo mental donde el ego se hace
fuerte. Lo malo es que cree que sabe, y eso le impide aprender.
Los parientes de los internos, vienen al principio dos veces por semana, y después
una vez por mes, o a veces menos. Algunos están secos de llorar, y otros
sufren tan bestialmente, que no pocas veces terminan siendo internados ellos
mismos; todos enredados en el círculo emotivo o afectivo, donde el ego
los maneja con diapositivas.
El enfermero de reemplazo que llaman "el negro", y que viene todas
las noches (tenga trabajo o no), a tomar mate con el que esté de guardia,
vende drogas a los internos, a cambio de dinero o cualquier otra cosa o servicio;
todos lo saben, desde el director hasta el portero, pero nadie hace nada; todos
temen, todos viven de apariencias, en la irrealidad, todos viven en la incoherencia...
El licenciado Ramirez, es un psicólogo de los catalogados como "externo",
viene tres veces por semana y atiende en consultorio a gente que no está
internada, generalmente derivada por otros médicos, especialistas de
otras áreas; los pacientes le dicen "doctor", y él no
sólo no los corrige, sino que lo acepta, como si por ese motivo él
fuese más. Está estudiando inglés y computación;
su ideal más soñado es poder comprarse un Mercedes Benz rojo y
"ponerlo" a 200 km por hora, y sentir la omnipotencia (según
sus propias palabras). Nunca curó a nadie, pero él no lo sabe;
ni siquiera sabe que está ahí para curar; trabaja para ganarse
la vida...
El doctor Cáceres, sí es doctor, también en psicología;
es muy serio, viene dos veces por semana, dos horas cada vez, pero... casi siempre
está haciendo un curso de perfeccionamiento o un post-grado; por eso
es muy común que falte (eso sí, siempre con aviso).
Nº 45 Agosto 2005
Es triste ver a sus pacientes, cuando vienen a consultarlo
y él no está; en casos de urgencia los derivan a un suplente,
el doctor Pablo, que masca chicle permanentemente, y lee libros de novelas interminables;
éste los escucha pero no define nada, no toma ninguna decisión,
tampoco receta ningún remedio. Yo creo que no debe ser doctor, tal vez
haya sido o es estudiante de medicina o psicología (quizás por
eso lo llaman por su nombre y no por el apellido).
Miriam es la hija del director, y va a estudiar medicina como su padre; viene
solamente una vez a principio de cada mes a saludar a la gente de personal,
siempre corriendo, se ve que está muy ocupada; una vez en el apuro se
le cayó un sobre con dinero, suerte que lo vio, pobrecita.
El señor mayor que barre, además de levantar la basura, levanta
también quiniela; es muy sigiloso, se entiende con sus clientes con miradas
y gestos, y siempre lleva papel y lápiz; vive dormido.
Todos son observados por mí y por otros, y ellos no lo saben; la mayoría
de ellos duermen, algunos están como hipnotizados, y otros, los menos
ya están muertos.
Usted dirá que soy muy observador, y sí, realmente lo soy. Hace
mucho tiempo que estoy internado en este sanatorio mental llamado Vida, y mi
locura consiste en saber que todas estas personas están dentro mío,
y que solamente yo puedo curarlos si me curo a mí mismo.
Nº 45 Agosto 2005
Dios se conoce en nosotros
Lo que más le dolía a Jesús, no era la perspectiva de la
cruz, sino el rechazo que estaba sufriendo de parte de los hombres, no sólo
los de ese momento, "pretendidamente histórico", sino por el
rechazo de todos los hombres, de todos los tiempos.
En Getsemaní, se encontraron una vez más, la voluntad de Dios
y la voluntad del hombre, pero esta vez en forma decisiva, brutal...
En otros "tiempos", y en otros enfrentamientos de voluntades, el hombre
había "logrado", ser expulsado de un estado de plenitud, que
fue declarado indeseable al adjetivar a la manzana como mía o nuestra.
Y ese ángel de flamígera espada, más conocido como ego
impidió e impide, cualquier tipo de retorno o arrepentimiento. Es el
Ser experimentando lo múltiple, lo diverso, en cada uno de nosotros...
somos manifestaciones de Dios. Y en la medida en que recobramos nuestra verdadera
memoria y descubrimos nuestra indiscutible identidad, vamos viendo paulatinamente
todo el mundo en la categoría de construcción mental (todo es
"maya", proclama el hinduismo).
Si quiero hablar con la humanidad, indefectiblemente voy a terminar, siempre,
hablando con un hombre; esto es así porque la humanidad como tal no existe,
lo que existe son hombres.
Si aceptamos la encarnación de Dios en el hombre, ocurre exactamente
lo mismo: el término que hemos acuñado como "Dios"¨,
es similar al término "humanidad". Dios dejó de ser
externo, para transformarse en un prototipo: el del hombre-Dios (la misteriosa
e incomprensible unión hipostática), del cual Jesús de
Nazareth es primogénito, auspiciando y promoviendo nuestra continuidad
en la misma línea evolutiva, "...cosas más grandes que yo
haréis".
Somos la empresa de Dios, creada, promovida, financiada y auspiciada (idea y
dirección) por un Dios que también evoluciona, por un Dios que
se "conoce a sí mismo" en nosotros. "Sólo se conoce
al Padre, a través del conocimiento del Hijo" (que somos nosotros).
En la medida en que yo me conozco (humildad), Dios se conoce a sí mismo,
en mí.
Si yo no me conozco a mí mismo, Dios no puede conocerse a sí mismo
en mí. Revisemos nuestras fronteras, vayamos más allá de
lo mental. Existe un mundo detrás de los pensamientos, más allá
del razonar, una dimensión a la cual somos invitados, donde reina el
Hombre-Dios, que es el Cristo; una dimensión que no es el Paraíso,
donde no hay tiempo, ni espacio, ni dónde ni cuándo.
La única forma de tomar conciencia de todo esto, es navegando hacia dentro
nuestro, a través de la meditación profunda, no discursiva, que
nos lleva irremediablemente a la contemplación.
Todos los místicos, de todas las espiritualidades, y de todos los tiempos,
nos señalan el camino; está en nosotros hacer lugar dentro nuestro,
transformarnos en vacío, enderezar los caminos, como decía Juan,
el Bautista, para que Cristo pueda nacer (resucitar) dentro nuestro. "Dios
se pone en manos de los hombres", es una frase que no me dice nada, en
cambio si digo y conscientizo que "Dios se pone en mis manos", el
protagonismo de ambos se me hace evidente.
No busquemos como la Magdalena, al Jesús crucificado y muerto, Cristo
está vivo, resucita dentro de cada uno de nosotros, en el momento en
que lo reconocemos.
Nº 46 Setiembre 2005
¿Cuál Iglesia?
Si la Iglesia tuviese un rapto de cordura, me refiero a la Iglesia como sociedad
humana, celebraría la muerte y resurrección de Jesucristo el día
en que se inicia la primavera.
El hombre se integraría con la naturaleza más fácilmente
con esta guía.
Basta en esos días primaverales con ver un arbolito reverdecer, para
captar sin palabras el sentido teológico más último de
la resurrección.
Sin embargo, en un alarde de poca inteligencia, característica de las
empresas de los hombres, seguimos festejando los acontecimientos fuera de tiempo
y fuera de foco, comiendo nueces y avellanas en verano y recordando la Pascua
en marzo o abril.
Curiosa actitud la de los "mandamás" de las religiones, daría
la impresión de que temen que el hombre se contacte con la naturaleza
y por extensión consigo mismo.
Resabios, seguramente de la lucha encarnizada que tuvo la Iglesia en los primeros
siglos, para borrar del mapa a los paganos, que según se sabe, no eran
tan "paganos" como se nos hizo creer.
Eran épocas de barbarie, que no se pueden juzgar a la luz de nuestra
actual cosmovisión.
Paganos, gnósticos, y todos los que no pensaban como la Santa Madre Iglesia,
asociada al más santo aún Imperio Romano, eran pasados a degüello,
previa confesión, por supuesto, que lo importante era morir en gracia
de Dios.
Eran épocas de barbarie.
Cuando por suerte pasó todo esto, y la Iglesia se afianzó, libre
ya de "enemigos", hubo que depurar las cosas.
En esa inteligencia se prohibió a los fieles leer la Biblia y el evangelio,
y en la medida de lo posible se tomaron las medidas para que los creyentes ni
siquiera aprendieran a leer, siempre todo esto para mayor gloria de Dios.
Eran épocas de barbarie.
Al superar este negro y denso período, que dio a pesar de todo gloriosos
santos, que aún hoy se veneran y que nunca existieron, hubo que resguardar
la pureza de la fe y fue la Inquisición, la que se ocupó de proteger
al hombre azorado y pequeñín, de brujas y hadas malignas, enviadas
por Satanás para confundir a la Iglesia, esposa de Cristo.
Esposa de un Cristo que dijo: "Ha llegado la hora de adorar a Dios en espíritu
y verdad", y que sin embargo fue pasado de liberador del hombre a fundador
de religión.
Eran épocas de barbarie, no las podemos juzgar.
Después vino el descubrimiento de América, y España y Portugal,
que representaban los intereses de los poderosos del momento, con el auspicio
de la Iglesia, tres veces santa, masacraron civilizaciones enteras, destrozaron
hombres, familias y en suma todo rasgo de cultura, de religión, y de
sentido comunitario, en aras de un Dios, que muy poco tenía que ver con
el carpintero de Galilea.
Eran otras épocas, de mucha barbarie.
Pero después de quinientos años, la Iglesia pidió perdón.
Cuando convino a sus intereses mundanos, la Iglesia supo dar marcha atrás
o adelante, haciendo gala de una diplomacia exquisita.
Supo mirar al costado, mientras se desarrollaba la segunda guerra Inte-rimperialista,
y se distrajo a la hora de los hornos crematorios de judíos.
Con todo hacemos nuestra la frase de San Agustín, padre de la Iglesia,
quien la califica de santa y de ramera.
Nº 47 Octubre 2005
¿Y por dónde pasará hoy la verdadera
Iglesia?
No pasará seguramente por estructuras fosilizadas, ni por autoridades
mantenidas en formol, menos aún por chupacirios imperturbables, que ni
siquiera han llegado al nivel de la autoconciencia, y que toman a la Iglesia
como si fuera un partido político más.
Posiblemente, la verdadera Iglesia, la asistida por el Espíritu de Dios,
está al nivel de los curas de base, que todos los días salen a
poner la cara para que los pobres les exijan una ayuda que siempre queda corta.
O tal vez al nivel de algún obispo, vapuleado y abandonado por sus pares,
criticado por izquierdistas de pacotilla, eternos tomadores de café,
y fumadores de sueños irrealizables.
Tal vez la verdadera Iglesia pase por esos médicos y enfermeras, que
van dejando jirones de alma, en los hospitales desprovistos de todos los elementos
posibles, y cuya acción pasa totalmente desapercibida.
Tal vez la verdadera Iglesia, está en la humanidad doliente y sufriente
de todas las épocas, y que ser cristiano en definitiva, al decir de Hans
Küng, es ser hombre.
Quiera la Providencia, gran postergada, gran despreciada de nuestros días,
disponer lo necesario para que las bases de esa verdadera Iglesia, resistan
los embates furibundos de la bestia herida de muerte, que representa a los opresores
del mundo, de todos los tiempos, y que lamentablemente muchas veces se han vestido
de púrpura.
Nº 47 Octubre 2005
Educar para el Misterio
No sabemos quiénes somos, ni quién es Dios, ni qué es la
vida
Ser virgen, es no tener conceptos sobre Dios. Nos acercamos
al misterio resultante de saber que no sabemos.
No sabemos quiénes somos; no sabemos qué o quién es Dios,
no sabemos qué es la vida.
Acostumbrados a una educación dentro del plano de la superficie, estudiamos
durante treinta años de nuestra vida, y nos hacemos prácticos,
entendidos, eruditos o especialistas, pero siempre en cosas de superficie.
Señores científicos, doctores, licenciados y monseñores,
y otros poseedores de títulos y yerbas variadas, capaces de disertar
horas enteras sobre su especialidad, palidecen y tartamudean ante la simplicidad
de las preguntas: ¿quién soy? ¿Quién es Dios? ¿Qué
es la vida?
Todo esto se debe a que no somos educados para el misterio. En los tiempos venideros,
el pedagogo, deberá ceder paso al mistagogo (el que conduce a las personas
hacia el misterio).
Y Jesús, el Cristo, nos sigue preguntando si realmente queremos curarnos;
pero no curarnos de tal o cual enfermedad física o psicosomática,
sino de nuestra enfermedad espiritual, de nuestra falta crónica de atención,
de nuestra tendencia inveterada hacia la superficie.
La pregunta planteada de otro modo es si realmente queremos ingresar al mundo
espiritual, o si queremos seguir sufriendo en la superficie, corriendo hacia
lo efímero, buscando con avidez placeres distractores, que en el momento
de ser satisfechos, generan una nueva búsqueda. ¿Queremos realmente
curarnos?
Si la respuesta fuera afirmativa, y la decisión férrea, pasamos
a una segunda cuestión: ¿creemos que Dios puede curarnos?
¿Creemos que puede curarnos de nuestra propia intrascendencia, de nuestra
tendencia a lo múltiple, de nuestro afán por lo diverso?
Si la respuesta vuelve a ser satisfactoria, tal vez, y sólo tal vez,
el "mistagogo interior", nos lleve a la orilla del misterio, para
que seamos absorbidos por él. Vamos más allá de lo conocido,
para ser destruidos y construidos infinidad de veces.
Soy yo, pero es Cristo quien vive en mí.
Nº 48 Noviembre 2005
La opresión y cómo ejercerla
La primera víctima de la guerra es la verdad.
El 11 de setiembre del 2001 marcó no sólo un hito en la historia
mundial, sino también un antes y un después, en la conciencia
de cada individuo.
Caímos en cuenta de que nadie es intocable, así como también
cayó una programación que todos llevábamos muy dentro,
con respecto a que las cosas no cambian, y menos en cinco minutos.
Se manifestó también una carencia total, como nunca antes vista,
de líderes en toda el área del hacer humano, tanto en lo social,
como en lo profesional y sobre todo en lo político.
Los discursos emitidos por los presuntos líderes son lamentables. Evidencian
a simple vista una ausencia total de dimensión espiritual, tanto de un
lado como del otro.
Todo tipo de terrorismo, es de por sí, esquizofrénico.
La guerra moderna no persigue la destrucción o aniquilamiento físico
del enemigo, sino que su objetivo es lograr con el menor número de muertos
posible, que el enemigo se convenza psíquicamente que está derrotado.
Es una guerra de inteligencias, con toda una estrategia de danzas y contra-danzas,
de intereses, ganancias y pérdidas.
Todo lo que no cuadre con este criterio, no es una guerra, sino que es una matanza.
Y el hombre, en la actualidad, no soporta más, ni guerras ni matanzas.
Hay esquizofrenia en volar dos torres, buscando dañar un enemigo inalcanzable,
matando para ello miles de inocentes, y después hablar de Dios y de Justicia.
Hay esquizofrenia en volar una población sin la mínima piedad,
y luego enviarle cajas de comida, invocando razones humanitarias.
Hay esquizofrenia en defender los Derechos Humanos, y al mismo tiempo alegrarse
por atentados y matanzas.
Todo lo expuesto impacta en la conciencia del hombre normal, empujándolo
hacia la desesperación o hacia el plano espiritual.
Es la Providencia escribiendo derecho en líneas torcidas.
Tenemos que reconocer nuestro contacto con la dimensión espiritual y
después aceptar nuestra pertenencia a esta dimensión. Nuestro
Reino no es de este mundo.
Esta aseveración no significa que nos desinteresemos de lo material,
pero sí significa que reconozcamos en forma tajante y definitiva, nuestra
pertenencia a un mundo con otras reglas, mucho más etéreas, pero
también mucho más justas que las que conocemos en esta dimensión
de vida primitiva.
Aparentemente las civilizaciones tienen sus ciclos y estaríamos en vísperas
de un período de oro para la humanidad.
Esto se deduce de que el hombre no soporte más las guerras, la corrupción,
y la falta de solidaridad.
Nuestra conciencia va avanzando en la búsqueda de la verdad que nos hará
libres, dejando atrás miles de años de sojuzgamiento y vergüenza.
Avanzar en esta línea es caminar con la evolución.
Estar enredado entre los criterios del ojo por ojo y diente por diente, mirando
la guerra por televisión, es no salir de la cueva y quedarse definitivamente
del lado viejo compartiendo el destino de los dinosaurios.
Nº 49 Diciembre 2005
1) Nos vamos oprimiendo prolijamente unos a otros.
2) Siempre encontramos tiempo para oprimir un poco más al otro.
3) Si oprimimos al otro, le estamos enseñando a oprimir.
4) La opresión impide que el hombre evolucione, no importa que sea opresor
u oprimido.
5) La mayoría de los hombres ejerce el doble rol de opresor y de oprimido.
6) Las cumbres y las anti-cumbres, son ejemplos notables del ejercicio de la
opresión.
7) Tenemos poder, somos poder, porque somos hijos de Dios. No tenemos que adquirir
el poder de afuera, lo tenemos dentro nuestro. Cuando buscamos poder afuera,
pretendemos hallarlo en la opresión al hermano.
8) El símbolo del poder, en nuestra época, es el control automático
del televisor. Así como cambiamos de un canal a otro, pretendemos que
las personas que nos rodean, cambien de acuerdo a nuestros caprichos.
Nº 49 Diciembre 2005
El Dios concepto y el Dios vivo
Ser conscientes de la respiración.
Recuperar el silencio.
Recuperar la soledad.
Abandonar la búsqueda de resultados.
Recobrar la calma.
SER.
Muchos son los sistemas de meditación mediante
los cuales, el hombre puede encontrarse a sí mismo.
Oriente y Occidente, las religiones más variadas, grupos de aquí,
grupos de allá, meditadores solitarios (no pertenecientes a ningún
sistema, grupo ni etnia), todos arribando por diferentes caminos a una única
y total realidad, también identificada (por ahora) como VERDAD.
La Providencia, utilizando los propios defectos y taras de sus "ahijados",
los hombres, nos va llevando "de claridad en claridad", al decir de
algún místico español de siglos pasados, hasta arribar
al PURO SER.
El meditador queda gratamente sorprendido, al comprobar en carne propia, o mejor
dicho, en alma propia, la unidad de su vida, hasta ahora pequeña e insignificante,
con la VIDA GRANDE y significativa.
El Cristo ha tomado las riendas de su vida (juntos somos mucho más que
dos).
Nos sorprendemos al ver a los eruditos y estudiosos de las religiones, teólogos,
teosófos, intuitivos y jerarcas de grupos, etnias y sectas, tratando
de llevar agua a su molino, pretendiendo encasillar, limitar, administrar o
más aún monopolizar al Dios Concepto.
La Providencia, gran postergada de nuestros días, ha previsto todo esto
y mucho más y ha dispuesto que algunos lleguen al conocimiento (los más
pequeños, los más necesitados, los más vacíos, los
peores) de que el Dios Vivo es resbaladizo, difícil de asir; Él
sí, puede tomarnos cuando quiere, pero nosotros a Él no.
El meditador va deseando tibiamente al principio, y luego con voracidad, la
presencia de Dios en él.
Nuestra conciencia se va transformando gradualmente al comienzo, y luego explosivamente,
en la túnica de Cristo, capaz de hacer milagros con sólo tocarla.
Vamos tomando la cosmovisión de Dios, vamos siendo invadidos por la Presencia
("... si nos abres, entraremos y haremos morada en ti...").
Se disipan todo tipo de temores, abandonamos gradualmente el campo de lo mental
e instalamos nuestra tienda en el territorio de la conciencia (mundo del espíritu).
Debemos vencer la tentación de "aquerenciarnos" en lo agradable
de esa Presencia, y estar dispuestos a no querer controlar nosotros esa relación
("...Zaqueo, esta noche voy a cenar a tu casa...").
Todos los hechos detallados en los libros sagrados de todas las religiones,
todos los relatos mitológicos de todos los folclores del mundo, y de
todas las épocas, corresponden a hechos vividos en nuestra alma. Son
el relato de nuestra historia espiritual.
Todos comimos la manzana con Adán, todos salimos con Moisés de
Egipto, todos cambiamos la primogenitura por un plato de lentejas, y todos también
libramos bajo la protección de Krishna nuestra guerra interior contra
primos y pasiones. Por último, y con gran seguridad, dejaremos a Jesús
enterrado en nuestra mente y resucitaremos al Cristo, en la plenitud de los
tiempos y en nuestra conciencia, donde somos uno con Dios y con los hermanos.
La vida eterna es conocer a Dios.
"Si meditando llegamos a algún lugar y no encontramos en él
a Buda, debemos seguir más adelante; por fin cuando lleguemos a un punto
del camino en el cual encontremos a Buda, ahí sí entonces, DEBEMOS
SEGUIR MÁS ADELANTE".
Nº 50 Enero 2006
El espíritu de la colmena
Según dicen los etólogos (especialistas dedicados a las costumbres
de hombres y animales) que en los grandes cardúmenes existe un comportamiento
único y coordinado, ante los diferentes estímulos que se pueden
presentar; idéntico criterio ocurre con los integrantes de una colonia
de hormigas, y también igual en el caso de las abejas.
Esta fuerza misteriosa es instintiva, vale decir, que nace con cada individuo
integrante del grupo, este ser, al aparecer en este mundo, corre a ocupar su
lugar que le está destinado, y que sólo puede ser ocupado por
él.
Esto que nos provoca admiración, nos da, sin embargo, un cierto resquemor
si tratamos de imaginarlo en la sociedad humana.
Nos da la impresión de una cierta robotización en esas conductas,
de abejas, hormigas y peces, y en cambio nos parece llena de vida la posición
antagónica, resultando así una suerte de admiración por
el caos, como si fuera una especie de atracción fatal hacia lo inesperado,
hacia lo imprevisto, y nos parece en definitiva, por qué no decirlo,
totalmente aburrida la vida llevada por estos insectos y habitantes de las aguas.
Esto es una falacia debido a que nos engañamos al juzgar el estado de
complacencia o de infelicidad de un ser que no es humano, desde la óptica
meramente humana.
¿Cómo puedo conocer lo que sentiría yo si fuera hormiga
o abeja?
Sin embargo, si profundizamos un poco más estas reflexiones, puestos
a analizar, veríamos que muchas veces confundimos, como si fueran sinónimos,
los términos de diversión, felicidad y alegría.
En puritanismo de verdad, la palabra "diversión" refleja un
nivel totalmente superficial, que le toca vivir al hombre a lo largo de su vida
en diferentes oportunidades, y va a variar de acuerdo a sus costumbres, edad
y, en definitiva, a su cultura toda.
La "felicidad" es un concepto delimitado en el tiempo, parcial, precario,
que se da por momentos, y bajo determinados condicionamientos; obviamente también
depende de lo cultural.
El concepto de alegría, en cambio, abandona la superficialidad y se zambulle
de lleno y sin limitaciones en el SER.
Descubrirse a sí mismo, decían los antiguos, es ingresar al estado
permanente y definitivo del GOZO, que es un sinónimo de la ALEGRÍA,
de la cual estamos hablando.
Ignoramos totalmente en cuál de estos tres estados (Diversión,
Felicidad o Alegría), podrían encontrarse abejas y hormigas, pero
intuimos que el hombre está para mucho más.
Nos viene a la memoria el concepto de Cuerpo Místico de Jesucristo, del
cual nos hablaba la vieja teología católica; nos viene a la memoria
el concepto de unidad entre el Padre y el Hijo, evidenciado en los Evangelios,
y en suma, nos viene a la memoria el concepto de pertenencia a la dimensión
espiritual, hacia el cual todo hombre evoluciona a sabiendas o sin saber, en
la búsqueda del conocimiento de Dios, que es en definitiva la Vida Eterna.
Nº 51 Febrero 2006
¿Qué son los talleres de "Derecho Viejo"?
No son un pasatiempo, no son un lugar de reposo, no son conferencias ni mesas
redondas; especialmente no son grupos de oración, ni grupos de auto-ayuda.
No son tareas que se realizan para sentirse mejor, ni para despertar un potencial
que se manifieste en la vida de superficie. Los talleres de "Derecho Viejo"
son un lugar de trabajo, donde nos encontramos con disciplina, organización
y perseverancia; todo esto en nuestro interior.
Buscamos la conciencia, nos buscamos a nosotros mismos. Tratamos de ser los
que "tenemos oídos para oír y ojos para ver".
Nos vamos transformando en lo que siempre fuimos y nunca dejamos de ser. Dejamos
el ser condicionado y buscamos la des-programación.
Vamos siendo conscientes de que estamos más allá del tiempo y
del espacio. No les sirven a los curiosos ni a los impacientes. Vamos cayendo
en la cuenta de que al abandonar nuestras prerrogativas instintivas y racionales
nos abrimos al misterio, misterio que siempre seguirá siendo incognoscible,
pero que nos habrá absorbido haciéndonos parte de él. Conscientizamos
que lo que nace muere, en la vida de superficie y al mismo tiempo somos partícipes
del secreto de que lo que no nace, no muere (nuestra vida de profundidad).
Descubrimos que lo que llamamos vida después de la muerte, se vive ahora,
en el presente. La eternidad no está en el futuro ni en el pasado. Tampoco
pertenece a la naturaleza del tiempo, sino que es una dimensión del "ahora"
y del "para siempre". Coincidimos también con Joseph Campbell
en que el simbolismo de los mitos hablan directamente a nuestra psiquis; y por
último llegamos a la conclusión de que el fin del mundo, tan mentado
en las diferentes mitologías y profecías de todos los tiempos,
coincide con la irrupción del Reino de Dios en cada uno de nosotros.
Nº 54 Mayo 2006
Jesús entra despierto en el misterio de su muerte. ¿Y nosotros?
No es la muerte física lo que hace transpirar
sangre a Jesús. No es la perspectiva del abandono de sus discípulos,
la cuestión que lo preocupa. Si pensamos que lo atormentaba el temor
a esa muerte, natural y esperada, incluso fabricada artesanalmente por él
mismo, al oponerse a los grupos de opresión, de ese momento, nuestra
opinión es simplista.
"Nadie me quita la vida, sino que yo la doy". ¿A qué
vida se refería? Seguramente no a la física, que empieza y termina
con nacimiento y muerte (sea la muerte que sea) como ciclo natural. "Mi
alma está triste hasta el punto de morir; quédense conmigo y no
se duerman" (Mc 14-34.
Tomamos conciencia del eterno presente y nos percatamos de que Jesús
nos pide a nosotros (hoy y ahora) que lo acompañemos en su oración
(en su momento clave que lo hace ser tan humano como para pedir nuestra ayuda).
"Siéntense aquí, mientras yo voy allá a orar"
Mt 26,36. ¿Podemos entrar en la agonía de Jesús? La distancia
entre el "aquí" y el "allá" es inconmensurable.
Jesús está despierto, nosotros adormecidos, como consecuencia
de una naturaleza hechizada, caída, desarmada, hipnotizada, programada.
"Jesús entra despierto en el misterio de su muerte", como dice
Jean Lafrance, y nosotros seguimos durmiendo. Amamos tan poco..., casi nada.
Lo seguimos dejando solo en su agonía, haciendo oídos sordos a
su pedido. Solamente nos pide que entremos en la trascendencia, que despertemos...,
que lo acompañemos en silencio si no podemos orar.
"... y adelantándose un poco cayó en tierra y suplicaba...'
Mc 14-35. ¿Qué significado tiene todo esto? ¿Dónde,
en qué lugar, en qué escenario, se desarrolla la agonía
de Jesús? Seguramente no en la cruz.
Tal vez sólo podamos seguir su agonía, viéndola desde lejos.
¿Qué significa se anonadó? Quizás se retiró
el último concepto de Dios que tenía Jesús como hombre.
Nunca había estado al borde de la desesperación. Tenía
que asumir su vida. "Todo es posible para ti, aparta de mi este cáliz".
¿Cuánto tiempo pasó hasta que pudo decir: "Que no
sea lo que yo quiero sino lo que quieras tú". La única respuesta
fue el silencio. Se retira el último concepto sobre Dios. Jesús
no es un robot, tiene voluntad propia. ¿Qué significa sudar sangre?
... pero si para esto he venido al mundo". Jesús no explica el dolor,
ni el absurdo, ni la maldad: los asume. Estamos llamados a morir a nosotros
mismos, a trascendernos. No nos quedemos trabados con el concepto de la muerte
física. Pascal decía: "Jesús sigue en agonía,
es preciso no dejarlo solo". Acompañarlo en la des-conceptualización.
Acompañarlo en la vergüenza ajena, asumiendo la vida como viene.
Jesús sigue muriendo y resucitando en cada uno de nosotros. No se lo
reconoce cuando resucita; nos sorprende. Pedro, por ejemplo, rechazaba un mesías
doliente. El resucitado sólo puede ser reconocido por los creyentes.
Si nos quedamos con el Jesús histórico, padecemos de atrofia espiritual.
Cristo no es el fin en sí mismo, es el camino, la verdad y la vida: su
misión es hacernos llegar a la dimensión espiritual para poder
decir que nuestro alimento es hacer la voluntad del Padre. Jesús es el
puente.
"Padre quiero que donde yo esté, estén
también conmigo los que tú me has dado".
Nº 53 Abril 2006
Silencio es pacificación
Tenemos que re-valorizar el silencio. Disfrutarlo. Es el lenguaje de Dios.
En el silencio me descubro, y me encuentro con mi yo profundo. El silencio no
es solamente la ausencia de ruidos. Al producirse el silencio puedo escuchar;
estoy dispuesto a escuchar.
Los pájaros que cantan y el murmullo del agua, antes en el ruido no se
escuchaban; así mi propia voz queda confundida y no es audible en el
torbellino de la vida.
Pero está el silencio. Y después poner silencio en la mente. De
a poco, paulatinamente ordenar la vorágine de recuerdos, pensamientos
y planes. Y después el silencio de la mente, su pacificación.
Recorrer todo el ser en silencio, identificarse con lo otro y ser uno.
En el silencio, Dios, el Ser Indescifrable, la Creación.
El vértigo de ser, en el silencio, el pensamiento que se hace realidad.
Las cosas y los hechos toman su real dimensión, por un segundo hemos
salido del tiempo, y al volver, lo hacemos sanos, hemos contactado con el Ser
que todos llevamos adentro, que es más yo que yo mismo, el único
ser. Y después de esto el silencio que nos envuelve, nos cubre, y manifiesta
su sonido, que nos suena raro por poco oído.
Nº 56 Julio 2006
¿Puede Dios decepcionarnos?
Dios siempre nos decepciona, porque en nuestro afán de control, queremos
manejar nuestra relación con Él.
Nuestra programación nos lleva a imaginarnos cómo debería
ser nuestra relación con Dios, y por supuesto nos equivocamos.
Pretendemos una relación con Dios, que siempre nos dé seguridad;
nos seguimos engañando al pensar que siempre tendremos a un Dios disponible
para nosotros, en el momento y en el lugar que nuestra voluntad, o nuestro capricho,
así lo exija.
Juan, el bautista, tenía un concepto prefijado de lo que era el reino
de Dios, estaba sujeto a una programación feroz, dura, condenatoria y
en consecuencia creía, o se imaginaba, poder prever la actuación
de Jesús.
Cuando el Bautista fue puesto en prisión y vio la realidad de los actos
que componían el obrar de Jesús, dudó, por la simple razón
de que la conducta del Salvador no coincidía con la idea de "Reino
de Dios, que Juan tenía.
Su programación no le permitía entender, menos aún ver
claro: "¿Eres tú el que ha de venir o todavía tenemos
que esperar a otro?"
Lo que en realidad dice es _No estás actuando como yo suponía
que deberías actuar_.
Jesús no castigaba a los pecadores, convivía con ellos.
Jesús participaba de fiestas y era tildado por algunos de "comilón
y borracho".
Juan no entendía esa forma de enderezar los caminos para favorecer la
venida del Reino.
Ambos, (Jesús y Juan) seguramente habían conversado en diferentes
ocasiones, sobre la oportunidad y la viabilidad del Reino de Dios, sin embargo
a la hora de la acción se encontraban con estrategias diferentes.
Dios siempre nos sorprende y muchas veces también nos decepciona: "Vayan
y cuéntenle a Juan lo que oyen y lo que ven: los ciegos ven, los cojos
andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan,
y se anuncia a los pobres la buena noticia; y dichoso aquel que no se escandalice
de mí".
Dios siempre nos sorprende.
En nuestra vida también preguntamos: _¿Eres tú el que ha
de venir o esperamos a otro?_.
Y siempre hacemos esto cuando nuestra fe flaquea, y cuando Dios no responde
a nuestra programación.
Pretendemos dominar nuestra relación con Él, por eso Jesús
hablaba frecuentemente de la realización de la voluntad del Padre.
Y el "Juan" que está dentro nuestro, el que dijo "este
es el Cristo", al ver que no se cumplen sus expectativas, plantea su duda.
No sabemos qué pasó con la fe del Bautista. Sabemos que perdió
la cabeza en manos del orden constituido, como buen profeta, pero Jesús
dijo: "El más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor
que Juan el Bautista", a pesar de que Juan era el mayor hombre nacido de
mujer.
No conocemos la suerte del profeta, de la voz que clamó en el desierto,
no sabemos si recuperó su fe o murió en la duda; tampoco es importante
que lo sepamos; sí es importante saber lo que decidimos nosotros, es
importante lo que vamos a hacer con nuestra programación.
Debemos replantear nuestro concepto de la relación con Dios; no tratemos
de limitar a Dios, no esperemos conductas determinadas de Él.
La respuesta de Jesús a Juan, es la misma respuesta de Jesús a
nosotros:
Es el anuncio de otro orden, es la unión de los opuestos, es la integración
de la sombra, son los ciegos recobrando la vista, los sordos la audición
y hasta los muertos resucitando.
Quiera la Providencia administrar los medios necesarios para que logremos superar
la programación que nos lleva a tratar de monopolizar y controlar las
acciones de Dios. Hagamos de una vez por todas la voluntad del padre.
Nº 57 Agosto 2006
Ancho... y ajeno todavía
Las naciones desaparecieron y han surgido otras que se llaman: PETROLEO - DROGA
- LABORATORIOS - ARMAS - TERRORISMO; que siempre estuvieron pero que ahora se
evidencian; se exteriorizan en enormes sociedades lo más anónimas
posibles.
Las competencias deportivas, todavía desactualizadas, enarbolan y hacen
flamear al viento viejas banderas descoloridas de países ya inexistentes.
China y Estados Unidos se preparan y se ponen de acuerdo, no en pelear, sino
en cómo organizar dominios comunes.
El mundo sigue siendo ancho y ajeno para el hombre; mientras tanto, en lo profundo,
los que tienen oídos para oír, interpretan lo que escuchan, y
bastante más allá, los que viven, contemplan el misterio del dolor;
no en las bombas ni en los muertos de hambre, sino en el rechazo al amor de
Dios.
Nº 58 Setiembre 2006
Del mismo palo
Todos los problemas del ser humano provienen del simple hecho de pretender usar
a la vida, en vez de vivir.
Este hombre des-centrado, con el que nos toca en suerte convivir, trata permanentemente
de dominar a los demás y de manejar los acontecimientos, de los cuales
se nutre su ajetreada vida.
En este juego de poderes se olvida de vivir simplemente.
No disfruta de la vida.
Todo lo hace por obligación, o no lo hace por rebeldía.
Pasa su existencia en tareas permanentes de cumplimiento, de rutina, desarrollando
una acción, totalmente previsible y totalmente inducida por una programación
feroz y brutal.
Se le presentan como opciones, dos extremos aparentemente opuestos, que son
en definitiva dos cartas de un mismo palo.
Debe elegir entre el muerto y el degollado.
Se hace mucha alharaca, se gasta mucho material televisivo, se realizan muchas
reuniones, se consume mucho café, los cigarrillos se cuentan por cartones,
pero a la hora de definir tenemos la muerte en los dos extremos de la balanza.
Opciones falsas, sabor a sangre seca, obsesión por el poder, tedio de
vivir, y sobre todo mucho olor a petróleo a la hora del té de
las cinco de la tarde.
Y este hombre, nuestro hombre, agotado, embretado, picaneado, que cree vivir
en democracia, porque de vez en cuando entra en un cuarto oscuro, más
oscuro tal vez, que la conciencia de sus dirigentes, opta, en la inteligencia
de que existen los opuestos.
Los pueblos de oriente y los pueblos de occidente, siguen sufriendo, desgarrados,
la falta de auténticos líderes, que interpreten sus verdaderos
intereses, antes aún que ellos mismos.
Oriente y occidente lloran, la pérdida de sus hijos.
Oriente y occidente se lamentan de estar en manos de delincuentes y esquizofrénicos.
Quiera la Providencia, gran postergada de nuestros tiempos, acortar los días
en que la humanidad toda, se deja llevar de las narices por bandas de inadaptados,
que enquistados en los gobiernos de turno, se deleitan en programar la destrucción
y la matanza de sus congéneres, sentados en cómodos sillones,
sin otra preocupación que la de conseguir mejores y mayores dividendos
para sus inhumanas empresas.
Nº 59 octubre 2006
¿Dónde estás, Adán? (decile que no estoy)
Vivimos inmersos en la cultura de la evasión.
Nos han programado para negarnos, para huir, para no ser responsables, para
no estar. Nos han cantado tantos presentes... hemos llegado tarde a tantos lados...
hemos mentido tanto...
Llegamos a la locura de comprar aparatos que detecten quién nos llama,
para poder experimentar el enfermizo placer de saber a quién nos negamos
a atender. Nos hemos puesto tapones en los oídos para no oír,
con el pretexto de escuchar música en los lugares menos apropiados; lentes
negros para evadirnos mejor. Competimos en aislarnos más y mejor. Nos
olvidamos (o nunca supimos), que nosotros somos convivencia, que nos realizamos
en el diálogo con el otro, y que este prójimo es el que la vida
me arrima, el que nos pone al lado, no el que nosotros queremos o hubiéramos
elegido.
Hemos hecho todo esto tantas veces y con tanto esmero, que hemos terminado escondiéndonos
de nosotros mismos... ya ni sabemos quiénes somos, ni siquiera nos inquieta
esta ignorancia.
Corremos y no sabemos dónde vamos; vivimos enojados y no sabemos por
qué ni con quién. Los que escuchan son tan pocos, los que tienen
ojos para ver, cada vez son más difíciles de encontrar.
La ilusión de separatividad hace estragos, la identificación del
hombre con la mente corrobora todo lo actuado, y por último los que viven,
sufren en el Ser el misterio de su propio fracaso.
Nº 60 Noviembre 2006
Hora de cambios (el mundo nos queda chico)
El Ser está dentro de cada uno de nosotros; dentro
nuestro. El camino es hacia nuestro interior, silenciando el cuerpo, las emociones
y la mente, hacia lo profundo. Occidente analiza: ¿Qué me pasó?
Oriente estudia: ¿A quién le pasó?
Lo que pasó fue un hecho importante pero ya inexistente, ya fue. En cambio
lo constante es a quién le está pasando (atentos al aquí
y al ahora). Cristo no dijo "busquen aquí o allá" sino
"busquen dentro de ustedes". La Biblia y los evangelios no son libros
de historia, son mucho más que eso, son símbolos, metáforas,
lecciones, en suma, que nos muestran verdades muy profundas: el Reino dentro
de uno mismo; esto marca el rumbo de la evolución del hombre, evolución
que comienza cuando nos despertamos, cuando nos hacemos conscientes de nuestro
ser esencial. Volvemos al camino del Espíritu, del cual nunca salimos,
pero que se nos ocultó al vivir la ilusión de la separatividad.
Volvemos a lo espiritual, pero no a través de la mojigatería cargada
de miedos y supersticiones, sino a través del raciocinio, la intuición
y sobre todo de nuestra exposición al Ser (meditación). Siempre
el camino de la evolución fue difícil, siempre las crisis del
hombre fueron agravadas por las semejanzas del bien y del mal; hasta que no
superamos la ilusión de los opuestos, quedamos atrapados en la inconsciencia
emergente de la ilusión de separatividad
En Dios somos, nos movemos y existimos. Cristo es un nivel de conciencia. Somos
manifestaciones de Dios. El Ser es Uno, la conciencia es una, la mente es una.
Al adentrarnos en nosotros mismos, vamos experimentando la vida de Cristo en
nosotros. Tenemos que empezar a ver el mundo como una construcción mental
que evoluciona, como un pensamiento que va siendo. Dios está dentro nuestro
esperando que maduremos. Nos espera pacientemente. Cuando vivenciamos ser hijos
de Dios, toda nuestra vida cobra sentido; ya nos llama amigos porque somos uno
con Él.
No existe otra cosa, Dios es todo, no hay más nada que esperar.
Nº 61 Diciembre 2006
¡Padre, que sean Uno!
Nos cuesta ejercer el Ser. Nos resulta difícil, por poco frecuentado,
realizar el simple hecho de Ser. La mente nos deslumbra con cosas urgentes e
impactantes, fundamentalmente con lo diverso. El Ser es monotemático.
Al principio aburre. Nos cuesta creer que el Uno es más que el dos. Nada
desconcierta más que saber y ser. La mente nos lleva por un torbellino
de ansiedades e impaciencias, experiencias nuevas, pero siempre inevitablemente
frustrantes. El Ser observa y espera su turno.
Nº 62 Enero 2007
La resurrección necesaria (El cuerpo no es el límite del ser,
la mente tampoco)
Si nos preguntamos ¿quién soy?, la respuesta más corriente
es la que dice: soy yo, un individuo separado de los demás, separado
de todo, distinto del resto del mundo. Como si dijéramos: yo estoy adentro
de este cuerpo y todo lo demás está afuera. Pero esta respuesta
que surge en nosotros no es más que un modelo, una especie de paradigma.
Sin embargo yo soy más que eso, soy más que un ego desparramado
debajo de una piel. Busquemos el Ser no en la separación, sino en la
unidad. La gran consecuencia de la desobediencia original, simbólicamente
hablando, es la ilusión de separatividad. El simbolismo fundamental de
la cruz (más allá de su discutida historicidad) es que la Divinidad
(el Ser), debe experimentar la ilusión de separatividad (Padre ¿por
qué me has abandonado?) para que nuestra evolución sea posible.
Debemos adquirir maestría en el ejercicio de la muerte y de la resurrección.
Experimentaremos a lo largo de nuestra vida muchas muertes e igual número
de resurrecciones. Si nos negamos a morir, nos estamos negando a resucitar.
Jesús muere en nuestra mente (todos los conceptos) y resucita en nuestra
conciencia. Si no mueren en nosotros todas las ideas, imaginaciones, representaciones
(becerros de oro), nos va a ser negada la resurrección necesaria para
continuar conociéndonos y conociendo al Ser, que es la vida eterna.
Nº 63 Febrero 2007
La cruz
Teléfonos ocupados, cables cortados, gente que no quiere oír,
boletas siempre más caras, aumentos que no existen, pero que se evidencian,
violencia desatada, hordas ignorantes... desesperanza en busca de sentido. Querer
morir y seguir vivos. Y la pregunta constante que nos va lacerando lenta pero
implacablemente. ¿Quién soy? acompañada de sus inseparables
¿por qué? y ¿para qué?
¿Están las respuestas en el ámbito del pensamiento, en
el ámbito de lo intelectual, o estamos buscando donde hay luz en vez
de buscar donde se nos extravió?
Nº 64 Marzo 2007
¿Dónde está el Reino?
Existe un plano de conciencia que compartimos, y en el cual llegamos a la unidad.
Vivimos en un mundo hipnotizado, que considera al dos, mayor que el Uno. La
única forma de adelantar en esta conscienciación, es mejorar cada
uno en la medida de sus posibilidades (que son infinitas). Formamos parte de
una sola conciencia, lo entendamos o no lo entendamos.
Todos los intentos han quedado en intentos, porque el ego, copó todas
las posibles revoluciones (por supuesto en el plano interior). Sólo una
revolución es factible y es la que ocurre dentro de cada uno. Y es la
que nos lleva a esa conciencia de unidad. "El Reino está en el interior
de cada uno".
El Reino se va realizando a partir del momento en que decido maduramente que
mis dones deben ser puestos al servicio de la comunidad espiritual (cuerpo místico).
El Reino se va desarrollando teniendo como comienzo este hecho, esta decisión,
este descubrimiento; es como un guante pequeño que se va estirando en
la medida que penetra la mano en él, manifestando una capacidad totalmente
desconocida.
El Reino no está ni aquí ni allá. No viene a nosotros a
través de un hecho revolucionario de la superficie. El Reino no se impone
por decreto.
"Yo estoy en la puerta y llamo; si alguno me oye y me abre, entramos y
hacemos morada en él".
Nº 65 Abril 2007
De truenos y vientos fuertes
En los zonas tropicales se pueden apreciar las tormentas. Todo se pone muy quieto
y demasiado simple. Es como que el tiempo se detuviera. Algún graznido
lejano... alguna leve brisa, pero fundamentalmente una calma excepcional...
¿Qué nos enseña la tormenta? ¿Qué nos quiere
mostrar la naturaleza? Para la mayoría nada más que un fenómeno
sobrecogedor, pero simplemente meteorológico. Era o no previsible, demasiado
calor, mucha humedad ...
Si desarrollamos oídos y ojos, veremos la proyección de nuestras
propias tormentas interiores. La tormenta limpia, la tormenta explota, la tormenta
lava, enjuaga y por supuesto, también asusta.
Debemos entrenarnos en vivir intensamente nuestras tormentas, disfrutando la
mojadura que nos higieniza aún en contra de nuestra voluntad; y que nos
conmueve, que nos saca de la rutina y que nos eleva de la mediocridad...
Nº 66 Mayo 2007
De principios y finales...
Cuando vemos documentales por televisión, acerca de las vidas y costumbres
de los animales, se describen conductas más o menos interesantes, más
o menos divertidas y más o menos pintorescas... Sin embargo rápidamente
se presenta como un rayo, el final de algo; aparece la violencia, el sufrimiento
y la muerte... Daría la impresión de que la lucha es permanente:
el animal grande se come al chico, y a la vez es comido por otro más
grande; y el chico se come a otro más chico.
Habría como una regla, como una ley no escrita, que autoriza al que subsiste
a crecer y mejorar la especie. Lo que vemos son nacimientos y muertes, físicas,
materiales.
Lo espiritual no se percibe hasta que no desarrollamos los instrumentos necesarios.
El Ser contiene todo, no hay nada fuera de Él.
La violencia puede ser sólo aparente, el animal al ser comido sigue en
su etapa evolutiva recobrando una identidad que en realidad nunca perdió.
Pareciera que la vida, por lo menos en esta instancia es siempre lucha; pareciera
que la lucha siempre nos habla de conciencia, y esta nos evidencia la evolución.
La naturaleza espera la revelación de los hijos de Dios; nos ofrece su
belleza, su majestuosidad, nos inunda los sentidos de superficie con sus desbordes,
y espera pacientemente que la hagamos participar de nuestra conciencia.
Nº 67 Junio 2007
Tan infantil...
Sufrimos por nuestros apegos, que son deseos desordenados Nunca aceptamos la
voluntad de Dios (lo que la vida quiere de nosotros). Siempre queremos imponer
lo que nosotros queremos de la vida.
Cuando meditamos descubrimos nuestros apegos en forma acelerada, lo que no significa
que los superemos de la misma manera. Los apegos son muchos años de programación
cifrando nuestra felicidad en que sucedan o dejen de suceder determinadas situaciones
o determinados hechos, consumados o con posibilidad de serlo.
Deseamos tener o dejar de tener, dinero, salud o amor, según como sea
nuestra situación. Hacemos depender nuestra felicidad de la conducta
de otros, de como actúen hacia nosotros, y después en que esas
personas mantengan la misma actitud en el transcurso del tiempo. Seremos felices
si tenemos hijos, y si los tenemos, seremos felices si no nos abandonan, o si
no se enferman, o si no se mueren. Es todo tan infantil, un juego tramposo tan
evidente, donde siempre salimos perdiendo, que cualquier comentario está
sobrando.
"Aunque vivo, quédate muerto,
acabadamente muerto:
entonces todo será bueno,
hagas lo que hagas".
Bunan Zenji
(Vivió entre 1603 y 1676)
Nº 68 Julio 2007
Para toda la vida
Nuestro entrenamiento debe ser para toda la vida. Existen tareas de nuestra
vida de superficie que hemos de repetir hasta el fin de nuestros días,
una de esas labores es la de estudiarnos y entrenarnos. Debemos hacer de nosotros
un verdadero banco de pruebas, partiendo de la base de que nada es casual. Atraemos
la que necesitamos para evolucionar, consciente o inconscientemente. Cuando
somos jóvenes nos preguntamos, nos esforzamos por saber qué queremos
de la vida; y nos ocupa gran parte de nuestro tiempo armar y desarmar ilusiones,
pensando en lo que queremos ser, en lo que queremos tener, o a lo que podemos
aspirar. En algún momento de nuestra maduración algo se rompe
dentro nuestro y comenzamos a indagar qué quiere la vida de nosotros.
Esto es mucho más interesante, y a partir de esta resolución,
lo trascendente comienza a barajar nuevas cartas para nosotros: ya empezamos
a ser conscientes de que somos.
Cada mañana al levantarnos debemos hablar con Dios; pero debemos asegurarnos
de que nuestro interlocutor no sea el ego disfrazado, "por sus frutos lo
conocerán". Si me pregunto qué puedo hacer por mis hermanos,
es el ego el que pregunta, porque el Ser ya sabe lo que tiene que hacer. Debo
vivir la vida simplemente como venga. Esa es la voluntad del Ser que se comparte
conmigo. Dejar de preguntarnos qué quiero de la vida y anclarnos y permanecer
en lo que la vida quiere de nosotros.
Solos, imposible; con la Providencia, un paseo.
Nº 70 Setiembre 2007
Los sentidos exteriores confirman la separatividad
El rastreo, descubrimiento e incorporación consciente de la Providencia
en nuestra vida espiritual, es una batalla determinante. El ego nos programó
ocultándonos el poder y la existencia de la Providencia. Nos colocó
los becerros de oro de la suerte, del destino, de la casualidad, de la genética,
de lo paranormal; todos ídolos que nos llevaban indefectiblemente a sentirnos
totalmente en manos de un azar indolente. Esta programación nos hacía
esperar siempre y en cualquier momento un cachetazo porque sí, porque
se dio así; o también nos hacía sacar a último momento
un as de la manga que nos transformaba en triunfadores sin méritos y
sin esfuerzo. ¡Cuánto tiempo navegamos en agua de nuestra propia
bañera, pensando que estábamos en un mar desconocido, cuyas olas
nos iban a hacer naufragar o por el contrario nos iban a llevar a costas exóticas,
en las cuales nos recibirían nativos deseosos de agasajarnos. Hemos confundido
la imaginación, que es legítima, con la fantasía que es
un producto ilegítimo, nacido en una mente curiosa pero no interesada.
Parece que una de las leyes primeras es que todos "somos uno"; esto
es fácil de decir pero difícil de experimentar. La ilusión
de separatividad es la fuerza más importante que tiene el ego. Es el
argumento falso sobre el cual se apoya todo el andamiaje del ego. Contra la
muralla que crea esta ilusión se crean los intentos del yo profundo,
de lo esencial, tendientes a que vivamos la unidad. El secreto místico
más importante de todos los tiempos y lugares es que solamente existe
un Ser (Dios). Dios no es un Ser, sino que es El Ser; y nosotros somos manifestaciones
del Ser, como si dijéramos rayos de ese sol. Los sentidos se han convertido
en servidores del ego y sus informaciones nos confirman en la ilusión
de separatividad (yo veo otro hombre, que no soy yo). Si cerramos los ojos sería
un poco más fácil aceptar que todos somos uno. La solución
es despertar los sentidos internos que son leales al yo profundo y nos darán
la información correcta.
La identificación con la mente es nuestra tragedia. La mente nos manda
invariablemente al pasado y al futuro, evitando el presente. Si yo me identifico
con la mente, que me pasea de lo que fue a lo que puede ser, pasaré mi
vida en aprontes y partidas: el miedo por lo que me pueda ocurrir y la sensación
de culpa por lo que ocurrió me mantendrán ocupado, y mi vida se
deslizará inevitablemente sin poder llegar a la profundidad del Ser.
Un pasado sin perdón y un futuro sin Providencia ocuparán mi existencia,
y mi vida será una parodia de lo que debería haber sido.
Existe un plano de conciencia que compartimos y en el cual logramos la unidad.
Vivimos en un mundo hipnotizado que considera al dos mayor que al uno. La única
forma de adelantar en esa concienciación es mejorar cada uno en la medida
de sus posibilidades (que son infinitas), formamos parte de una sola conciencia,
lo entendamos o no lo entendamos. Todos los intentos han quedado en intentos
porque el ego copó todas las posibles revoluciones. Sólo una es
factible y es la que duerme dentro de cada uno. "El Reino está en
el interior de cada uno".
"Por como me percibo a vivir una auténtica experiencia del Ser,
me siento separado de Él, y sin embargo, comprometido y protegido por
Él. Me siento fuera de mí mismo, y sin embargo en mí mismo
como nunca antes. Ese fuera del cual yo estoy y ese en el que estoy en tales
momentos, no son idénticos. Pero los dos coinciden en mí y en
todo"
K. G. Dürckheim
Nº 74 Enero 2008
Los hermanos del Señor
Son muchos los pasajes del Evangelio, en los que se evidencia el anuncio de
un nuevo orden, de una verdadera desprogramación.
La frase que delimita territorios, y que todavía no ha sido suficientemente
analizada, es aquella que en boca de Jesús dice: "Mi Reino no es
de este mundo".
Algunos exégetas y pensadores suponen que el diálogo con Pilatos
nunca existió, seguramente fue producto de alguna interpolación
realizada con el objeto de dejar en mejor posición la figura del Imperio
Romano; hablamos de los primeros siglos de la era cristiana cuando se realizó
el matrimonio por conveniencia de la Iglesia con el Imperio.
Convengamos con la mayoría de los estudiosos del tema, que el Jesús
histórico, es inaccesible, esto significa que no hay forma de llegar
a determinar absolutamente nada con certeza de la vida del presunto Jesús
de Nazareth.
Las únicas fuentes reales con las que contamos, son los Evangelios, los
cuales son, sino contradictorios, por lo menos imprecisos.
Si buceamos en búsqueda de un Jesús redentor, podemos leer a Jung
que nos informa: "El arquetipo del Dios Redentor, y del primer hombre,
es antiquísimo.
En realidad desconocemos cuán antigua sea esta idea.
El Hijo, el Dios revelado, que voluntaria o involuntariamente se ofrenda en
cuanto hombre, a fin de que pueda surgir un mundo, o a fin de que el mundo sea
redimido del mal, se encuentra ya en la Filosofía Purusha de la India,
así como también en la imagen del Protanthropos Gayomard, de Persia.
Gayomard, como hijo de Dios luminoso, es sacrificado a las tinieblas, y debe
ser nuevamente liberado de éstas, para redimir al mundo.
Es el prototipo de las figuras gnósticas del Salvador, y de la doctrina
del Cristo Redentor de la humanidad". ( C. G. Jung . Simbología
del Espíritu).
Pero dejemos aquí estas dos aproximaciones al Mesías, y avancemos
en una nueva perspectiva, que es la del Cristo místico; este Cristo que
todos tenemos dentro nuestro, que hace decir a Shakespeare " Hay alguien
dentro mío, que es más Yo, que yo mismo".
La encarnación de Cristo en una naturaleza humana particular, no ha hecho
más que preceder y merecer su encarnación en toda la humanidad;
se convierte en "Primogénito de muchos hermanos".
Recordemos el pasaje del Evangelio donde le dicen a Jesús: "Tu madre
y tus hermanos están afuera buscándote".
En vez de salir a su encuentro Jesús dijo: "Quién es mi madre
y quiénes son mis hermanos? Les aseguro que cualquiera que cumpla la
voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre".
Una vez más el anuncio de un nuevo orden, no el de la sangre (lo material)
sí el del espíritu (lo pneumático).
María apareció como despreciada, sin embargo al pie de la cruz
fue ella la que estuvo hasta el fin, y tal vez fue allí, cuando comprendió
el alcance de esas palabras pronunciadas por su Hijo, evidenciando un nuevo
orden.
Y una vez más, al final del relato, una nueva confirmación: "Mujer
he ahí a tu hijo, hijo he ahí a tu madre".
Nº 25 Diciembre 2003
Algunos creyentes, tal vez creyentes de superficie, más
cerca del cholulaje que de la fe, se escandalizan ante la posible existencia
de hermanos carnales de Jesús.
Seguimos colando el mosquito y tragando el camello.
Cristo trae un orden nuevo al mundo, basado en aquello de "renacer de lo
alto" y descubrir nuestra pertenencia al mundo del espíritu.
Yo, tú y todos nosotros somos hermanos de Jesús, y Él lo
evidenció con claridad meridiana, en los pasajes evangélicos señalados
con anterioridad.
Hemos comprendido la mitad del mensaje de Jesús, Él es Dios, pero
debemos asimilar definitivamente que es también hombre.
"Amar a Dios y amar al hermano", el mandamiento descollante del cristianismo,
se nos presenta una vez más como definición de lo indefinible.
Quiera la Providencia desde su eterno presente, ayudar al hombre en esta aventura
a través de los tiempos, a que descubra su verdadera identidad del Hijo
de Dios, hermano de Jesús el Cristo.
Además ya conocemos el secreto: "El Padre está en mí,
y yo estoy en Él, y nosotros estamos los unos en los otros".
Nº 25 Diciembre 2003
Lo simple y lo sencillo
Nada ni nadie puede separarnos a los unos de los otros. En la profundidad todos
pertenecemos al Ser. En realidad simplemente somos. Muchas veces dentro de los
problemas que nos plantea la superficie, nos agobia principalmente las separaciones,
las posibles ausencias, la muerte de seres cercanos...
Volvamos al planteo del pasado y del futuro. Si realmente vivimos "el aquí
y el ahora", no podemos experimentar de ninguna manera el pasado como recriminación,
ni el futuro como amenaza. El Ser se manifiesta como el que es, no como el que
fue ni como el que será.
El recorrido más largo empieza con el primer paso. El pozo más
profundo se empieza desde arriba, desde la superficie. Muchas veces nos quejamos
de que el pasaje a lo espiritual es muy lento y por supuesto muy costoso. En
realidad, es costoso, pero no es lento. Dios está deseoso de que seamos
conscientes de que Él nos dio todo. No nos escatima nada. La lentitud
se produce por nuestra lentitud en renunciar, en abandonarnos, en vaciarnos,
en confiar. Revisemos la renuncia: esta debe ser total y sistemática.
Total no significa que debamos renunciar indiscriminadamente a todo, sino a
todo lo que el Ser me pida (lo que la vida me pida) y sistemática significa
que no debemos demorar en análisis exhaustivos. Debemos ejercer el discernimiento
sobre pautas claras y rápidas, en una palabra, sistemáticas. En
la lentitud para renunciar a todo en forma sistemática, radica la lentitud
que muy simplonamente le atribuimos a la adquisición de lo trascendente.
El secreto radica en hacernos sencillos. Es tal la programación que hoy
en día ser catalogados como sencillos o simple, es por lo menos descalificante,
sino ofensivo.
Confundimos muy a menudo progreso con evolución; y el progreso es más
progreso, si es sofisticado. Lo simple o sencillo es considerado antiguo, se
ha quedado en el tiempo, y termina por no servir. Las cosas tienen que ser complicadas,
las películas, los libros, los discursos, las personas, las situaciones,
nada escapa a los criterios de complicación. Siempre le buscamos la quinta
pata al felino, como si fuera vergonzoso reconocer simplemente que tiene cuatro
extremidades.
Si no volvemos a lo sencillo y a lo simple, va a ser imposible captar una dimensión
que es sencilla y simple. El Ser es tan sencillo y simple, que nuestra mente
programada para lo complicado, no lo puede sintonizar.
¿Cómo se logra la sencillez y la simplicidad? Yendo a las fuentes,
en la des-conceptualización está la clave.
Nº 75 Febrero 2008
Vamos creciendo...
Nuestro estancamiento espiritual se produce cuando por temor a equivocarnos
dejamos de investigar. Las actitudes son variadas, como variados son los egos
que experimentan; los hay que prudentemente aconsejan no innovar en una materia
que no nos es natural. Salimos a empatar un partido pero no a ganarlo.
La programación feroz hace su efecto, pensamos que la vida eterna empieza
después de la muerte, entonces ¿para qué tomar decisiones
antes? Es prudente manejarse en los ámbitos que uno conoce, en los límites
reconocidos, no hablar con extraños, más adelante se verá...
Otros egos en cambio investigan todo en todos lados, pero sin profundizar; en
realidad no tienen interés, solamente tienen curiosidad ¿qué
será eso de la profundidad, qué será el mundo espiritual?
Cuando esta pretendida investigación me lleva a mi interior, obligándome
a observarme y corregirme, deja de ser de mi aparente "interés",
y comienzo la búsqueda por otro lado. Nos olvidamos de la aseveración
de Cristo: el que permanece da frutos, el otro no.
No debemos confundir envejecer con crecer. En la vida de superficie se envejece,
de forma más o menos evidente pero segura. Todo lo que nace, de una manera
u otra envejece y muere.
El envejecimiento no es ni bueno ni malo, la mente es la que lo cataloga. Todo
se da en ciclos. El mar sube y baja; las hojas surgen, se marchitan y se caen.
Ningún paso de este proceso es bueno o es malo, simplemente es.
Muchos bien-pensantes consideran que esta es una especie de consuelo inteligente,
inventado por los que van perdiendo juventud, y que cambian de criterio al ver
escaparse lenta pero inexorablemente los años de plenitud.
En realidad la clave está en el lugar y el condicionamiento que le ponemos
o adjudicamos al concepto "plenitud".
Si la plenitud es en el plano físico, hablamos de un hombre de 35 años
aproximadamente, pero si hablamos de un ser humano integrado, trascendente,
descubridor y participador de lo espiritual, en ese caso nunca estaremos más
plenos que "en el aquí y en el ahora". Vamos creciendo siempre,
hacia mayor plenitud.
"Sean perfectos como el Padre celestial es perfecto".
Nº 76 Marzo 2008
Abril 2008
Es necesario que él crezca y que yo disminuya
En la medida en que nos entregamos al Ser, en la medida
en que permitimos que el Ser nos invada, en la medida en que renunciamos en
forma total y sistemática, vamos muriendo a la superficie (sin abandonarla)
y al mismo tiempo captando el significado profundo de la frase “es necesario
que él crezca y yo disminuya”.
Disminuyo (muero) a mi yo y a sus ilusiones de separatividad, y en la medida
en que lo hago me voy vaciando de todo lo que realmente no soy.
... Y surge el Ser, lo que siempre fue, lo que nunca dejó de ser. Va
surgiendo en nosotros la consciencia de que somos. “Yo estoy afuera (o
adentro, o abajo), y golpeo la puerta; si alguno me oye y me abre entraremos
con mi Padre y haremos morada en él”. ¿Queremos ser templos
de Dios o tumbas vacías?
Mayo 2008
¿Por qué nos imaginamos que para Dios no es provechoso encarnarse en nosotros?
Cuando vamos tomando posesión de nosotros mismos,
cuando vamos siendo conscientes de que “somos”, nos sentimos inevitablemente
desidentificados de nuestra mente. Es decir, podemos afirmar sin ninguna duda
que no somos la mente.
Existe en nosotros algo similar a un triángulo que nos aprisiona, una
suerte de cárcel sin barrotes conformadas por tres lados que se apoyan
y sostienen recíprocamente, dando la imagen de que son reales. Estos
lados del triángulo imaginario son: mente-tiempo-espacio.
En la medida en que dejo de identificarme con la mente, en esa misma medida,
pierden su punto de apoyo y fuerza los otros dos lados del triángulo
(tiempo y espacio).
No buscamos ni salir del tiempo ni trascender la dimensión del espacio,
pero estos resultados se producen como consecuencia de nuestra desidentificación
con la mente.
La mente que reina despóticamente en el pasado y en el futuro, se convierte
en dúctil y efec¬tivo instrumento en el “aquí y ahora”,
que alcanzamos al liberarnos del tiempo y del espacio.
Por nuestras venas corre el misterio del Ser, el misterio tremendo del Dios
vivo y encarnado late en nosotros... “¿por qué buscan entre
los muertos al que está vivo?”. “Alégrense porque
sus nombres están escritos en el libro de la vida”.
Junio 2008
Trascender la estructura religiosa interior
“Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar”, Jn 2, 19-20
La Providencia, ley de leyes, se manifiesta en un orden
menor de atracción de lo que necesitamos para evolucionar espiritualmente;
vale decir que cada uno tiene la posibilidad de atraer hacia sí mismo
la experiencia, o ilusión de experiencia que necesita para evolucionar
espiritualmente. Todos nacemos dentro de un ámbito cultural, de un ámbito
familiar. Una vez atraída nuestra experiencia de ilusión de separatividad,
la Providencia, a través de ese mandato, nos “arma” (armamos)
una experiencia ilusoria de separatividad.
El Ser es Uno, y nosotros somos sus manifestaciones. En Dios somos, nos movemos
y existimos, y en el “Hijo”, realizamos esta ilusión de separación
del Padre, para después volver. Volver hacia adelante.
Nacemos en un mundo ilusorio, en un mundo de proyección, y apoyamos toda
nuestra estructura en la arena (ilusión de separatividad). Desde lo más
ruin hasta lo más noble que creemos tener, está apoyado en la
estructura débil e indeseable de separatividad. Nos sentimos separados
de Dios y separados de los demás, unos de otros.
La mente desviada de su centro se vuelca hacia afuera, en una búsqueda
insaciable de diversidad. La ilusión de separatividad acepta y cree que
“dos es más que uno”.
La mente desbocada trae como consecuencia, en su ilusión de acción,
las dimensiones del tiempo y del espacio, junto con las cuales construye para
la manifestación del Ser una cárcel sin barrotes.
La estructura interna de separatividad me muestra un Dios “afuera”,
y el deseo me lleva a querer realizarme con Él; y la mente crea el momento
religioso, siempre con un Dios separado y alejado, al cual quiero acercarme.
La identificación de nuestra manifestación del Ser con la mente,
trae aparejado la ilusión de separatividad, que solamente puede darse
en las dimensiones de tiempo y espacio; al meditar vamos des-identificándonos
de la mente, lo cual facilita la caída (al principio lenta, pero luego
definitiva) de las nociones de tiempo y espacio.
Al conceptualizar un Dios afuera a través de nuestra estructura interna
de separatividad, el deseo me lleva a querer re-ligarme con ese Dios exterior,
y la mente vuelve a crear el momento religioso.
Cuando descubrimos que Dios no está afuera sino adentro de nosotros (después
de la muerte y resurrección, no de la muerte física sino de la
muerte al mundo de superficie), cuando descubrimos que dentro nuestro hay alguien
que es más yo que yo mismo, terminamos con nuestra ilusión de
separatividad. Vale decir que terminamos con nuestra estructura religiosa interna,
construida por el miedo de tener que encontrarme más tarde o más
temprano con un Dios exterior.
No somos hombres haciendo una experiencia espiritual, sino manifestaciones del
único Ser haciendo una experiencia ilusoria de separatividad, dentro
de un ámbito de proyección inexistente que llamamos mundo.
Jesús, tal como dice el evangelio, no viene a modificar la ley judía
ni tampoco a crear una religión nueva; Jesús viene a cumplir con
la religión. Anuncia la consciencia crística, que se manifiesta
después del arrepentimiento (de haber pensado que Dios es lo más
importante, cuando en realidad es lo único importante), y después
de la conversión, vale decir, no de convertirnos a otra religión,
sino de convertirnos nosotros hacia adentro de nosotros mismos. “El Reino
de los cielos está adentro de ustedes”. “Tiren abajo el templo
que en tres días construiré uno nuevo”. Esta es una clara
alusión a la resurrección. Si Cristo no resucita dentro mío,
estúpida es nuestra fe.
Julio 2008
El Padre y yo somos Uno
Yo estoy de acuerdo en que pueda ser el Hijo de Dios,
es tan esperado, tan deseado, y alguna vez tiene que venir; y ¿por qué
motivo no podés ser vos? A mí me consta que desde pequeño
tuviste inclinaciones diferentes de las habituales; diferentes intereses, digamos.
Yo estoy contigo y yo te apoyo... en lo que sea. Pensemos juntos: si realmente
fuéramos hijos de Dios podríamos convertir las piedras en pan,
y saciar el hambre de esta pobre gente que nos rodea. Sería una jugada
maestra. Mitigaríamos el hambre de la gente y al mismo tiempo nos acreditaríamos
delante de ellos para poder enviar con mayor seguridad nuestro mensaje. Que
de eso se trata, a no olvidarlo...
–Padre, yo no vine a fundar la Cruz Roja, ni el Pami internacional, ni
tampoco a proclamar la igualdad material de los hombres, simplemente porque
ese no es mi mensaje, esa no es mi ocupación... sin embargo, multipliqué
panes, Padre, para que se dieran cuenta de tu poder y del mío, para que
fueran capaces de conscientizar su propio poder, Padre... pero fue inútil,
solamente querían llenar el estómago.
–No importa que nos hayamos equivocado; eso no debe quitarte la convicción
y la certeza de que sos mi hijo. Vos sabés que yo tengo todo el poder,
el único poder, sabés que no hay dos poderes; y todo ese poder
se lo puedo dar a quien quiero, pero tienes que tener la certeza y la confianza
absoluta de que yo soy tu Dios...
–... puedes creer que lo intenté, y no sólo una vez, sino
de mil maneras; pensaba que si tenía el poder podía imponer la
verdad, vaya si lo intenté, negocié con los zelotes, con los fariseos,
con los esenios y hasta con los saduceos... hasta quedar exhausto y confundido.
Y ahora de pronto me ofreces el poder, y lo único que se interpone en
alcanzarlo, es que postrado te adore y te reconozca como mi Dios. Pero no veo
un Dios afuera. Si me ofrecés el poder es porque me estás temiendo...
sigo tan confundido como antes, pero sé que sólo a Dios debo amar,
y algo me da la certeza de que adentro mío hay alguien más yo
que yo mismo. No me tortures más.
–Es lo que yo siempre dije, simplemente te estaba probando. Quería
saber definitivamente si éramos o no los hijos de Dios. Quería
saber hasta qué punto estabas convencido de eso; lo que tengo para transmitirte
no podría ser resistido por un hombre que deje libre su imaginación;
y a veces noté que podía ser tu problema. Pero, ¿cómo
pensás alcanzar tu plenitud si no querés reconocerme como tu Dios?
– Si fueras mi Dios no precisarías que te reconozca, ni que te
alabe, ni precisaríamos hacer toda la parodia en un templo donde el miedo
rebalsa. Si yo me veo, te veo a vos; me veo en vos y te veo en mí: ¿de
qué adoración, de qué reconocimiento, me estás hablando?
–Ahora sí estoy convencido. Ahora sí sé que somos
Uno. Definitivamente juntos en la eternidad fuera del tiempo y del espacio,
¿sientes esa certeza? Demuéstramela tirándote del templo
que yo diré a los ángeles que te sostengan. Hacelo ahora, que
este acto sea el sello de nuestra definitiva unión.
–Y me lo creí Padre; me estaba pidiendo que demostrara confianza,
estábamos volando tan alto. Si el Padre me envía ¿cómo
no voy a confiar? Y así fue que hice milagros Padre, ¿no me sentía
acaso tu Hijo? Pero ni con la resurrección de un muerto pude acercarme
a la consciencia, ni con la resurrección de un muerto pude confirmarme
que yo era el Hijo de Dios.
Y el tentador se fue, aburrido de derrotarme siempre, con el convencimiento de que yo no era el Hijo de Dios
Agosto 2008
Dios se derrama en el ser humano
Hemos creído por programación, sin analizar
y sin experimentar, que Jesús, el Cristo, es verdadero Dios y verdadero
hombre; sin embargo la gran mayoría de los creyentes sólo adhiere
en la práctica a la primera parte de este postulado: Jesús es
Dios.
Hemos creado, siempre por programación, una distancia insalvable entre
Jesucristo y nosotros. Nos hemos quedado con el Jesús histórico,
que vivió hace 2000 años, que vivió y resucitó,
(no sabemos cómo), y que nos salvó, (no sabemos cómo, ni
de qué; pero nos salvó).
Nos han endilgando una categoría de hijos adoptivos, difícil de
aceptar en términos de absoluto y de eternidad, y más difícil
aún en el ámbito de un Dios que es amor y dádiva, más
allá del tiempo.
Cuando el “Ser” decide hacer la experiencia de separatividad, que
consiste en separarse y regresar, después de haberse conocido en nosotros
(sus propias manifestaciones), ocurren cosas: nos conocemos, nos experimentamos
en lo dual y vamos regresando paulatinamente a la unidad.
El conocimiento de Dios no nos lleva a tener un saber sobre Dios, nos lleva
simplemente a experimentar lo “Uno”. Cuando nos identificamos con
el Cristo, cuando vemos que es hombre y es Dios, recién en ese momento
nos descubrimos en el Ser; sin pecados, sin hijos adoptivos, sin rescates ni
salvaciones, que son producto evidente de nuestra ilusión de separatividad.
El Ser es Uno. Somos Uno. No hay siquiera dos seres. En Dios somos, nos movemos
y existimos, dice San Pablo.
Volver a la unidad significa despertar a la verdad de que nunca nos hemos ido
de lo Uno, aunque quisiéramos, no podríamos. Las separaciones
son una ilusión. “Les conviene que yo me vaya”, dice Jesús
en el Evangelio, refiriéndose a su vida histórica; cuando descubrimos
al Cristo interior en nosotros, el Jesús histórico desaparece,
tal como ocurre en el relato de los discípulos de Emaús. Entonces
resucitamos.
Dios no está frente a nosotros, ni a nuestro lado, Dios es nosotros,
es la fuerza que nos origina; Dios se derrama en el ser humano. Somos consciencia
haciendo la experiencia de lo humano para luego trascender.
Octubre 2008
La importancia de lo pequeño
Nuestra programación es siempre para grandes cosas
(realizarlas, tenerlas, verlas, sufrirlas, padecerlas, mirarlas); nuestro nivel
de consciencia es precario, primitivo (nos imaginamos separados de todo y de
todos), pero nuestro condicio¬namiento nos remite a que lo nuestro es grandioso,
nuestro punto de vista es único, lo que pensamos, decimos o hacemos,
siempre es superior en todas sus formas a lo que piensa, dice y hace “el
otro”. Confiamos en Dios porque lo consideramos todopoderoso y nos imaginamos
qué es ser todopoderoso; nos imaginamos a nosotros con poder, pero siempre
en ese nivel de consciencia primario; el poder sería para imponer mi
criterio (que siempre es el mejor).
La mente que nos obnubila con el pasado y con el futuro, nos impide artesanalmente
que vivamos el aquí y el ahora, donde está lo cotidiano, la realidad,
en suma donde está la vida.
Ante la pregunta des-programadora de Jesús “¿quién
dicen ustedes que soy yo?” no hay posibilidad de invocar grandes pensadores
ni filósofos para referenciar la respuesta; ni gurúes, ni guías
iluminados, ni contactos, ni canales: la respuesta tiene que ser la mía,
aquí y ahora.
¡Somos los hijos del Viviente, del único que vive!
Y esta iniciación agradece Jesús al Padre
porque la comunicó a los “pequeños” y no a los “prudentes”.
Nótese que no dice pobres, ricos, sanos, enfermos, lindos ni feos, sino
“pequeños”, oponiéndolos a los “prudentes”.
El “prudente” no puede trascender. Para ser conscientes de la paternidad
divina (que no es como la paternidad humana), tenemos que dejar de ser prudentes.
El prudente está programado para no arriesgar, para analizar, para razonar,
para evaluar. El prudente nunca se va a “soltar”; siempre pretende
que antes de soltarse sea “agarrado”, “tomado”; quiere
ir siempre a lo seguro. Humanamente impecable (“es preferible que muera
un hombre solo y no que perezca el pueblo”), para trascender, totalmente
insuficiente.
Vivimos en una dimensión paranoica, en un nivel de consciencia de energías contrapuestas que se neutralizan entre sí, impidiéndonos ser.
El Reino es como la más pequeña de las
semillas, cuando empieza no se ve, parece imposible que llegue a crecer, y sin
embargo se desarrolla en el arbusto más grande; se refería a la
semilla de mostaza.
El Reino es como una perla escondida en un terreno, que valoriza a todo el terreno.
Y el que la descubre no vacila en vender todo para poder comprar ese terreno
que esconde el tesoro.
El Reino es como la levadura de la masa; una pequeña medida fermenta
toda la masa. Un poco de sal alcanza para darle sabor a mucha comida.
El Reino se da en lo cotidiano: no hay grandes misiones, ni grandes designios
(humanamente hablando...). Aquí y ahora con el prójimo que la
Providencia me acomoda al lado; no el que yo quiera buscar, no con el que me
quede cómodo, no con el que sea fácil de amar...
Un niño pequeño es el esperado que nace en un pequeño país
ocupado, derrotado, en una familia de trabajadores, de jornaleros y de amas
de casa; no hay títulos ni honores, no hay imperios ni tronos, no hay
victorias militares, ni políticas, ni siquiera dialécticas.
Una vida pequeña, breve... un mal asumido, no explicado, sin shows, sin
aglomeraciones...
Vamos a trascender, vamos a la aventura del ser; es hora que descubramos la
importancia de una fugaz mirada de incognoscible intensidad.
Noviembre 2008
La necesidad de redención
Podemos aceptar la noción de culpa, podemos enrolarnos
en la línea de la evolución, pero lo que no podemos hacer es negar,
de ninguna manera ni de ninguna forma, que dentro del hombre algo anda mal.
El relato de la cizaña y del trigo surge incólume como el mejor
tratado de psicología espiritual escrito en todos los tiempos.
Algo anda mal dentro nuestro; existen fuerzas contrapuestas que se anulan recíprocamente:
“Veo el bien que quiero realizar, y hago el mal que no quiero hacer”;
sin embargo Dios me ama como soy; es decir, Dios se ama a sí mismo en
mí, que soy su manifestación.
“El ojo por el cual Dios me ve es el mismo ojo por el cual yo lo veo a
Él”. ¿Culpa o evolución? ¿Tiene sentido gastar
energía en conceptualizar lo que se muestra con evidencia extrema en
la experiencia?
“Sin mí no pueden hacer nada”. Nótese que no dice
“pueden hacer poco”, ni tampoco dice “con mucho esfuerzo harán
algo”; es categórico: “Cosas más grandes que yo harán,
porque yo voy al Padre...”, “...pero sin mí no pueden hacer
nada”.
Tal vez tengamos que realizar una inmersión en nosotros mismos, cada
vez más y más profunda, sin pretender intelectualizar lo que vamos
viviendo. Jesucristo no viene a fundar religiones nuevas, ni tampoco a abolir
las existentes: viene a cumplir con la promesa del Padre, viene a redimir...
¿de qué forma? Ni más ni menos que rescatándonos
del no-ser, mediante la donación de sí mismo.
Es complicado si lo queremos explicar racionalmente; simple y sencillo si dejamos
que el Ser se nos brinde. La máxima posibilidad del hombre, su realización,
es recibir al Ser.
Tendríamos, tal vez, que entrenarnos en no pensar, en no imaginar y sobre
todo en no hacer (todo esto en lo espiritual o en lo profundo). Dejar que Dios
se exprese en nosotros.
¿Dónde quedó la culpa o la evolución?
No gastemos energías en demostrar lo indemostrable, en analizar lo que
es indivisible... lo que surge es eternidad.
“... que te conozcan a ti, Padre, y al que enviaste, tu Hijo”.
Diciembre 2008
¿Dónde va el amor?
Mi mano izquierda está muy enojada, tuvo unas palabras con mi mano derecha. El hecho es que ahora no se hablan, ni se ayudan; en vez de cooperar entre sí como hacían antes, ahora cada una se opone con todas sus fuerzas a los proyectos de la otra.
Mi hígado, que es muy compasivo pregunta siempre qué puede hacer por los otros órganos del cuerpo, sus hermanos; y todos responden a coro, como si hubieran llegado a un acuerdo previo: filtrá bien, filtrá cada día mejor; no dejes de filtrar.
Entre mi mano y mi brazo hay un problema importante;
yo lo llamaría de "límites". La mano insiste en extenderse
y el brazo no acepta ser invadido. Después de gastar mucho en sellados,
y en viajes diplomáticos, decidieron de común acuerdo que la zona
litigiosa se llamaría “muñeca”.
Ahora la muñeca pretende autonomía e independencia; y se sumó
como un tercero en discordia. Totalmente imprevisto.
Todo el amor que tenemos y que nadie valora, ¿a
dónde va?
Todas las ganas que tenemos de entrar en el otro y no se nos permite, ¿a
dónde van?
Todo el amor que se malinterpreta, todo lo que quiera amar y no se le permite
¿a dónde va?
Todas las decepciones, ilusiones y traiciones son el material imprescindible
para descubrir que Dios nos ama y que imperiosamente quiere que lo amemos.
No hay necesidad de ir a los monasterios; la única necesidad es ir hacia dentro de uno mismo.
Enero 2009
Permanezco… y el Ser se revela
Hablamos siempre de trascender la mente, de ir más
allá del juego planteado por los opuestos; siempre más allá
de la ilusión de tiempo y espacio; sin pasado y sin futuro, tomando consciencia
de la unidad definitiva que nunca dejó de ser.
La meditación nos lleva como si fuéramos impulsados por fuerzas
desconocidas, no catalogables, no identificables, a través de gustos
y disgustos, de apegos y aversiones. Nos saca de lo conocido y nos deja justo
en el umbral de lo incognoscible. No hay conocimiento ni experiencia; sabemos
sin embargo que Dios en algún tramo es “abandonador”, pero
no sabemos cómo ni en qué forma viviremos ese abandono.
El desapego nos lleva al borde de la indiferencia, al borde del nihilismo, en
la frontera del cinismo, del desánimo y del sinsentido... ¡todo
está tan cerca!
Somos. Ya no nos interesa saber quiénes somos ni qué somos; sabemos
que somos. Y sabemos que hay uno solo, del cual soy forma.
Atrás quedaron las estructuras religiosas, las figuras, las plegarias...
Permanezco y el Ser se revela.
Para los demás todo esto es imaginación, paranoia, obsesión...
¿importa?
Me causan gracia “mis proyectos”, “mis misiones”, “mi
futuro”, “mis avances”, “mis revelaciones”, me
río de mis responsabilidades, y por momentos me provoca agobio todo este
circo de penitentes, pecadores, arrepentidos, piadosos, “ayudadores profesionales”,
paternalismos y apoyos.
Lo cierto es que estoy solo y ni siquiera sé nada más que eso;
apenas que es una soledad compartida con alguien que es más yo que yo
mismo.
Dejarse llevar por la vida como un tronco en un río, sin ofrecer resistencias,
sin preguntar, sin proyectar, sin sentido, sin acumulación, en suma,
sin nada que haga interesante la vida.
Pienso en alguna adicción que no se va y que ya incorporo como parte
de mí: lo no deseado.
“Quien pierde su vida la salvará y quien desea salvarla la perderá”.
¿A qué vida se refiere? No sé si querer vivir es pretender
salvar lo insalvable, no sé si dar la vida es no querer vivir. Y lo que
es más aún no me preocupa no saber, no me preocupa estar aquí.
No me interesa avanzar o retroceder. ¿Eso es abandonarse en el Ser?
Si Dios no abandona ¿puedo resucitar? ¿Cómo soy consciente
de ser?
“Cuando los gansos vuelan sobre el agua, y se reflejan
en el agua, los gansos no intentan proyectar su reflejo y el agua no tiene intención
de retener su imagen”.
Chuang Tzu
Marzo 2009
La importancia y la necesidad de decir “no sé”
Daría la impresión de que estamos hechos
para saber. Nos resulta denigrante o por lo menos descalificante decir “eso
no lo sé”. El pretendido saber está relacionado con la capacidad
de criticar al otro, actividad que tantas satisfacciones nos da.
Hay cosas que nos interesan, y cosas que no atraen nuestro interés. Hay
cosas que dan la impresión que sabemos desde siempre y otras nos causan
la impresión de que nunca las sabremos. Sin embargo a la hora de la pregunta
nos cuesta decir “esto no lo sé”.
Pretender saber y en realidad no saber, nos lleva a emitir juicios cerrados,
inevitablemente decepcionantes. Al decir que sabemos lo que no sabemos, pretendemos
ser más de lo que creemos ser; nos parece que ganáramos el respeto
o la admiración del otro, que en definitiva de eso se trata, de compararnos
y de salir airosos.
Al decir todos que sabemos, cuando en realidad no sabemos, creamos una cadena
de decepción, y terminamos diciendo la frase consabida que confirma nuestra
estrechez mental: “cuando ustedes van, yo ya vuelvo”; frase confirmatoria,
si las hay, de una ignorancia mayúscula.
Si no aceptar nuestra falta de conocimiento en la superficie, (que es sólo
proyección), es perjudicial ¿qué dañino será
pretender ser conocedor en el campo espiritual?
Proliferan los gurúes, los iluminados, y los portadores de mensajes que,
supuestamente nos harán alcanzar la luz; se publicitan las iluminaciones
realizadas en un fin de semana, las maestrías espirituales obtenidas
en cursos de un mes (o por correspondencia). Los maestros pululan, por radio,
por televisión, y en seguida escriben un libro, donde garantizan, que
quien lo compre, por ese sólo hecho ingresará seguro en el mundo
espiritual. Y lo triste es que mucha gente compra.
Pocos maestros dicen “no sé”. No son precisamente los publicitados,
los que lucran y crean sociedades comerciales; son los maestros anónimos,
que avanzan con lo cotidiano, sabiendo que no saben.
Lo único que tenemos que saber es que si no morimos místicamente al yo, no podremos resucitar; lo demás es papel de relleno.
Abril 2009
¿Hasta cuando vamos a ser pescadores de peces?
Si seguimos pensando igual nunca vamos a evolucionar.
Que nuestra evolución no sea decir que la democracia es lo mejor o refugiarnos
en dogmas, o defender un modelo de familia de hace cincuenta años atrás.
Que nuestra evolución no sea “juntarnos antes de casarnos”,
o “casarnos cuando tengamos hijos”; que nuestra evolución
no sea tener un teléfono personal cada vez más sofisticado, que
nuestra evolución no sea poder detectar quién me llama para ejercer
el poder de no atenderlo. Que nuestra evolución no sea vivir endeudados,
ni comprar espejitos de colores; que nuestra evolución no sea pensar
que se vive solamente en las vacaciones, o en el desenfreno de cualquier adicción
programada. La única evolución real y posible pasa por “descubrirnos”,
pasa por no buscar afuera; por descubrir en mi interior lo que critico en lo
externo. Si yo cambio, el mundo cambia y no hay otro modo de hacerlo.
Si sigo pensando igual nunca voy a evolucionar. ¿Hasta cuándo
vamos a ser pescadores de peces?
El que lucha buscando una mejoría en lo social, en lo político,
en lo educacional, en lo económico, en lo religioso, está equivocado,
y está realizando una lucha estéril; luchar en la superficie es
querer modificar una película borrando en la pantalla. El que emite es
cada uno de nosotros y yo sólo puedo modificarme a mí mismo. “¿Quieres
ayudar a tu hermano a quitarse la paja de su ojo? - ¡Hipócrita,
quita primero la viga de tu ojo!”
La transformación del mundo empieza por mi transformación. Que
nuestra evolución no sea enviar naves a la luna.
Una de las leyes universales más evidentes es la que surge del Evangelio:
“Busquen el Reino (en su interior) y todo lo demás vendrá
por añadidura.
El político, el revolucionario, el luchador, aún los puros y honestos,
malgastan sus energías, porque la lucha es interior, la “guerra
santa” es la interior, la madre de todas las batallas es salir del dominio
del Ego (de la separatividad). Todo lo demás es añadidura.
Cualquier forma de gobierno es buena, porque el gobierno no existe, existen
los hombres que forman el gobierno; si los hombres son buenos, cualquier forma
de gobierno es buena. Cualquier sistema educativo es bueno, porque los sistemas
no existen: existen hombres que enseñan y hombres que aprenden; y si
los hombres son buenos. La bondad del hombre se juzga por la consciencia que
tenga de sí mismo. La consciencia aparece cuando el hombre trasciende
los opuestos.
El político, el revolucionario, el líder, el innovador de cualquier
rama de lo humano, para ser efectivo, debe de bajar del Monte de la Transfiguración.
Si no perdió su forma, si no salió de la separatividad, si no
volvió a lo Uno, si no trascendió la superficie, ¿a dónde
nos va a guiar? Si no puede con él mismo, si está sujeto a los
criterios de posesi-vidad y es un juguete de su programación, ¿a
quién va a guiar?
“Concretamente, si no encuentro la corrupción que hay en mí,
no voy a poder luchar contra la corrupción de los demás”.
Esta frase es engañosa, porque yo solamente tengo poder sobre mí
mismo. Sólo yo puedo ser consciente de mí.
La historia del mundo ratifica todo esto. Nunca nadie pudo hacer evolucionar
a nadie por decreto, bajo amenazas o a través de dogmas siempre obsoletos.
La única forma de evolución es ser consciente de que soy; y para
esto ya conocemos el camino. Transitarlo es ir del “Soy yo” al “Yo
soy”.
Junio 2009
La esperanza que no fue (¿estamos dispuestos a vivir?)
Empezamos a ver “el fin” en todas partes;
el fin del día, los atardeceres. El fin del año. El fin de cualquier
ciclo se nos hace evidente. Esto se da cuando vemos el fin nuestro. Algo que
teníamos y que ya no está. El fin se nos presenta como algo inevitable;
algo inexorable que no nos permite ninguna defensa, ningún cambio, ninguna
prevención...
El fin está, y no es la muerte; curiosamente no es la muerte.
Nos quedamos sin esperanza. El Ser nos arrebata la esperanza. Vivimos y somos
conscientes de ello, tiempos finales. Podemos olerlos, intuirlos, tocarlos,
hasta moldearlos con nuestras manos interiores.
Lo que no fue no será, y lo que es, es.
La oscuridad reina, los laberintos que antes se multiplicaban, se hacen ahora
caminos rectos y cortos. El Ser nos deja sin posibilidades. Va destrozando nuestros
proyectos, prolijamente, artesanalmente, pero sin saña. ¿Dónde
quedó la voluntad? ¿Dónde está la Gracia? ¿Con
qué elementos vamos a reconstruir lo que no va a ser destruido?
El fin se acerca y estamos en él. Somos el fin. Y ya no nos importa.
Somos la aniquilación de una identidad que nunca existió; temíamos
este día y siempre fue nuestra pesadilla: dejar de ser.
Hemos construido y hemos destruido sin material y sin obreros. Hemos luchado
largas batallas contra enemigos muy poderosos que nunca existieron.
Hemos ganado derrotas y hemos perdido victorias, y ahora al llegar el fin somos
conscientes de que no hubo principio.